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El arribo este lunes de un petrolero ruso a Cuba, en medio de la política de presión energética impulsada por la administración de Donald Trump, ha sido interpretada por algunos como un posible alivio o contradicción en las sanciones estadounidenses.
Sin embargo, el periodista del Departamento de Estado, Eric Martin, cree que ocurre exactamente lo contrario.
En un mensaje publicado en la red social X, el reportero ofreció una lectura tajante del episodio, al asegurar que la decisión de permitir la entrada del crudo no debilita la estrategia de Washington, sino que la refuerza.
“Que Trump permita que el petrolero ruso llegue a Cuba NO refuta la cuarentena estadounidense”, escribió.
Y reforzó inmediatamente esa idea con una afirmación categórica: “La CONFIRMA”.
Para Martin, la clave está en quién tiene el control real sobre el suministro energético hacia la isla.
“El único petróleo que llegará a Cuba es el que Estados Unidos autorice”, subrayó.
El periodista fue más allá al vincular este episodio con una estrategia de mayor alcance que él mismo había anticipado hace algunos días en artículo publicado en Bloomberg.
“Como ya anticipé hace un mes: El plan es convertir a Estados Unidos en el nuevo estado protector de Cuba…”, subrayó ahora.
Estas afirmaciones se producen después de que el propio Martin revelara -citando fuentes propias- que Washington habría dado luz verde al envío de crudo ruso solo tras una concesión del régimen cubano relacionada con la embajada estadounidense en La Habana.
Según explicó, La Habana habría autorizado la importación de combustible para la sede diplomática, un movimiento -no confirmado hasta ahora de forma oficial- que calificó como “una acción importante que demostraría que "La Habana está colaborando, aunque un poco”.
El trasfondo: Un posible “protectorado económico”
La interpretación de Martin conecta con un análisis más amplio publicado por él mismo en Bloomberg hace unas semanas, donde describió una estrategia de la administración Trump orientada a transformar a Cuba en un país financieramente dependiente de Estados Unidos.
Según fuentes citadas en ese reporte, el objetivo no sería una intervención militar directa, sino un proceso gradual basado en presión económica, aislamiento energético y negociaciones con actores dentro del propio sistema cubano.
El plan, de acuerdo con esas fuentes, buscaría que Estados Unidos “tome esencialmente el lugar de su antiguo rival, Unión Soviética, que mantuvo a flote a Cuba antes de su colapso en 1991”.
Trump ha dejado entrever esa visión en declaraciones recientes, en las que ha dicho cosas como que “Cuba va a caer bastante pronto” o que “Cuba está lista, después de 50 años”.
Un envío condicionado en medio de la crisis
El petrolero ruso Anatoly Kolodkin, sancionado por Estados Unidos, la Unión Europea y el Reino Unido, arribó este 30 de marzo a la isla con más de 700,000 barriles de crudo, el primer gran suministro en más de tres meses.
El propio Trump confirmó este domingo la decisión de permitir la operación, y precisó: “Si un país quiere enviar algo de petróleo a Cuba, no tengo problema con eso”.
El mandatario justificó la medida en términos humanitarios, pero al mismo tiempo mantuvo su retórica contra el gobierno cubano: “Cuba está terminada. Tienen un mal régimen… un liderazgo muy malo y corrupto”.
Pese al impacto inmediato del cargamento, especialistas advierten que el volumen apenas cubriría unas dos semanas de consumo en medio de apagones prolongados y una crisis energética estructural.
Presión energética con control selectivo
Lejos de representar un giro total en la política estadounidense, el episodio encaja en una estrategia más amplia: restringir el acceso del gobierno cubano al petróleo, mientras se mantiene la capacidad de autorizar suministros bajo determinadas condiciones.
Desde enero, la Casa Blanca ha intensificado la presión económica sobre La Habana, incluyendo una “cuarentena” al petróleo destinado al Estado, al tiempo que permite ventas limitadas al sector privado emergente.
En ese contexto, la autorización puntual ahora del envío ruso refuerza la idea de que Washington busca controlar el flujo energético hacia la isla más que bloquearlo por completo.
Sin invasión, pero con presión sostenida
Aunque en Washington han circulado especulaciones sobre una posible intervención militar -alimentadas por declaraciones como la del senador Lindsey Graham, quien dijo que “Irán va a caer, y Cuba es la siguiente”-, fuentes cercanas al gobierno aseguran que esa no es la opción preferida.
El enfoque, según exfuncionarios como Kimberly Breier, apunta a una transición gradual que evite escenarios de caos.
“La administración quiere cambios, pero no quiere que sean caóticos, que impulsen migración masiva ni que generen más espacios para adversarios”, explicó.
En ese marco, la llegada del petrolero ruso no aparece como una contradicción, sino como una pieza más dentro de un esquema donde Washington busca administrar -y no simplemente cortar- el acceso de Cuba a recursos energéticos.
Una dinámica que, como advierte Eric Martin, podría estar redefiniendo la relación bilateral bajo un principio clave: el petróleo que entra a la isla sería, en última instancia, el que Estados Unidos decide permitir.
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