Hace 42 años, el 25 de octubre de 1983, Estados Unidos lanzó la Operación 'Furia Urgente', una ofensiva militar que puso fin al gobierno revolucionario de Maurice Bishop en la isla caribeña de Granada.
Aquella intervención, que duró apenas una semana, no solo marcó un hito en la Guerra Fría, sino que dejó grabado un episodio sin precedentes: fue la primera y única vez que tropas cubanas combatieron directamente contra fuerzas estadounidenses.
De la independencia al golpe socialista
Granada había logrado su independencia del Reino Unido en 1974, gobernada por Eric Gairy, un político populista que mantuvo el poder con represión y corrupción.
El 13 de marzo de 1979, mientras Gairy se encontraba fuera del país, un grupo marxista-leninista liderado por Maurice Bishop tomó el poder mediante un golpe de Estado incruento.
Bishop instauró el People’s Revolutionary Government (PRG), alineado con Cuba y la Unión Soviética, adoptando un discurso abiertamente antiestadounidense.
Bajo su liderazgo, La Habana envió asesores, médicos, ingenieros y militares, además de armamento y apoyo logístico. Uno de los proyectos emblemáticos fue el aeropuerto internacional de Point Salines, construido con ayuda cubana, que Washington consideró un posible enclave militar soviético a 2,000 kilómetros de Florida.
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Durante cuatro años, Bishop intentó consolidar un modelo socialista en el Caribe, pero las tensiones internas lo llevaron a enfrentarse con su viceprimer ministro Bernard Coard, líder del ala más radical del PRG.
En octubre de 1983, Bishop fue derrocado, encarcelado y finalmente ejecutado, junto con varios de sus ministros. El caos político y la presencia de cientos de cubanos en la isla fueron el detonante que necesitaba Ronald Reagan.
La invasión de Granada y el fin de la “nueva Cuba”
El 25 de octubre de 1983, más de 7,000 soldados estadounidenses desembarcaron en Granada con apoyo de fuerzas caribeñas aliadas. En pocos días, el ejército local fue derrotado y la resistencia cubana quedó aislada.
Washington justificó la invasión como una operación de rescate de ciudadanos estadounidenses y de “restauración del orden democrático”.
En realidad, fue un mensaje geopolítico directo a Fidel Castro y Moscú: el Caribe seguía siendo el “patio trasero” de Estados Unidos.
Aunque Reagan proclamó la victoria como un triunfo sobre el comunismo, la ONU, el Reino Unido y Canadá condenaron la invasión, considerándola una violación del derecho internacional.
Fidel Castro: Órdenes de morir, no de rendirse
En la isla caribeña se encontraban más de 700 cubanos, entre obreros, técnicos y militares, la mayoría implicados en la construcción del aeropuerto.
Cuando comenzó la invasión, Castro reaccionó con furia. Desde La Habana emitió un mensaje por Radio Habana Cuba con una orden tajante: “¡Resistir hasta el último hombre, sin rendirse, sin retroceder!”.
Era una orden de inmolación.
Sin apoyo aéreo ni superioridad numérica, los cubanos combatieron durante horas en Point Salines y en el cuartel de Calivigny.
El enfrentamiento fue breve, desigual y sangriento: murieron 25 cubanos, más de 50 resultaron heridos y unos 600 fueron capturados.
El coronel Tortoló: Del héroe al castigo
Al frente de la defensa cubana se encontraba el coronel Pedro Tortoló Comas, agregado militar en Granada. Tras la derrota, Tortoló ordenó la rendición para evitar más muertes.
Al regresar a Cuba fue recibido como héroe, pero en cuestión de días Castro lo acusó de traición por no haberse inmolado.
Tortoló fue expulsado del Partido Comunista y enviado a trabajos agrícolas, convirtiéndose en el chivo expiatorio de una derrota que La Habana transformó en epopeya.
El episodio reveló la naturaleza del régimen: la lealtad se medía en sacrificio, no en resultados.
La manipulación informativa del régimen cubano
Mientras el mundo conocía los detalles de la invasión, en Cuba se impuso una narrativa propagandística.
Los medios oficiales afirmaron que las tropas cubanas habían resistido heroicamente, infligido grandes pérdidas a EE. UU. y “cumplido su deber internacionalista”.
Ninguna cifra real se divulgó. Las familias de los caídos fueron obligadas a aceptar versiones oficiales ambiguas y funerales controlados.
Durante semanas, los noticieros cubanos repitieron imágenes de jóvenes sonrientes en uniformes de campaña, presentados como símbolos del “honor revolucionario”.
Pero puertas adentro, las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) vivieron una de sus peores humillaciones históricas.
De Granada a Panamá y de Noriega a Maduro
Seis años después, en 1989, otro despliegue estadounidense volvería a sacudir la región.
La 'Operación Causa Justa', ordenada por George H. W. Bush, derrocó al general Manuel Antonio Noriega en Panamá, acusado de narcotráfico.
La invasión movilizó 27,000 soldados y consolidó la idea de que Washington estaba dispuesto a intervenir militarmente en su esfera de influencia.
Cuatro décadas más tarde, el despliegue naval estadounidense frente a Venezuela, bajo el mando del presidente Donald Trump, revive aquellos fantasmas.
Con miles de marines, destructores y portaaviones apostados en el Caribe, Washington asegura que combate el narcotráfico, pero analistas ven un mensaje político: Maduro podría ser el próximo Noriega, y La Habana, otra vez, el hilo conductor de la crisis.
El eco de Granada
La invasión de Granada fue breve, pero su significado perdura.
Fue la única batalla directa entre Cuba y Estados Unidos, el fracaso más visible del aventurerismo militar de Fidel Castro y el principio del fin del sueño revolucionario de exportar su modelo al Caribe.
Cuarenta y dos años después, mientras los destructores estadounidenses patrullan frente a las costas venezolanas, la historia parece repetirse:
Cuba sigue en el tablero, y el Caribe, una vez más, vuelve a ser el escenario donde chocan las grandes potencias.
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