En Santiago vuelvo a experimentar el dolor, el abandono y la miseria

"Gobiernos ausentes, promesas huecas, peritajes que nunca llegan, ayudas que se evaporan como si el viento también se las llevara. Sabemos que nadie vendrá".

Mujer que perdió su casa tras el huracán Melissa © Facebook / Yankiel Fernández
Mujer que perdió su casa tras el huracán Melissa Foto © Facebook / Yankiel Fernández

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Santiago de Cuba vuelve a ser el escenario de una tragedia que se repite con cada ciclón: destrucción, abandono institucional y un pueblo que sobrevive únicamente gracias a la solidaridad entre ciudadanos.

Tras el paso del huracán Melissa, la provincia quedó sumida en un paisaje que no solo revela el impacto del viento y las lluvias, sino la profundidad de una crisis estructural que deja a la población completamente indefensa.

El testimonio publicado por el activista Yankiel Fernández en Facebook resume con crudeza lo que miles viven en silencio.

"En Santiago vuelvo a experimentar el dolor, el sufrimiento, el abandono, la miseria. Lo que Melissa no arrasó con viento, lo liquidó el abandono", escribió.

Su descripción de las pérdidas es abrumadora: Melissa se llevó techos, desgarró cables del tendido eléctrico, arrancó ventanas, levantó puertas, se tragó colchones (...), refrigeradores muertos por décadas de apagones.

"Lo más precioso, la vida, quedó en pie, pero el resto quedó convertido en escombro, agua sucia y lodo", dijo.


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Sin embargo, lo que más duele, precisó, no es la madera mojada ni las pertenencias perdidas, sino la podredumbre moral que brota en un momento en que el país atraviesa una crisis general, una epidemia y una escasez horrible.

Captura de Facebook / Yankiel Fernández 

Fue así que Yankiel lamentó mucho ver a residentes revendiendo pan, velas y agua, lucrándose del dolor ajeno fuera una mina de oro.

"Miseria humana encima de la miseria material", subrayó.

Y aun cuando la vida fue preservada, el pueblo ahora tiene que lidiar con la certeza de que la respuesta institucional será tan lenta e inefectiva como siempre, un ciclo que se repite cada vez que pasa un ciclón en "un país que ya venía roto de fábrica".

"Sabemos de memoria la próxima escena: meses sin luz, sin agua, sin alimentos, sin respuesta. Gobiernos ausentes, promesas huecas, peritajes que nunca llegan, ayudas que se evaporan como si el viento también se las llevara", denunció.

"Sabemos que nadie vendrá. Ese conocimiento, no el huracán, es lo verdaderamente insoportable", recalcó.

Un territorio inundado y una población sin medios

Las lluvias torrenciales provocaron inundaciones masivas, crecidas de ríos, caminos destruidos y comunidades enteras aisladas.

Miles de familias perdieron techos, paredes, muebles, ropa, alimentos y cualquier herramienta mínima para recomenzar. En un país donde los salarios oficiales no alcanzan ni para lo básico, reponer lo perdido es una quimera.

Los daños materiales en Santiago de Cuba son abrumadores: más de 95 mil viviendas afectadas. No son solo casas destruidas: son hogares que no pudieron recuperarse del ciclón anterior, y que ahora retroceden aún más.

Pese a declaraciones oficiales en las que el primer ministro Manuel Marrero Cruz aseguró que "nadie quedará desamparado", la experiencia de los afectados muestra otra realidad: promesas que se diluyen y una ayuda oficial que se anuncia con triunfalismo pero que no aparece en el terreno.

La solidaridad real: la del pueblo

Mientras las instituciones acumulan retrasos, silencios o excusas, la verdadera respuesta ha surgido desde abajo. Las redes de apoyo independientes se movilizaron mucho antes que cualquier estructura estatal.

Cáritas Santiago de Cuba activó de inmediato su red parroquial, entregando más de 4,400 raciones de alimentos, detergente y jabón a familias damnificadas.

