La tasa de elToque no es perfecta, pero ¿dónde está la alternativa?



La pregunta no es si la tasa es perfecta. La pregunta es cuál es la alternativa real que el Estado ofrece. Y hasta hoy, la respuesta sigue siendo ninguna.

Un cubano se pregunta cual es la tasa de cambio © CiberCuba / Gemini
Un cubano se pregunta cual es la tasa de cambio Foto © CiberCuba / Gemini

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El reciente intercambio entre el medio independiente elTOQUE y Carlos Miguel Pérez Reyes, presidente de la Mipyme Dofleini y diputado a la Asamblea Nacional, reavivó un debate central en la economía cubana: quién determina realmente el valor del dólar en un país donde el Estado no ha logrado sostener un mercado cambiario oficial funcional.

si la tasa de elTOQUE es tan imperfecta como afirma el diputado, ¿por qué no existe una alternativa mejor?

El diputado acusó a elTOQUE de manipular su tasa de referencia mediante una metodología que calificó de “no razonable”, basada en intenciones de compra y venta extraídas de redes sociales, sesgos del lado de los oferentes y cálculos que, según él, cualquier estudiante de primer año de ingeniería podría mejorar. ElTOQUE respondió desmontando errores conceptuales en esas críticas, particularmente en lo referente a la mediana estadística, y defendiendo la legitimidad de su modelo. Sin embargo, centrarse en ese intercambio técnico oculta la verdadera pregunta que define este debate: si la tasa de elTOQUE es tan imperfecta como afirma el diputado, ¿por qué no existe una alternativa mejor?

La respuesta es simple y a la vez devastadora: el Estado cubano no ofrece una alternativa creíble. Y por eso, en ausencia de un mercado oficial que funcione, la tasa de elTOQUE se ha convertido en la referencia de facto para miles de cubanos, cuentapropistas, importadores privados, negocios y familias. No porque sea perfecta, sino porque es la única brújula disponible en un país donde la tasa oficial no se cumple, no refleja la realidad y no está respaldada por una oferta real de dólares. Ese vacío es político y económico, no matemático.

Por supuesto, la tasa de elTOQUE tiene limitaciones que no deben ignorarse. Su metodología se basa en anuncios públicos y mensajes en redes, lo que significa que mide intenciones declaradas, no transacciones efectivas. En determinados momentos, algunos de estos anuncios provienen de personas interesadas en vender divisas al precio más alto posible, lo que introduce un sesgo evidente del lado de los oferentes. El acceso a los datos depende del alcance de bots que operan en plataformas específicas, como Facebook, Telegram y Revolico, lo cual no necesariamente captura toda la actividad del mercado.

Estos son defectos reales, y reconocerlos es parte de la honestidad analítica. Pero incluso con esas limitaciones, la tasa de elTOQUE cumple una función imprescindible porque el Estado ha renunciado, en la práctica, a ofrecer un sistema cambiario confiable, transparente y operativo.


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En su respuesta, el diputado presentó una visión más elaborada de lo que, en su opinión, debería ser un mercado cambiario serio: plataformas fintech, subastas electrónicas, billeteras digitales, estadísticas auditables y operaciones basadas en transacciones reales. Sobre el papel, es un programa moderno, sofisticado y perfectamente alineado con las tendencias globales.

El problema real de Cuba:

El problema es que ese modelo es imposible de implementar en la Cuba actual porque el Estado no cuenta con los recursos necesarios para sostenerlo. Para que un mercado cambiario oficial funcione se requiere algo fundamental: dólares reales. Se necesitan dólares para vender, dólares para intervenir si la tasa se dispara, dólares para mantener la convertibilidad y dólares para que los ciudadanos puedan cambiar CUP por divisas sin incertidumbre. El Estado cubano no tiene esos recursos y no tiene capacidad para generarlos en el corto plazo. Por eso, cualquier tasa oficial que se anuncia sin respaldo termina convertida en una ficción contable.

Además de la falta de reservas, el Estado enfrenta otro obstáculo decisivo: ya no controla las divisas que entran al país. Durante mucho tiempo las remesas fueron su principal fuente de dólares frescos, pero hoy menos del 10 % de esas remesas pasan por canales oficiales, según cifras reconocidas por el propio gobierno. El resto fluye hacia operadores alternativos, redes informales y plataformas que funcionan al margen del sistema estatal. Para un gobierno que necesita dólares para sostener su moneda, perder el control de esas entradas es equivalente a perder la palanca central de la política cambiaria. Ningún mercado oficial puede funcionar si el Estado es incapaz de capturar las divisas que circulan dentro de sus fronteras.

El problema, sin embargo, no es solo de reservas: es de confianza.

El problema, sin embargo, no es solo de reservas: es de confianza. La población cubana no confía en las instituciones financieras del Estado, y esa desconfianza ha sido construida durante décadas de congelamientos de cuentas, restricciones abruptas, cambios de reglas sin aviso, topes arbitrarios, controles excesivos y bloqueos de transferencias. En un giro irónico pero extremadamente revelador, muchos ciudadanos consideran que el mercado informal es más predecible y estable que el oficial. Una economía cambia con decretos, pero la confianza no. Y mientras el Estado siga sin credibilidad, ningún sistema cambiario centralizado funcionará.

