Desde la prisión de máxima seguridad de Guanajay, el artista y preso político Luis Manuel Otero Alcántara lanzó el 21 de abril una obra en audio en la que nombra uno a uno a los seres queridos fallecidos durante sus casi cinco años de encarcelamiento, con quienes no pudo despedirse.
La curadora y activista Anamely Ramos, quien difundió la obra en sus redes sociales, describió la pieza como algo que la «estremeció» profundamente: «Tanto, que he necesitado estas semanas para acogerla dentro de mí y poder decir algo», escribió en su publicación.
En el audio, Otero Alcántara realiza una moyugba —rezo de invocación a los ancestros en la tradición yoruba / lucumí— pronunciando la fórmula «Ibae bayen tonu», que en yoruba significa «Yo te saludo, a ti que has desaparecido», equivalente a «Descanse en paz».
Nombra a su padre Luis Otero Chala, su tío Manolo Otero Chala, su madre Vivian del Carmen Alcántara Carbonell, su tío materno José Antonio Pérez Carbonell, a su tío materno Jorge Alberto Alcántara Carbonell, sus abuelas Nilda Carbonell Carrión, Georgina Chala y Dulce María Sardá Ramírez y sus amigos Maritza Herrera Soler y Augusto Prieto.
En un audio que acompaña la obra, el artista pregunta con dolor: «No pude despedir a mi abuela, a mi tío, a mi mamá… ¿por qué no? ¿somos los peores criminales? Quizás seamos los mejores hijos de este país».
Ramos explicó que la forma elegida por Luis Manuel «ha sido utilizada por la tradición yoruba durante siglos, y que el pueblo llano ha hecho suya, a veces incluso sin conocer todos los detalles que la integran, pero sintiendo su fuerza y su verdad».
La activista subrayó el alcance colectivo de la pieza: «Luis se pone delante y hace el gesto. Nos invita a convertirlo en un acto colectivo de desahogo y de sanación. Una oración, a fin de cuentas, para que las pérdidas de todos encuentren la paz».
La madre del artista, Vivian del Carmen Alcántara Carbonell, había fallecido el 5 de enero de 2021 a los 57 años, meses antes de su arresto durante las protestas del 11 de julio de 2021.
Condenado en junio de 2022 a cinco años de prisión por «ultraje a los símbolos patrios», «desacato» y «desórdenes públicos», Otero Alcántara ha continuado creando arte desde su celda como forma de resistencia, a pesar de las condiciones represivas que denuncia.
La obra del 21 de abril se produjo en un momento de máxima tensión: semanas después de que el Tribunal Supremo rechazara su apelación y de que agentes del Departamento 21 de la Seguridad del Estado lo amenazaran de muerte, lo que lo llevó a realizar una huelga de hambre de ocho días entre el 30 de marzo y el 6 de abril.
Pocos días después de lanzar esta obra, publicó un artículo de opinión en The New York Times desde prisión, en el que describió su encarcelamiento como «una performance que debió terminar hace mucho tiempo».
Amnistía Internacional lo reconoce como preso de conciencia y exige su liberación inmediata. Su condena de cinco años vence en julio de 2026, aunque el régimen ha dado señales de posible extensión.
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