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El régimen cubano celebró este 10 de febrero lo que calificó como un “récord” en generación fotovoltaica: más de 800 megavatios (MW) producidos en un segmento del mediodía.
La cifra, ofrecida por el director del Despacho Nacional de Carga de la Unión Eléctrica (UNE), ingeniero Félix Estrada Rodríguez, fue replicada con entusiasmo por medios oficiales y empresas eléctricas provinciales, que destacaron además la instalación de más de 1,000 MW en energía solar durante 2025.
El anuncio llega en medio de la peor crisis energética en años, con apagones de hasta 24 horas, déficits superiores a los 1,800 MW en horario pico y termoeléctricas que entran y salen del sistema por averías recurrentes. Pero el discurso oficial prefirió enfocarse en el brillo del mediodía.
El récord —limitado a “un segmento” de horas solares— contrasta con la realidad nocturna que enfrentan millones de cubanos, cuando la demanda supera los 3,000 MW y la disponibilidad apenas ronda los 1,200 o 1,300 MW. La propia UNE ha reconocido afectaciones que superan los 1.900 MW en jornadas recientes.
Es cierto que 800 MW solares representan un aporte significativo y que la expansión fotovoltaica puede ser parte de la solución estructural. Pero también es cierto que el sol se pone todos los días. Y cuando cae la noche, el sistema vuelve a depender de un parque termoeléctrico envejecido, sin mantenimiento profundo y con limitaciones crónicas de combustible.
Celebrar un pico de generación al mediodía mientras el país se prepara para otro apagón masivo en la noche suena menos a victoria energética y más a ejercicio de propaganda.
El problema no es que se instalen parques solares; el problema es presentar como hazaña puntual lo que todavía no logra garantizar estabilidad eléctrica.
En Cuba, el sol brilla fuerte al mediodía. Lo difícil sigue siendo mantener la luz encendida después.
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