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El campeón cubano de artes marciales mixtas Javier Ernesto Martín Gutiérrez, conocido como «Spiderman», logró hacer llegar una carta manuscrita desde Villa Marista a la organización de derechos humanos Cubalex, que la publicó como alerta de preso político, en la que denuncia los abusos sufridos desde su detención el 24 de abril.
Martín fue arrestado ese día en la esquina de las calles 43 y 90 de La Habana cuando salía de entrenar, tras más de una semana de protestas pacíficas desde el balcón de su vivienda en Marianao, donde denunció públicamente la crisis social, el hambre, la violencia callejera y el consumo de drogas sintéticas entre los jóvenes.
En su carta, el deportista describe una detención que calificó de secuestro: «Fui agredido por casi 10 oficiales de la seguridad los cuales no se identificaron y me atraparon a traición; ya inmovilizado me apretaron los testículos y golpearon, se ensañaron propinándome golpes en la parte posterior de la cabeza, nuca... me montaron en una van en la cual también me pusieron de cabeza y al rato me acostaron y pisaron la cabeza».
Los agentes, vestidos de civil, lo trasladaron primero a la unidad de San Agustín y luego a Villa Marista, sede histórica de los órganos de instrucción de la Seguridad del Estado en La Habana, asociada a interrogatorios y represión política desde los años 60.
Según la carta, la atención médica tras los golpes fue mínima: «El chequeo fue a vista y me tomaron la presión. Pasado 24 horas pedí que se me atendiera y me limpiaron las heridas».
El deportista también denuncia que la comida en mal estado le hizo perder 25 libras durante su reclusión, que sus pertenencias fueron entregadas en otra celda donde permanecieron una semana antes de ser devueltas, y que «el instructor y los oficiales se confabulan para tapar lo mal hecho».
El régimen intentó desacreditarlo alegando «conductas asociables a trastornos psiquiátricos no diagnosticados», táctica históricamente usada contra disidentes, pero una evaluación psiquiátrica descartó problemas mentales el 1 de mayo.
Poco antes, las autoridades intentaron imponerle un nuevo cargo por «incitar a la población a manifestarse», en lo que organizaciones de derechos humanos califican como fabricación de cargos penales vinculados a la expresión pública.
En la carta, Martín pide a la fiscalía un cambio de medida cautelar y se compromete a no manifestarse ni denunciar más problemas sociales, pero deja claro su estado de ánimo: «No me siento arrepentido, más bien decepcionado de todo».
El caso se enmarca en un contexto de represión creciente: Prisoners Defenders reportó en abril un récord absoluto de 1,260 presos políticos en Cuba, con denuncias de torturas, agresiones y amenazas de muerte.
Cubalex exige la libertad inmediata de Javier Martín, garantías para su integridad física y el fin de la represión contra quienes ejercen su derecho a la protesta.
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