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Una madre cubana, acostada junto a su hijo menor mientras ambos sufren escalofríos y temblores, relató en un video publicado en Facebook su dramática experiencia tras contagiarse con lo que ella describe como el "virus".
La mujer mostró el cuerpo de su hijo temblando sin parar y aseguró que ninguno de los dos puede levantarse de la cama por el dolor.
"Me duele desde la punta del dedo gordo del pie hasta la cabeza. Esto da unos dolores con escalofríos, con temblores", expresó, entre la impotencia y la preocupación.
Sin claridad sobre qué enfermedad padece, la madre detalló síntomas como hinchazón en manos y pies, temblores intensos y una incapacidad total para moverse.
Afirma que no ha presentado fiebre y descartó que se trate de un contagio por mosquitos, ya que ninguno de los dos ha sido picado.
"Esto se tiene que pegar de persona a persona… Tiene un proceso de incubación", comentó.
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El momento de mayor frustración en su testimonio llegó cuando reflexiona sobre la falta de medicamentos en Cuba.
"Suerte que tenemos medicamentos, pero ¿y el que no tiene ninguna pastilla?", dijo, consciente de que su alivio temporal depende de algo que millones de cubanos ya no pueden conseguir: un simple analgésico.
La angustia que transmitió en ese instante grafica la situación de un país donde enfermarse es casi una condena.
Una epidemia que el gobierno ya no puede ocultar
El testimonio de esta madre ocurre mientras Cuba enfrenta una epidemia activa de chikungunya y dengue, una crisis que afecta prácticamente a todo el país y que ya ha obligado a las autoridades a admitir que no tienen control sobre la situación.
Más de un centenar de personas permanecen en terapia intensiva con complicaciones relacionadas con estas enfermedades, la mayoría menores de edad. Entre ellos hay bebés, aunque el Ministerio de Salud ni siquiera es capaz de precisar sus edades.
Pese a la gravedad, la viceministra de Salud Pública, Carilda Peña García, reconoció que el gobierno no dispone de cifras exactas sobre cuántos enfermos hay.
Los diagnósticos se están realizando de manera clínica, porque las pruebas PCR se reservan solo para "casos seleccionados". El país no sabe con exactitud cuántas personas están contagiadas, ni qué tan grande es el brote.
Lo que sí está claro es que el número de personas con síntomas febriles aumenta, que el virus se expande, y que Cuba no tiene cómo detenerlo.
Sin fumigación, sin personal, con hospitales colapsados
La propia viceministra también admitió que el Estado ya no puede fumigar como antes porque no tiene combustible suficiente, los insecticidas son escasos y las máquinas están prácticamente destruidas.
Hay provincias donde no se cumple ni siquiera la mínima cobertura de control vectorial por falta de fuerza laboral. Las autoridades reconocen que "si no se mata al mosquito será muy difícil controlar la epidemia", pero al mismo tiempo anuncian que no pueden hacerlo.
La consecuencia es un país donde los hospitales reciben miles de casos febriles, pero carecen de insumos básicos, mientras decenas de niños graves son atendidos en salas deterioradas y saturadas.
El riesgo de morir por una enfermedad que debería ser tratable se vuelve real en un sistema de salud que ya no garantiza medicinas, no tiene capacidad diagnóstica ni cuenta con recursos para prevenir el contagio.
Mientras tanto, el gobierno sigue apelando a la responsabilidad individual.
Su mensaje a la población es que debe tapar depósitos y eliminar criaderos. Pero el mosquito avanza más rápido que cualquier cubano con un cubo de agua sin cloro y sin medicamentos para bajar una fiebre.
Una ciudadanía enferma y a la deriva
El video de la madre y su hijo encamados no es solo el reflejo de dos enfermos. Es la imagen de un país entero: inmovilizado por la enfermedad, temblando por el dolor y rogando por medicamentos básicos que ya no están al alcance de la mayoría.
Su pregunta -"¿y el que no tiene ninguna pastilla?"- resume la desigualdad, el abandono y la desesperanza que hoy marcan la vida de millones de cubanos.
Porque mientras los virus se expanden sin control, el Estado admite que no puede combatirlos. Y en esa confesión, lo que queda al descubierto no es solo la epidemia, sino un sistema sanitario que se derrumba sin que nadie lo sostenga.
En Cuba, enfermarse ya no es un riesgo: es una ruleta rusa.
Preguntas frecuentes sobre la crisis sanitaria en Cuba
¿Cuál es la situación actual de la epidemia de chikungunya y dengue en Cuba?
Cuba enfrenta una epidemia activa de chikungunya y dengue, con miles de personas afectadas y un sistema de salud colapsado. La falta de recursos, como medicamentos y personal médico, agrava la situación, y el gobierno no tiene control sobre el brote.
¿Cómo está afectando la escasez de medicamentos a los cubanos durante esta crisis?
La escasez de medicamentos en Cuba ha llevado a una situación desesperante, donde muchos cubanos no pueden acceder a los analgésicos básicos necesarios para aliviar los síntomas de enfermedades como el chikungunya y el dengue. Esto ha exacerbado la angustia de las familias afectadas, especialmente aquellas con niños enfermos.
¿Qué medidas está tomando el gobierno cubano para controlar la epidemia?
El gobierno cubano ha admitido su incapacidad para controlar la epidemia debido a la falta de recursos como combustible, insecticidas y personal médico. Las fumigaciones se han reducido significativamente, y el gobierno ha pedido a la población que tome medidas individuales, como eliminar criaderos de mosquitos, para intentar controlar la situación.
¿Qué impacto tiene la epidemia en los hospitales cubanos?
Los hospitales en Cuba están desbordados debido al aumento de casos de chikungunya y dengue. Las instalaciones carecen de insumos básicos y personal suficiente para atender a la gran cantidad de pacientes, lo que ha llevado a situaciones críticas, especialmente en los centros pediátricos.
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