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El líder supremo de Irán, ayatolá Alí Jamenei, se trasladó a un refugio subterráneo fortificado en Teherán ante el temor de un inminente ataque militar de Estados Unidos, según reveló este sábado el medio israelí Jerusalem Post.
La medida habría sido tomada tras advertencias de altos mandos militares y de seguridad iraníes sobre el aumento del riesgo de una ofensiva estadounidense.
Fuentes cercanas al régimen indicaron que el complejo al que fue trasladado Jamenei cuenta con una red de túneles interconectados y una estructura reforzada capaz de resistir bombardeos de gran potencia.
Se trata, según los reportes, del mismo tipo de instalaciones utilizadas por el régimen iraní durante la guerra con Irak en los años ochenta.
El informe añade que Masud Jamenei, tercer hijo del ayatolá, asumió la gestión de las tareas diarias de su padre y se convirtió en el principal canal de comunicación con las distintas ramas ejecutivas del gobierno.
Este movimiento interno sugiere que el líder supremo podría estar aislado o limitando sus apariciones públicas mientras evalúa la situación militar y política del país.
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El traslado de Jamenei ocurre un día después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, confirmara el envío de buques de guerra hacia aguas cercanas a Irán. Washington considera que el régimen persa continúa representando una amenaza para la estabilidad regional, en especial por su apoyo a milicias en Irak, Siria y Líbano.
Se trata de la segunda vez en siete meses que el ayatolá, de 86 años, busca refugio en un búnker. En junio pasado habría tomado una medida similar ante los ataques estadounidenses contra instalaciones nucleares iraníes.
La nueva reclusión de Jamenei refuerza las tensiones entre Teherán y Washington en un momento de máxima presión internacional sobre el régimen islámico.
Ola de protestas en Irán y advertencias de Estados Unidos
Desde principios de enero de 2026, Irán vive una nueva ola de protestas populares, motivadas por el deterioro económico, la inflación superior al 50 %, la falta de combustible y los cortes de electricidad en varias provincias.
Las manifestaciones, que comenzaron en ciudades del suroeste y se extendieron rápidamente a Teherán, Mashhad y Shiraz, exigen el fin del régimen teocrático encabezado por el ayatolá Jamenei.
Según organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch, las fuerzas de seguridad iraníes han respondido con violencia, dejando decenas de muertos y cientos de detenidos.
Videos difundidos por activistas muestran a la Guardia Revolucionaria disparando contra manifestantes y bloqueando el acceso a Internet en las principales ciudades, una táctica habitual del régimen durante episodios de crisis política.
En respuesta, Estados Unidos expresó su apoyo al pueblo iraní y condenó la represión. El secretario de Estado, Marco Rubio, declaró que “el pueblo de Irán tiene derecho a protestar sin miedo a ser encarcelado o asesinado”, y advirtió a las autoridades iraníes que “habrá consecuencias si continúa la violencia contra civiles”.
Por su parte, el presidente Trump publicó en la red Truth Social un mensaje en persa e inglés en el que aseguró que “la libertad está más cerca que nunca para los iraníes valientes que desafían a los ayatolás”.
Washington también ha instado a la comunidad internacional a mantener la presión sobre Teherán y ha reforzado las sanciones contra altos mandos de la Guardia Revolucionaria y el ministerio de Inteligencia iraní.
Las protestas, consideradas las más importantes desde las de 2022 por la muerte de Mahsa Amini, reflejan un creciente descontento social en un país asfixiado por las sanciones, la corrupción y la represión del régimen clerical.
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