
Vídeos relacionados:
La reciente amenaza del Reino Unido de incautar petroleros de la llamada “flota fantasma” vinculada a Rusia introduce un nuevo factor de riesgo en un escenario ya extremadamente frágil para el suministro energético de Cuba.
Aunque la decisión británica no apunta directamente a La Habana, sus efectos colaterales podrían complicar aún más la llegada de crudo ruso a la isla, que hoy depende de cargamentos esporádicos, irregulares y cada vez más vigilados.
Londres ha dejado claro que evalúa opciones militares y legales para capturar buques rusos que operan con banderas falsas o fraudulentas, una práctica utilizada por Moscú para evadir sanciones occidentales y mantener sus exportaciones de petróleo, según The Guardian.
Este endurecimiento del tono coincide con un momento delicado para Rusia, cuyos ingresos petroleros han caído de forma significativa, y para Cuba, que atraviesa una de las peores crisis energéticas de las últimas décadas.
En los últimos días, el gobierno ruso reiteró públicamente que mantendrá los envíos de petróleo a Cuba, pese a las advertencias del presidente estadounidense Donald Trump sobre posibles sanciones a países que abastezcan de crudo a la isla.
Sin embargo, más allá del discurso político, el principal obstáculo no es la voluntad de Moscú, sino la logística necesaria para hacer llegar el petróleo sin exponerse a incautaciones, bloqueos o costos prohibitivos.
Cuba no recibe petróleo ruso a través de rutas comerciales regulares ni con navieras aseguradas. Los envíos se realizan mediante tanqueros antiguos, operaciones opacas, cambios de bandera y trayectorias irregulares, un esquema que encaja con el perfil de la flota fantasma ahora en la mira del Reino Unido y sus aliados europeos.
La amenaza británica eleva el riesgo para armadores, aseguradoras e intermediarios, incluso si no se produce una incautación inmediata. El simple aumento de la vigilancia y la posibilidad de que un buque sea considerado “apátrida” bajo el derecho marítimo actúan como un poderoso factor disuasorio.
En la práctica, cada viaje hacia destinos políticamente sensibles, como Cuba, se vuelve más caro, más lento y menos atractivo.
Además, Cuba ocupa un lugar marginal dentro de las prioridades energéticas de Rusia. Frente a mercados clave como China o India, que absorben la mayor parte del crudo ruso transportado por mar, la isla representa volúmenes pequeños y altos riesgos, sin capacidad de pago en condiciones normales.
En un contexto de presión creciente, Moscú podría optar por priorizar rutas y clientes más seguros, relegando a Cuba a un plano secundario.
El resultado probable no sería un corte abrupto del suministro, sino una reducción de la frecuencia y previsibilidad de los envíos.
Para una isla que ya depende de cargamentos puntuales para evitar apagones masivos y colapsos en el transporte, cualquier alteración adicional en la cadena de suministro agrava una crisis que ha dejado de ser coyuntural para convertirse en estructural.
Archivado en: