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En medio de la escalada de tensión en el Caribe —con buques de guerra estadounidenses desplegados frente a las costas venezolanas, el cierre del espacio aéreo ordenado por Donald Trump y la amenaza de operaciones terrestres contra el régimen de Nicolás Maduro—, el gobierno cubano guarda un silencio absoluto sobre la situación de miles de sus cooperantes actualmente en territorio venezolano.
El activista Norges Rodríguez lo resumió en un tuit: “Despliegue militar significativo en el Caribe, ‘cierre’ de espacio aéreo, suspensión de vuelos, amenazas de incursión militar terrestre, Maduro y su clan declarados terroristas… y el régimen cubano no se pronuncia sobre los médicos cubanos que están ahora mismo en Venezuela”.
La preocupación es legítima. Según estimaciones oficiales de La Habana, hay entre 10,000 y 20,000 colaboradores cubanos activos en Venezuela, principalmente en misiones médicas, educativas y técnicas. Sin embargo, diversas fuentes independientes y diplomáticas elevan esa cifra hasta 25,000, incluyendo personal de asesoría militar, inteligencia y logística.
Presencia cubana: Opacidad y dependencia
A pesar de ser su principal aliado político y económico, Venezuela no publica datos oficiales sobre la presencia cubana en su territorio. Los convenios bilaterales firmados desde 2000 —durante el auge del chavismo— se mantienen bajo estricto secreto, sin control parlamentario ni auditorías.
La Habana, por su parte, exhibe las cifras como “ejemplo de solidaridad internacional”, pero evita referirse a los riesgos crecientes que enfrentan sus cooperantes ante el deterioro de la seguridad y el posible escenario de conflicto.
Organizaciones internacionales y analistas en defensa apuntan que entre 2,000 y 5,000 cubanos podrían estar integrados en tareas de inteligencia, control político y adiestramiento militar, sin que el régimen los reconozca oficialmente.
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Miedo en La Habana
El mutismo de las autoridades cubanas contrasta con la intensidad de los acontecimientos. Mientras el régimen de Maduro denuncia una “agresión imperialista”, Cuba se limita a emitir comunicados genéricos de solidaridad, sin mencionar la suerte de su personal destacado en el país.
La actitud de silencio en La Habana recuerda inevitablemente el precedente de Granada (1983), cuando Fidel Castro ordenó a los cooperantes cubanos resistir con las armas la invasión estadounidense. Desde entonces, el régimen ha insistido en que sus “colaboradores” son también “soldados internacionalistas”.
Sin embargo, en el contexto actual, un llamado a defender militarmente Venezuela sería insostenible: Cuba atraviesa su peor crisis interna en décadas y no podría asumir ni el costo político ni el humano de involucrarse en un conflicto abierto.
Pese a ello, fuentes diplomáticas y analistas coinciden en que La Habana podría estar preparando planes de evacuación ante un posible colapso del régimen chavista, especialmente para los cooperantes vinculados a tareas de inteligencia y control político.
El silencio podría responder a una mezcla de temor y cálculo político: admitir la magnitud de su presencia implicaría reconocer la dependencia del régimen chavista y la exposición directa de miles de cubanos en caso de un conflicto armado.
La Habana se refugia, una vez más, en el discurso histórico del heroísmo revolucionario, mientras sus “cooperantes” quedan atrapados entre la propaganda y el riesgo real de una guerra que no les pertenece.
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