Nicolás Maduro ha confirmado públicamente una conversación telefónica con el presidente estadounidense Donald Trump, en medio de una escalada militar en el Caribe, ataques contra presuntas embarcaciones narcotraficantes y una creciente crisis de conectividad aérea en Venezuela.
El líder venezolano calificó la llamada como “cordial” y realizada “en un tono de respeto”, lo que ha sido interpretado por analistas y medios internacionales como un posible primer paso hacia el restablecimiento de un canal diplomático entre ambos países, rotos desde 2019.
Durante una transmisión televisada desde Petare, uno de los barrios populares de Caracas, Maduro rompió su silencio sobre la conversación, ocurrida -según sus palabras- “hace unos diez días aproximadamente”, lo que ubicaría el diálogo en torno al 21-23 de noviembre.
“Hace unos diez días, aproximadamente, de la Casa Blanca, llamaron al Palacio de Miraflores. Tuve una conversación telefónica con el presidente Donald Trump”, afirmó.
El discurso de la “prudencia diplomática”
Maduro justificó el retraso en confirmar la llamada apelando a su experiencia como excanciller durante el gobierno de Hugo Chávez: “Aprendí la prudencia diplomática. Me gusta la prudencia, a mí no me gusta la diplomacia de micrófono. Cuando hay cosas importantes, en silencio tienen que ser hasta que se den”.
El gobernante venezolano insistió en la necesidad de reabrir un camino de entendimiento: “Si esa llamada significa que se están dando pasos hacia un diálogo respetuoso de Estado a Estado, de país a país, bienvenido el diálogo, bienvenida la diplomacia, porque siempre buscaremos la paz”.
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Una conversación en medio de la tormenta
El contacto telefónico tuvo lugar en uno de los momentos más tensos de la relación bilateral en años recientes.
En las últimas semanas, Estados Unidos ha intensificado su despliegue militar en el Caribe y el Pacífico oriental, realizando al menos 21 bombardeos contra embarcaciones presuntamente vinculadas al narcotráfico, según el Pentágono.
Estos ataques habrían causado la muerte de al menos 82 personas.
Además, la administración Trump ha emitido advertencias a las aerolíneas sobre el espacio aéreo venezolano, considerándolo “una situación potencialmente peligrosa”.
Como respuesta, Venezuela revocó las concesiones de operación a ocho aerolíneas internacionales, incluyendo a las españolas Iberia, Air Europa y Plus Ultra.
Mientras Trump insiste en que estas acciones “van mucho más allá” de una campaña de presión contra Maduro, el líder chavista denuncia un intento deliberado de derrocamiento y un atentado a la soberanía nacional.
“El camino del pueblo de Estados Unidos y el pueblo de Venezuela tiene que ser un camino de respeto, de diplomacia y de diálogo”, reiteró Maduro.
Rumores y filtraciones: ¿hubo más que una llamada?
Desde que se conoció el intercambio entre ambos mandatarios, se han multiplicado las filtraciones y especulaciones sobre los posibles términos planteados.
Según Reuters y otros medios estadounidenses, Maduro habría ofrecido su salida del poder bajo ciertas condiciones: una amnistía para él y su familia, levantamiento de sanciones contra altos funcionarios y el establecimiento de un gobierno interino liderado por su vicepresidenta, Delcy Rodríguez.
Sin embargo, estos informes no han sido confirmados por ninguno de los implicados.
En cambio, fuentes citadas por The New York Times y El País insisten en que la conversación fue “correcta” y podría interpretarse como un primer paso para un diálogo más amplio, aunque no derivó en ningún acuerdo concreto ni en planes inmediatos para un encuentro presencial.
La existencia del contacto había sido ya confirmada por Trump días antes.
“No quiero comentar al respecto. La respuesta es sí. No diría que salió bien o mal. Fue una llamada telefónica”, declaró escuetamente ante la prensa. El mandatario estadounidense volvió a referirse brevemente a la llamada el miércoles, asegurando que habló “sobre un par de asuntos” con Maduro, y añadió: “Vamos a ver qué pasa”.
Aunque ninguno de los dos líderes ha revelado detalles sobre el contenido de la conversación, la sola confirmación del contacto ha generado un aluvión de conjeturas sobre sus implicaciones.
Trump ha negado que haya existido una segunda conversación con Maduro, tal como se especulaba en algunos círculos. No obstante, observadores apuntan que, de haberla habido, ambas partes habrían acordado mantenerla en secreto.
Señales contradictorias en medio de la crisis
El contexto en que se produce este contacto es alarmante. Trump elevó en agosto la recompensa por la captura de Maduro a 50 millones de dólares, acusándolo formalmente de narcoterrorismo como líder del llamado “Cartel de los Soles”, una supuesta organización criminal incrustada en las estructuras militares y gubernamentales venezolanas.
Caracas, por su parte, ha acusado reiteradamente a Washington de buscar un “cambio de régimen”.
Mientras tanto, en la misma comparecencia en que habló de la llamada con Trump, Maduro confirmó la reanudación de vuelos con migrantes deportados desde Estados Unidos, señalando que uno de esos vuelos estaría aterrizando ese mismo miércoles en Maiquetía.
Esto indica que, más allá del enfrentamiento retórico y de las sanciones, ciertos canales operativos siguen abiertos entre ambos gobiernos.
¿Un punto de inflexión?
La conversación entre Maduro y Trump, por breve y escueta que haya sido, representa un impasse momentáneo en un escenario dominado por la tensión, la hostilidad y la desconfianza mutua.
Mientras la maquinaria militar estadounidense mantiene vuelos de reconocimiento cerca de Venezuela y se suceden los operativos antidroga, el chavismo evita referirse directamente a Trump con hostilidad, delegando ese rol en sus voceros más fieles.
Maduro parece optar por una retórica contenida, apelando a la diplomacia, incluso mientras se intensifican las acusaciones cruzadas.
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