A estas limitaciones se añade el hecho de que la economía cubana no produce suficientes divisas para alimentar un mercado cambiario sostenible. Las exportaciones son insuficientes, el turismo continúa deprimido, la inversión extranjera es mínima y la producción nacional está en niveles históricamente bajos. Sin un flujo constante de dólares provenientes de sectores productivos, cualquier intento de estabilizar la moneda será efímero.

La política monetaria del país también contribuye al deterioro del sistema: el Estado financia su déficit imprimiendo más CUP sin respaldo, lo cual devalúa la moneda aún más y hace imposible mantener cualquier tasa estable. A esto se suma la fragmentación caótica del sistema económico oficial cubano: CUC, MLC, tarjetas de divisas, tiendas especiales, GAESA, que operan con lógicas extractivas y multiplican las distorsiones. Ningún país puede estabilizar su moneda con semejante arquitectura.

Y como respuesta a este caos, el Estado ha optado repetidamente por perseguir cambistas, desmantelar redes informales y criminalizar operaciones. Pero esas medidas solo atacan los síntomas, no las causas. Las redes informales no existen porque sí; existen porque el Estado no puede abastecer la demanda real de divisas. Por cada operación policial que se anuncia, surgen tres nuevas redes al día siguiente. Esa dinámica es inevitable en un entorno donde el mercado informal es la única vía funcional para acceder a divisas.

Pero existe una solución que solo requiere voluntad política... como casi todo en Cuba:

La solución, por tanto, no está en suplantar el mercado informal ni en absorberlo dentro de estructuras estatales que no funcionan. La solución inteligente y moderna es reconocer su existencia y legalizarlo. El mercado informal de divisas en Cuba funciona, en la práctica, como un sector financiero paralelo que opera con eficiencia, rapidez y adaptabilidad mucho mayores que las del sistema oficial. Legalizarlo no significa entregarle el poder económico a redes clandestinas, sino otorgarles licencias, permitirles operar como empresas financieras, abrir cuentas bancarias, declarar operaciones y someterse a regulaciones transparentes.

El Estado tiene suficientes especialistas, encuestadores, economistas y estadísticos para monitorear transacciones reales y generar datos fiables sin recurrir a operativos policiales. No se trata de absorber el mercado informal ni de reemplazarlo por una versión estatal; se trata de integrarlo como lo que ya es: el espacio donde se forma el valor real de la divisa en Cuba.

El gobierno cubano tiene que renunciar a la ilusión, económicamente insostenible, de que puede regular el mercado de divisas.

El verdadero problema no es que el Estado no controle el mercado informal; es que insiste en la ficción de que todavía podría controlarlo. Mientras siga atacando los síntomas: plataformas, cambistas, redes, operadores, en lugar de enfrentar las causas estructurales: falta de reservas, falta de confianza, falta de producción, falta de disciplina monetaria, el dólar seguirá subiendo y seguirá escapando hacia los mecanismos donde la economía cubana respira de verdad.

La pregunta, entonces, no es si la tasa de elTOQUE es perfecta. La pregunta es cuál es la alternativa real que el Estado ofrece. Y hasta hoy, la respuesta sigue siendo ninguna. En un país sin un mercado legal funcional, sin una tasa creíble, sin reservas y sin confianza, el mercado informal seguirá siendo la única referencia posible. Y demonizarlo no lo desaparecerá; solo demostrará, una vez más, la incapacidad del Estado para gobernar la economía que dice controlar.

Preguntas frecuentes sobre la economía cubana y la tasa de El Toque

¿Por qué es relevante la tasa de El Toque en Cuba?

La tasa de El Toque se ha convertido en la referencia de facto para miles de cubanos debido a la ausencia de un mercado cambiario oficial funcional. A pesar de sus limitaciones, es la única brújula disponible que refleja el valor real de las divisas en la economía cubana.

¿Cuáles son las críticas del gobierno cubano hacia El Toque?

El gobierno cubano acusa a El Toque de manipular la economía y de contribuir a la crisis financiera del país, señalando que su Tasa Representativa del Mercado Informal exacerba la inflación y la desigualdad. Sin embargo, El Toque defiende que su tasa simplemente refleja lo que ya sucede en el mercado informal, siendo una herramienta informativa ante la opacidad del sistema estatal.

¿Qué impide al Estado cubano establecer un mercado cambiario oficial?

El Estado cubano carece de las reservas de divisas necesarias para sostener un mercado cambiario oficial y confiable. Además, la falta de confianza en las instituciones financieras del Estado y la incapacidad para controlar las divisas que entran al país impiden la implementación de un sistema funcional.

¿Cuál es la solución propuesta para el mercado cambiario en Cuba?

La solución no está en suplantar el mercado informal, sino en reconocer su existencia, legalizarlo y regularlo adecuadamente. El mercado informal de divisas en Cuba opera con eficiencia y adaptabilidad, y su integración podría proporcionar estabilidad y transparencia al sistema económico cubano.

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Luis Flores

CEO y cofundador de CiberCuba.com. Cuando tengo tiempo escribo artículos de opinión sobre la realidad cubana vista desde la perspectiva de un emigrante.


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