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Un informe técnico publicado este lunes por Prisoners Defenders denuncia que aproximadamente 90,000 reclusos en Cuba —cerca del 1% de la población— están sometidos a desnutrición severa y sistemática en condiciones que la organización califica como «incompatibles con la vida».
El documento, elaborado a partir de fotografías, testimonios directos de presos y sus familiares, y parámetros nutricionales internacionales, estima que la alimentación diaria en prisión aporta entre 250 y 353 kilocalorías, apenas entre el 10% y el 14% de las necesidades mínimas de un adulto, fijadas en unas 2,553 kilocalorías diarias.
El desayuno consiste en una pieza de pan de entre 45 y 60 gramos y un cuenco de té aguado sin azúcar, con aporte energético prácticamente nulo. El almuerzo y la merienda —servidos a las 11:00 y a las 15:00— incluyen menos de 30 gramos de arroz cocido, unos 50 gramos de sopa descrita como «ácida» por los propios reclusos y aproximadamente 20 gramos de una preparación llamada «croqueta hervida» de consistencia pastosa.
Javier Larrondo, presidente de Prisoners Defenders, calificó la situación sin ambages: «Estamos hablando de una infraalimentación severa, sostenida en el tiempo. No hablamos de una mala dieta, sino de una situación capaz de producir deterioro extremo y daños irreversibles».
El informe documenta que esta ingesta puede provocar en pocos meses pérdida extrema de peso, anemia, inmunodepresión, deterioro muscular, daño neurocognitivo y alta vulnerabilidad a infecciones.
A la desnutrición se suman condiciones de insalubridad generalizada: celdas y colchones infestados de chinches, hacinamiento y ausencia de atención médica. «Estas condiciones no son una incomodidad, son un factor de destrucción progresivo», advirtió Larrondo.
El caso que detonó la elaboración del informe es el de Alexander Díaz Rodríguez, manifestante del 11J condenado a cinco años de prisión y recluido en la cárcel Kilo 5 y medio, en Pinar del Río. Liberado el 12 de abril, salió con cáncer de garganta en fase avanzada, hepatitis B, anemia y desnutrición extrema, habiendo pasado de pesar entre 80 y 90 kilogramos a apenas entre 37 y 55 kilogramos.
El funcionario estadounidense Mike Hammer habló con Díaz Rodríguez el pasado jueves, confirmando el patrón de abandono médico sistemático denunciado por la organización.
El informe identifica al menos 447 presos políticos con patologías graves provocadas o agravadas por las condiciones de reclusión, 47 con trastornos mentales severos sin tratamiento y 34 en situación de riesgo extremo. Entre los casos documentados hay menores en prisiones de máxima seguridad y personas con antecedentes de intentos de quitarse la vida.
Este panorama se inscribe en una crisis carcelaria documentada y en agravamiento. En febrero, un motín en la prisión de Canaletas, en Ciego de Ávila, fue detonado por el hambre extrema y la muerte de un joven recluso golpeado tras pedir comida, con al menos siete muertos reportados. Ese mismo mes, Cubalex documentó siete muertes bajo custodia penal, calificándolo como un mes «particularmente crítico».
En enero, José Daniel Ferrer, fundador de la UNPACU, ya había denunciado que «hay miles de presos desnutridos en las cárceles cubanas», comparando las condiciones con campos de concentración.
Larrondo fue categórico sobre la responsabilidad del régimen: «Cuando el Estado tiene bajo custodia a una persona, tiene la obligación absoluta de preservar su vida. Pero cuando recibe una alimentación mínima, vive entre plagas y se le niega atención médica, estamos ante tratos crueles, inhumanos y degradantes o incluso crímenes de lesa humanidad».
Prisoners Defenders pidió a la ONU y a la Unión Europea adoptar medidas urgentes: acceso independiente a las prisiones, presión diplomática efectiva y excarcelación inmediata de los reclusos en mayor riesgo. El informe fue publicado en seis idiomas —español, inglés, francés, italiano, portugués y alemán— con el objetivo explícito de alcanzar a la comunidad internacional.
«La pasividad ya no es neutralidad. Cada día de silencio puede ser un día menos de vida para quienes están encerrados, enfermos y abandonados», concluyó Larrondo.
Preguntas frecuentes sobre las condiciones en las cárceles de Cuba y la crisis alimentaria
CiberCuba te lo explica:
¿Cuál es la situación de desnutrición en las cárceles de Cuba según el informe de Prisoners Defenders?
El informe de Prisoners Defenders revela que aproximadamente 90,000 reclusos en Cuba están sometidos a una desnutrición severa y sistemática, recibiendo apenas entre el 10% y el 14% de las necesidades calóricas diarias mínimas de un adulto. Esto provoca pérdida extrema de peso, anemia, y alta vulnerabilidad a infecciones, entre otros graves problemas de salud.
¿Qué condiciones adicionales enfrentan los reclusos en las cárceles cubanas?
Además de la desnutrición, los reclusos en Cuba enfrentan condiciones de insalubridad generalizada, como celdas infestadas de chinches, hacinamiento y ausencia de atención médica adecuada. Estas condiciones son consideradas tratos crueles, inhumanos y degradantes, según el informe.
¿Cómo ha respondido la comunidad internacional a las denuncias sobre las cárceles en Cuba?
Prisoners Defenders ha solicitado a la ONU y la Unión Europea que adopten medidas urgentes, como el acceso independiente a las prisiones cubanas y presión diplomática efectiva. La comunidad internacional está siendo instada a no permanecer pasiva, ya que cada día de silencio puede significar un día menos de vida para los reclusos afectados.
¿Qué impacto tiene la crisis alimentaria general en la población de Cuba?
La crisis alimentaria en Cuba es percibida como peor que el Período Especial de los años 90. La población enfrenta inseguridad alimentaria crítica, con estrategias de supervivencia como saltarse comidas y recurrir al mercado informal. El deterioro del sistema alimentario, junto con la crisis energética y sanitaria, está empujando a Cuba hacia una emergencia humanitaria prolongada.
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