Sobrino nieto de los Castro celebra donación de tres contenedores de sopa de fideo para damnificados de Melissa



La llegada de tres contenedores de sopa de fideo desde Vietnam resalta la dependencia de Cuba en donaciones, mientras la inversión extranjera sigue paralizada bajo la gestión de Óscar Pérez-Oliva Fraga.

Óscar Pérez-Oliva Fraga © Facebook / MINCEX
Óscar Pérez-Oliva Fraga Foto © Facebook / MINCEX

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En Cuba, las “buenas noticias” llegan en contenedores. Tres, para ser exactos. El ministerio del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera (MINCEX) anunció con solemnidad la llegada de una “valiosa donación” de sopas instantáneas de fideo, enviada desde Vietnam para asistir a los damnificados por el huracán Melissa.  

La publicación, firmada desde la cuenta oficial del ministerio, agradeció el gesto “profundamente solidario” de la empresa Thai Binh Investment & Trading y subrayó su “compromiso social” con el pueblo cubano.

Captura de pantalla Facebook / MINCEX

Liderando la labor del ministerio está Óscar Pérez-Oliva Fraga, sobrino-nieto de Fidel y Raúl Castro, un tecnócrata que lleva más de un año y medio al frente de una cartera donde la palabra inversión se pronuncia más que se materializa.  

En sus redes sociales, el MINCEX celebró la donación vietnamita de tres contenedores de sopa instantánea, valorada en 133.179,97 dólares, resumiendo, sin proponérselo, el estado real de la economía cubana: un país que depende de la caridad ajena para alimentarse y de la propaganda para sobrevivir políticamente. 

Mientras el ministerio que dirige el “heredero” de los Castro convierte en noticia de Estado la llegada de unos fideos, la inversión extranjera sigue en coma.  


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Los ambiciosos proyectos que el régimen anunciaba como “puertas al desarrollo” —desde la Zona Especial del Mariel hasta los llamados polos inversionistas— apenas respiran entre la falta de liquidez, la desconfianza y las sanciones internas del propio sistema. 

Ascendido a viceprimer ministro del gobierno a mediados de octubre pasado, y recién estrenado como diputado de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Pérez-Oliva heredó la titularidad del MINCEX tras la gestión de Ricardo Cabrisas, prometiendo “modernizar las condiciones para la inversión extranjera” y “reordenar la deuda externa” con aliados como China y Rusia.  

Pero, hasta ahora, los resultados son más diplomáticos que económicos: reuniones, protocolos y comunicados de intenciones. No existe constancia de ningún acuerdo concreto de reestructuración de deuda firmado o ratificado bajo su mandato. Ni Moscú ni Pekín han anunciado nuevos créditos, y la economía cubana sigue sin oxígeno. 

Eso sí, sobran gestos simbólicos. A falta de inversiones millonarias, llegan sopas instantáneas. Y donde antes se prometían megaproyectos, hoy se aplauden fideos de emergencia. El chiste se escribe solo: un país que hace décadas exportaba azúcar y langostas, hoy celebra la importación de sopas de sobre. 

El discurso oficial insiste en que la cooperación internacional “se fortalece” y que “las relaciones económicas con Vietnam son un ejemplo de solidaridad entre pueblos hermanos”.  

Pero detrás del lenguaje protocolar se esconde una verdad incómoda: Cuba no tiene nada que ofrecer a cambio, más allá de agradecimientos. La isla sigue acumulando deudas y promesas, mientras sus ministros —parientes o no de los Castro— posan sonrientes junto a cargamentos humanitarios. 

Durante su gestión, Pérez-Oliva ha participado en foros y encuentros con empresarios chinos, vietnamitas y barbadenses. Ha repetido el mantra de la “atracción de inversión extranjera”, ha defendido “nuevas medidas de flexibilización” y ha hablado de “oportunidades en sectores estratégicos”.  

Sin embargo, las cifras oficiales de inversión siguen en mínimos históricos, y los inversores extranjeros continúan huyendo de la burocracia, la falta de garantías y la dualidad monetaria. 

Entre tanto, el régimen necesita victorias simbólicas. Y ahí entra el gesto vietnamita, elevado a categoría de “gran ejemplo de cooperación”. La foto publicada por el MINCEX tiene más valor político que alimentario: muestra al mundo que “Cuba no está sola”, aunque lo que reciba sean fideos instantáneos, una táctica perfeccionada por el tío abuelo del actual titular

Pérez-Oliva Fraga, heredero del apellido y de la retórica, parece haber aprendido bien la lección familiar: cuando no hay resultados, se fabrica la apariencia de éxito. Hoy celebra tres contenedores de sopa; mañana quizás otro envío de arroz o pañales. La narrativa del “gesto solidario” sirve para cubrir la incapacidad estructural de un gobierno que no produce ni invierte, pero se especializa en agradecer. 

En resumen, a año y medio de gestión, el sobrino-nieto de los Castro ha logrado mantener intacta la tradición económica cubana: sobrevivir con donaciones y convertir la escasez en discurso. Tres contenedores de sopa no salvarán a los damnificados, pero al menos sirven para una buena foto y una nota de propaganda. Y en la Cuba actual, eso ya parece suficiente. 

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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.




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