La niñez perdida en Cuba: adolescentes trabajan para ayudar a sus familias



Niño vende tamales en Cuba © Jose Luis Tan Estrada/Facebook
Niño vende tamales en Cuba Foto © Jose Luis Tan Estrada/Facebook

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Un muchacho de entre 15 y 16 años recorre de noche los pasillos de un edificio en La Habana vendiendo pan a 200 pesos la unidad. 

Su historia, junto a la de Jhon, un adolescente que dejó la escuela para trabajar en albañilería, es el centro de una crónica publicada en Facebook por la escritora cubana Dailin Carracedo Velázquez que retrata con crudeza cómo la crisis económica le ha robado la infancia a toda una generación.

Carracedo Velázquez describe al muchacho panadero como un joven de facciones finas, ropa impecable y voz sin sombra de bigote que cada tarde rasga el silencio del edificio con su pregón: "¡Panadeeeero!". Cuando llega a su puerta, le dice: "Están calenticos todavía, mi tía. Los acabo de comprar".

Denuncia en Facebook

Para ganar 2.000 pesos cubanos, ese muchacho tendría que vender 40 panes y caminar muchas cuadras de noche, calcula la autora del post en Facebook.

Un cartón de huevos cuesta 2.650 pesos en adelante, cifra que ilustra la distancia abismal entre el esfuerzo de estos jóvenes y lo que necesitan sus familias para sobrevivir.

No es un caso aislado: el trabajo infantil informal se ha normalizado en Cuba en medio de una crisis que no da tregua.

El segundo caso que recoge la crónica es el de Jhon, captado en un video de un influencer callejero cubano.

El adolescente cuenta que dejó la escuela para trabajar como ayudante de albañilería "o lo que sea", en un contexto donde el salario mínimo lleva congelado en 2.100 pesos desde 2021, una cifra que no alcanza ni para cubrir las necesidades básicas de una familia.

La situación de estos jóvenes refleja una realidad más amplia y devastadora: el 89% de las familias cubanas se encuentra en situación de pobreza extrema, lo que empuja a niños y adolescentes a convertirse en proveedores antes de tiempo, abandonando las aulas por la necesidad urgente de llevar dinero a casa.

El fenómeno no es nuevo, pero su magnitud ha crecido de forma alarmante. La prensa oficial lo reconoció en abril de 2025, aunque sin profundizar en las causas estructurales que lo alimentan.

Mientras tanto, el gobierno ha respondido con consignas: el presidente Miguel Díaz-Canel llegó a afirmar que "Donde faltan recursos, imaginación", una frase que muchos cubanos recibieron con amargura.

La aprobación del nuevo Código de la Niñez, Adolescencias y Juventudes no ha cambiado la realidad en las calles, donde cada vez más menores se ganan la vida vendiendo pan, polvorones y pastillas de pollo en las calles de La Habana y otras ciudades del país, mientras el Estado mira hacia otro lado.

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