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Joaquín tiene 16 años, vive en la región oriental de Cuba y cada mañana enfrenta una decisión que no debería corresponderle: antes de ir a la escuela, debe salir al monte a buscar leña para que su familia pueda cocinar.
Su historia, documentada por Food Monitor Program y publicada este jueves, retrata con crudeza lo que la crisis energética de la dictadura le ha arrebatado a una generación entera de niños cubanos.
En el hogar son tres: él, su madre y su abuela. Desde que los apagones se volvieron estructurales, la leña se convirtió en el único combustible que garantiza la cocción de los alimentos.
La crisis energética disparó el uso de leña en Cuba hasta convertirlo en práctica cotidiana para millones de familias, especialmente en zonas rurales del oriente del país, y su búsqueda en ocasiones recae en los niños y adolescentes.
«No es fácil porque hay que caminar cantidad y tengo que pedir prestado el machete, y además cansa a uno. Tengo un vecino que me ayuda de vez en cuando pero no siempre está allí», relata el adolescente.
Joaquín debería estar en clases, pero carga con la responsabilidad de llevar combustible a casa a riesgo de no poder comer.
Con el tiempo encontró también en esta tarea una fuente de ingresos: cada saco de leña se vende a 500 pesos cubanos, poco menos de un cuarto del salario mínimo nacional de 2,100 pesos.
«Sí, es verdad que la leña se vende. Por ejemplo, si yo saco dos sacos, con eso ya dejo uno para comer y otro para la casa. Pero uno camina y tiene que ir más lejos cada vez para buscar leña, por eso no puedo vender todo lo que recojo», explica.
La actividad entraña riesgos físicos reales. Los lugares que frecuenta —la orilla del río y los alrededores de fincas— se han vuelto cada vez más escabrosos, porque los cubanos talan árboles por desesperación y la leña accesible se agota. Joaquín trabaja sin ningún equipo de protección.
«Una vez me corté en un pie y tuve que caminar un kilómetro aguantándome el sangrado con un pañito. Es verdad que es peligroso, pero yo no tengo miedo», dice.
Su caso no es excepcional. Los adolescentes cubanos abandonan la escuela para trabajar en albañilería, venta callejera o recolección de leña, en un país donde el 89% de las familias vive en pobreza extrema y el costo de vida mínimo supera los 50,000 pesos mensuales.
Cuba prohíbe legalmente el trabajo infantil fijando los 17 años como edad mínima, pero la norma es papel mojado.
El déficit eléctrico alcanzó los 1,850 MW diarios en abril de 2026, agravado por la salida de servicio de la termoeléctrica Antonio Guiteras y el corte definitivo del suministro de petróleo venezolano en enero de este año. Más de nueve millones de cubanos cocinan sin acceso estable a gas o electricidad.
La consecuencia ambiental es igualmente grave. La tala y los incendios asestan un triple golpe a los bosques cubanos, y Cuba perdió 42,000 hectáreas de bosque natural entre 2021 y 2024. La superficie reforestada cayó de 12,615 hectáreas en 2020 a 8,191 en 2024.
El Food Monitor Program resume la dimensión del problema con una pregunta que no tiene respuesta fácil: «¿Qué país nos quedará a los cubanos para vivir cuando hayamos acabado con toda su biodiversidad para sobrevivir?».
Preguntas Frecuentes sobre la Crisis Energética y el Trabajo Infantil en Cuba
CiberCuba te lo explica:
¿Por qué los niños en Cuba tienen que buscar leña para cocinar?
La crisis energética en Cuba ha llevado a muchas familias a depender de la leña para cocinar. El déficit eléctrico y la falta de combustible han dejado a millones de cubanos sin acceso estable a gas o electricidad, obligando a recurrir a métodos tradicionales como la leña para la cocción de alimentos.
¿Cómo afecta la crisis energética al medio ambiente en Cuba?
La crisis energética ha provocado un aumento significativo en la tala de árboles en Cuba. Esto ha llevado a la pérdida de 42,000 hectáreas de bosque natural entre 2021 y 2024, exacerbando los problemas ambientales en la isla.
¿Qué alternativas tienen las familias cubanas ante la escasez de electricidad y gas?
Las familias cubanas han recurrido a cocinar con leña y carbón, y a organizar comidas comunitarias. Estas soluciones, aunque necesarias, implican riesgos físicos y medioambientales, y reflejan la precariedad a la que se enfrentan debido a la falta de servicios básicos.
¿Por qué los adolescentes cubanos abandonan la escuela para trabajar?
La pobreza extrema en Cuba ha empujado a muchos adolescentes a trabajar para ayudar a sus familias. Con el 89% de las familias en situación de pobreza extrema, los jóvenes dejan la escuela para trabajar en actividades informales como la recolección de leña o la venta ambulante.
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