El caso de Derek Rosa, el adolescente que con apenas 13 años confesó haber apuñalado a su madre en el apartamento familiar de Hialeah, sigue generando preguntas que ni la declaración de culpabilidad ni la sentencia han logrado disipar.
Dos años después de aquel llamado al 911 que estremeció al sur de Florida, la abogada del joven, Dayliset Rielo, habló por primera vez tras el acuerdo con la fiscalía y ofreció nuevas revelaciones en una entrevista concedida a la periodista Gloria Ordaz, de Telemundo 51.
Sus declaraciones no solo abordan el proceso judicial, sino que también apuntan a lo que, a su juicio, todavía no se ha comprendido del todo: quién era Derek antes del crimen, qué decisiones se tomaron puertas adentro y cómo se construyó la narrativa pública de un caso que dividió opiniones.
“Hacerle justicia a Irina es hacerle justicia a su hijo”
Mientras la defensa se concentraba en representar a Derek, una parte de la opinión pública cuestionaba quién defendía la memoria de la víctima, Irina García.
Rielo respondió de forma directa: “Hacerle justicia a Irina García es hacerle justicia a su hijo”.
Para la abogada, el proceso no puede entenderse como una confrontación entre víctima y acusado, sino como una tragedia familiar en la que todos perdieron.
“Cualquier persona, cualquier familia, en un momento puede ser esta familia”, afirmó.
La letrada insiste en que su labor no fue exculpar el dolor causado, sino garantizar que se respetaran los derechos de un menor de edad que -según sostuvo desde el inicio- debía ser considerado como tal durante todo el proceso.
“Este caso fue profundamente personal”
Rielo describió el proceso como “profundamente tortuoso”, tanto en lo profesional como en lo humano.
“Este caso fue personal porque todos mis casos son personales. No es solo un expediente ni un cliente, es un ser humano, una familia pasando por el peor momento de su vida”, explicó.
Durante las audiencias se hizo visible la cercanía entre la abogada y su cliente. En más de una ocasión lo acompañó con gestos de apoyo mientras enfrentaba momentos especialmente duros en la corte.
El caso, que recibió atención mediática dentro y fuera de Estados Unidos, generó -según Rielo- una ola de respaldo internacional.
“Nunca había visto a tantas personas unirse y defender al niño, apoyando la verdad y la defensa”.
Sin embargo, también enfrentó fuertes críticas.
“Creo que las personas que criticaron vienen de un sentimiento de no tener empatía. Cualquier persona puede ser Derek Rosa, cualquier familia puede pasar por esto”, sostuvo.
La decisión de declararse culpable
Uno de los puntos más sensibles fue la decisión de aceptar un acuerdo con la fiscalía. Poco antes del inicio del juicio, Derek Rosa se declaró culpable.
Actualmente cumple una condena de 25 años de prisión, seguidos de 20 años de libertad condicional, en la Suwannee Correctional Institution.
Rielo fue enfática al aclarar que la decisión no fue impuesta por la defensa.
“En todo proceso criminal llega un momento en que se extiende una oferta al cliente, y esa decisión es del cliente, no importa lo que yo o el equipo hubiéramos querido”, afirmó.
La abogada no reveló detalles confidenciales de las conversaciones con su defendido, pero dejó claro que la determinación final fue exclusivamente suya.
Desacuerdos en la corte y tensiones familiares
Durante el proceso judicial quedaron en evidencia desacuerdos con el juez Richard Hersh sobre el manejo del caso. La defensa llegó incluso a solicitar su apartamiento, petición que fue rechazada.
“Empatía e integridad siempre los mantengo presentes, pero un abogado defensor tiene que ser implacable”, expresó Rielo.
También manifestó su desacuerdo con que Frank Ramos, padrastro de Derek, tomara la palabra como familiar más cercano durante una de las intervenciones en corte, en lugar de Isabel Acosta, madre de la víctima.
“Fue un insulto y un dolor mirar a una persona que prácticamente es un extraño dar esa declaración”, afirmó.Ese episodio evidenció las fracturas internas de una familia atravesada por el duelo y por una condena que no cerró las heridas.
¿Hubo señales previas?
Una de las mayores inquietudes sociales gira en torno a la conducta previa del adolescente. ¿Hubo señales de violencia? ¿Existían antecedentes que anticiparan la tragedia? Rielo asegura que no.
“Nunca mostró señales de violencia previamente”, afirmó.
Pidió, además, confianza en el sistema penitenciario del estado.
“Tenemos que confiar en que su objetivo es rehabilitar, no solo impartir una sentencia”.
Durante el proceso trascendió que Derek había sido diagnosticado con autismo y déficit de atención.
La familia ha insistido en que la relación entre madre e hijo era “normal”, con reglas y disciplina, pero sin indicios -según sostienen- de una violencia latente.
¿Una historia aún no contada?
En la entrevista, Rielo dejó abierta la posibilidad de que, en el futuro, Derek Rosa cuente su versión completa de los hechos.
“Por respeto, ética e integridad, esa historia es de Derek Rosa”, apuntó.
La abogada reveló además que la familia recibió miles de dólares en donaciones. El joven agradeció el respaldo mediante un mensaje que su defensa compartió públicamente.
Incluso habilitó un correo electrónico (DerekRosa@RieloLaw.com) para que cualquier persona que tenga información adicional pueda aportar nueva evidencia que, eventualmente, podría reabrir el caso.
“Cualquier caso de este tipo merece empatía y humanidad. No todo el mundo sabe lo que pasa en cada hogar, por eso debemos tratar de entender y prevenir”, concluyó Rielo.
El padre y la abuela: El duelo después del veredicto
Las declaraciones de la abogada se suman a las ofrecidas esta semana por el padre del adolescente, José Rosa, también en entrevista con Telemundo 51.
Visiblemente afectado, reconoció que aún no logra comprender cómo ocurrió la tragedia. Asistió a cada audiencia judicial y vio a su hijo atravesar la adolescencia en medio de un proceso penal que culminó con una condena de 25 años de prisión y 20 de libertad condicional.
Ha dicho que respeta la decisión de declararse culpable y que, cuando pueda visitarlo en prisión, lo abrazará y lo sostendrá de las manos.
Insiste en que nunca percibió señales que anticiparan un desenlace tan devastador y sostiene que la relación entre madre e hijo no evidenciaba conflictos graves.
Por su parte, la abuela materna, Isabel Acosta, resumió el drama familiar en una frase que ha marcado el caso: “Son dos amores distintos”.
Ama a su hija asesinada y, al mismo tiempo, mantiene su respaldo incondicional a su nieto.
Evita pronunciarse de manera categórica sobre si se hizo justicia y admite que no ha querido preguntarle directamente por qué ocurrió el crimen.
También enfrenta otra pérdida: la distancia con su nieta, una ausencia que profundiza la fractura familiar.
Dos años después del crimen que conmocionó a Hialeah, la sentencia está dictada, pero las preguntas persisten.
La defensa insiste en que aún hay elementos no revelados. La familia habla de una verdad incompleta.
Y en medio de ese cruce de dolores, queda la memoria de una madre asesinada y la vida de un adolescente que pasará gran parte de su vida tras las rejas.
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