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Un reciente reporte de Axios basado en inteligencia estadounidense indicó que el régimen cubano habría adquirido más de 300 drones militares procedentes de Rusia e Irán desde 2023 y discutido posibles escenarios de uso contra la base naval de Guantánamo, buques estadounidenses e incluso Key West, Florida.
Aunque no existen detalles oficiales sobre el tipo exacto de drones, varios analistas apuntan a modelos iraníes similares al Shahed-136, utilizado por Rusia en la guerra de Ucrania y por Irán en Medio Oriente, o la variante del mismo modelo desarrollada por Rusia, el Geran.
Ese tipo de aparatos tiene un atractivo evidente para países con recursos limitados: es mucho más barato que comprar aviones de combate modernos o sistemas avanzados de misiles.
Estimaciones citadas por especialistas sitúan el costo de exportación de un dron Shahed entre 20,000 y 50,000 dólares por unidad. Eso significa que un lote de 300 drones podría costar entre seis y 15 millones de dólares.
En escenarios de cooperación política estrecha entre Irán y Cuba, el precio podría ser incluso menor mediante descuentos, financiamiento blando o acuerdos estratégicos. Algunos cálculos sitúan el costo total entre tres y 10,5 millones de dólares.
La cifra resulta especialmente polémica en medio de la grave crisis que vive la isla.
Con apenas tres millones de dólares, Cuba podría importar miles de toneladas de pollo, leche en polvo o arroz para aliviar parcialmente la escasez alimentaria que golpea a la población.
También equivaldría a millones de horas de generación eléctrica mediante combustible para termoeléctricas, en un país donde los apagones diarios superan en ocasiones las 20 y hasta 30 horas en varias provincias.
Especialistas consultados por medios internacionales recuerdan además que los hospitales cubanos enfrentan falta crónica de antibióticos, insumos básicos y equipos médicos.
Mientras tanto, el deterioro de la infraestructura eléctrica continúa agravándose. La Unión Eléctrica ha reconocido repetidamente déficits severos de generación y averías constantes en centrales termoeléctricas obsoletas.
A pesar de ello, el régimen parece mantener prioridad en áreas vinculadas a seguridad, control interno y cooperación militar con aliados estratégicos como Rusia e Irán.
Otro elemento que llama la atención de analistas militares es la relativa facilidad logística para transportar drones de este tipo. Según estimaciones técnicas, 300 drones desmontados podrían caber en apenas varios contenedores marítimos estándar, una carga pequeña para un buque mercante moderno.
La dificultad no sería física, sino política: ocultar o justificar internacionalmente una transferencia militar de ese nivel hacia Cuba.
Aunque Washington insiste en que no considera a Cuba una amenaza militar inmediata, las denuncias sobre inversiones en drones vuelven a alimentar el debate sobre las prioridades reales del régimen mientras la población enfrenta una crisis económica cada vez más profunda.
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