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Las revelaciones de que la administración del presidente Donald Trump mantiene conversaciones con figuras cercanas al poder real en Cuba han abierto nuevas interrogantes sobre quiénes, dentro del régimen, están participando en esos contactos.
El congresista republicano Mario Díaz-Balart aseguró al diario Miami Herald que Washington ha sostenido conversaciones con “múltiples personas alrededor de Raúl Castro”, en lo que describió como intercambios de alto nivel, aunque insistió en que no se trata de negociaciones formales.
“Ha habido conversaciones con múltiples personas alrededor de Raúl, básicamente con todos los que están alrededor de Raúl, al más alto nivel, pero no son negociaciones”, afirmó este miércoles el legislador cubanoamericano.
La declaración sugiere que los contactos no se limitan a una figura concreta, sino que abarcan distintos actores del entorno del nonagenario general, considerado aún el verdadero centro de poder dentro del sistema político cubano.
Aunque retirado oficialmente desde 2021, Raúl Castro, de 94 años, sigue siendo visto como la figura clave dentro de la estructura del régimen. Su familia y los altos mandos militares mantienen una influencia decisiva sobre el aparato político y económico del país.
Entre las figuras que suelen formar parte de ese círculo cercano se encuentran su hijo, el coronel Alejandro Castro Espín, considerado una de las figuras más influyentes dentro de los servicios de seguridad del Estado; sus hijas Mariela Castro y Deborah Castro; así como altos oficiales vinculados al conglomerado militar GAESA.
Este grupo controla amplios sectores de la economía nacional, incluyendo el turismo, el comercio minorista y gran parte de las divisas que circulan en la isla.
El Miami Herald informó previamente que asesores del secretario de Estado Marco Rubio sostuvieron un encuentro el mes pasado con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, durante una conferencia regional celebrada en la isla caribeña de San Cristóbal y Nieves.
Sin embargo, Díaz-Balart aseguró que los contactos de Washington han sido más amplios que ese encuentro específico.
La posibilidad de conversaciones con el entorno del líder histórico del régimen ha despertado preocupación entre algunos sectores del exilio cubano en Miami, que temen que un eventual acuerdo pueda terminar preservando el control político de la familia Castro o de la estructura del Partido Comunista.
El propio Díaz-Balart intentó disipar esas inquietudes al afirmar que la administración Trump no contempla un escenario en el que miembros del clan Castro permanezcan en el poder.
“Cambios parciales no son aceptables. El concepto de ‘Raúl sin Raúl’ no es aceptable para esta administración”, afirmó el congresista.
Mientras tanto, el régimen cubano ha reconocido de manera general que existen “conversaciones” con Estados Unidos, aunque sostiene que no hay negociaciones oficiales entre ambos gobiernos.
Los contactos ocurren en un momento de fuerte presión sobre la dictadura cubana, en medio de una profunda crisis económica y energética que ha provocado apagones prolongados, escasez de combustible y crecientes muestras de descontento social dentro de la isla.
En ese contexto, el círculo más cercano a Raúl Castro vuelve a situarse en el centro de la atención política, ante la posibilidad de que cualquier cambio en Cuba pase inevitablemente por las figuras que concentran el poder real dentro del sistema totalitario.
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