El Banco Central de Cuba (BCC) mantiene este lunes su tasa flotante del Segmento III sin variaciones relevantes, fijando el dólar estadounidense en 458.00 pesos cubanos (CUP) y el euro en 543.94 CUP, en un contexto donde el mercado informal consolida niveles históricamente altos.
Mientras la autoridad monetaria sostiene el dólar oficial en 458 CUP, en la calle la divisa norteamericana cumple una semana en 500 CUP, su máximo histórico. La brecha actual es de 42 pesos por dólar, una diferencia que no se ha reducido en los últimos días y que evidencia la dificultad del esquema oficial para converger con el mercado real.
En el caso del euro, el comportamiento es similar, aunque con menor distancia. El BCC lo fija en 543.94 CUP, frente a los 560 CUP del mercado informal, lo que deja una brecha de poco más de 16 pesos. Aunque la diferencia es menor que en el caso del dólar, sigue siendo suficiente para mantener incentivos activos en el mercado paralelo.
La señal más llamativa no es el nivel en sí, sino la pausa. Tras varias semanas de ajustes progresivos para acercarse a la cotización informal, la tasa flotante parece haberse detenido justo cuando el mercado consolidó sus nuevos techos. Esta congelación parcial sugiere que el BCC opta por administrar el ritmo de devaluación en lugar de permitir una convergencia rápida.
Desde enero, el patrón ha sido repetitivo: el mercado informal marca un nuevo nivel, el BCC reacciona con ajustes escalonados y reduce parcialmente la brecha, pero sin lograr cerrarla. Ahora el dólar informal ha estabilizado los 500 CUP sin retrocesos, mientras la tasa oficial permanece anclada en 458 CUP.
El problema no es únicamente la diferencia numérica, sino la disponibilidad real de divisas. Aunque exista una tasa oficial más baja, el acceso efectivo sigue siendo limitado. En la práctica, el mercado informal continúa funcionando como el principal referente para ciudadanos y actores económicos.
La llamada “tasa flotante” ha mostrado mayor flexibilidad que los esquemas cambiarios anteriores, pero su carácter administrado limita su capacidad de anclar expectativas. Mientras el mercado paralelo consolida máximos sin señales de corrección, la tasa oficial parece moverse a un ritmo distinto.
El resultado es una fragmentación persistente: dos precios para la misma moneda, con una brecha que, lejos de desaparecer, se estabiliza como parte del paisaje económico cubano.
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