El joyero avileño Mijaíl García recorrió cientos de kilómetros para entregar televisores, ropa y artículos de aseo a comunidades de Guamá devastadas por Melissa.

Y ciudadanos de todo el país se organizaron mediante redes sociales para enviar donaciones, recoger materiales, apoyar a ancianos solos y ayudar a quienes ni siquiera han podido contar los daños porque siguen entre escombros y fango.

Son estos gestos -no las declaraciones oficiales- los que mantienen en pie a las comunidades. Gente común recorriendo caminos imposibles, levantando paredes provisionales, repartiendo comida sin cámaras ni discursos.

Un país que el viento solo termina de desnudar

Cada ciclón revela la misma herida: una pobreza que se ha vuelto crónica y que no proviene de la meteorología, sino de décadas de desgaste.

Las familias cubanas enfrentan huracanes sin recursos, sin ahorros, sin acceso real a materiales de construcción y, sobre todo, sin la garantía de que habrá apoyo institucional.

Mientras la televisión estatal repite slogans sobre recuperación y unidad, la realidad en los barrios es diametralmente opuesta: madres llorando frente a casas que se deshicieron como papel, ancianos sin fuerza para comenzar otra vez, niños cuya infancia se construye entre apagones, escasez y ruinas.

Y lo más duro, como escribió Yankiel, es la conciencia compartida entre todos: "Sabemos que nadie vendrá. Ese conocimiento, no el huracán, es lo verdaderamente insoportable".

Un país sostenido por la solidaridad ciudadana

La labor de iniciativas independientes como "Aliento de Vida", el proyecto solidario dirigido por Yankiel Fernández, confirma que la supervivencia cotidiana en Cuba depende más del apoyo ciudadano que de las instituciones. Durante casi una década ha enviado alimentos, ropa, aseo y artículos fundamentales a familias en extrema vulnerabilidad.

El año pasado llevaron a Guantánamo más de 540 libras de donaciones para los damnificados del huracán Oscar.

Y ahora, en medio de la desolación que dejó Melissa, Fernández vuelve a ser testigo de un país que se sostiene únicamente por la voluntad de su gente.

Su mensaje, cargado de dolor pero también de dignidad, concluye con una advertencia que no necesita metáforas: la destrucción no es solo obra del ciclón, sino de un sistema que ha dejado a su pueblo sin herramientas, sin protección y sin esperanza institucional.

Preguntas frecuentes sobre el impacto del huracán Melissa en Santiago de Cuba

¿Cuál fue el impacto del huracán Melissa en Santiago de Cuba?

El huracán Melissa causó una devastación considerable en Santiago de Cuba, dejando más de 95 mil viviendas afectadas, con techos arrancados, inundaciones y comunidades aisladas. La falta de respuesta institucional ha agravado la situación, dejando a muchas familias sin recursos básicos como agua, electricidad y alimentos.

¿Cómo ha respondido el gobierno de Cuba ante la crisis provocada por el huracán Melissa?

La respuesta del gobierno ha sido percibida como insuficiente e ineficaz. Las promesas oficiales de ayuda no se han materializado en el terreno, y muchas comunidades permanecen sin asistencia. La población ha dependido principalmente de la solidaridad ciudadana para enfrentar la crisis.

¿Qué papel ha jugado la solidaridad ciudadana tras el paso del huracán Melissa?

La solidaridad ciudadana ha sido crucial para la supervivencia de muchas comunidades afectadas, con redes de apoyo independientes que han proporcionado alimentos, ropa y otros artículos de primera necesidad mucho antes que cualquier ayuda institucional. Iniciativas como Cáritas y esfuerzos individuales han sido fundamentales en la respuesta a la crisis.

¿Por qué el huracán Melissa ha desnudado problemas estructurales en Cuba?

El huracán Melissa ha puesto de manifiesto la crónica pobreza y el abandono institucional que sufre Cuba, problemas que no son nuevos pero que se agudizan con cada evento meteorológico. La falta de recursos, infraestructura y una respuesta gubernamental efectiva destacan en este escenario, dejando a la población sin protección ni esperanza.

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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.




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