El poeta y ensayista cubano Michael H. Miranda advierte que si Raúl Castro saliera del escenario político, Cuba no tendría condiciones inmediatas para convocar elecciones ni un líder opositor capaz de asumir el mando al día siguiente, en un análisis que cobra especial relevancia tras la imputación del dictador cubano por el Departamento de Justicia de EE.UU. el pasado 20 de mayo.
Miranda, residente en Houston y autor de "Deserta", "Hilachas" y "Asilo en brazos", conversó con CiberCuba sobre los escenarios posibles para una transición en Cuba. Su análisis parte de una certeza: "Yo pienso que una vez que eso suceda eso ya no va a haber quien lo pare", dijo sobre la eventual salida de Castro. Pero inmediatamente advierte que el camino posterior sería largo y complejo.
"No tenemos un líder claro en la oposición como que ya mañana va a ser él quien dirija nada ahí. Eso va a ser un proceso de un año o un par de años", señaló Miranda, subrayando que en más de 60 años no ha habido en Cuba ningún tipo de campaña política ni elecciones libres.
El ensayista es categórico sobre la imposibilidad de una transición rápida: "Hay tanto que arreglar en ese país que convocar elecciones... Unas elecciones llevan muchísimo detrás. No es mañana votamos y ya está".
Para ilustrar las diferencias con otros procesos de cambio político, Miranda traza un paralelo con la transición española y advierte que Cuba no reproduce las condiciones de la España de los años setenta: "El caso de España fue muy particular porque España aún en dictadura te repito tenía ciertos elementos democráticos dentro de la sociedad que bueno ni siquiera hemos tenido eso".
Para el intelectual, el régimen cubano es cualitativamente distinto: "Es un régimen heredado completamente del estalinismo. Es un partido único policial, o sea es la Stasi con la KGB".
También se refirió a una "extracción" de Raúl Castro similar a la de Nicolás Maduro en Venezuela como escenario que Washington podría poner en la balanza, algo que él no ve probable.
Esta diferencia estructural se hace visible en el férreo control informativo que el régimen ejerce sobre la población.
Miranda relata que, tras la imputación de Castro, el régimen movilizó militares, policías y trabajadores en apoyo al general, pero muchos cubanos dentro de la Isla no entendían el motivo: "Todo el discurso sigue siendo muy férreo. Una persona me decía desde Cuba: '¿qué ha pasado con Raúl? Que aquí están ahora diciendo maravillas de Raúl como si se hubiera muerto', porque no sabían qué era lo que había pasado. No sabían lo de la imputación".
Esa opacidad informativa es, en su opinión, el obstáculo más profundo de cara a cualquier transición. "Esa generación histórica se está arrastrando con 90, 94 años pero está ahí, está viva. Y la institucionalidad histórica del régimen se sostiene con eso", apunta, en referencia a figuras como Guillermo García Frías (97 años), José Ramón Machado Ventura (95) y Ramiro Valdés Menéndez (93), que aún forman parte del andamiaje del poder.
El encargado de negocios de EE.UU. en La Habana, Mike Hammer, declaró en febrero que Washington lleva tiempo diseñando planes para una transición hacia una Cuba libre que evite el caos.
Miranda coincide en que el proceso será inevitable, pero insiste en que la condición previa es desmantelar el aparato propagandístico del régimen: "Mientras eso no se desmonte va a ser muy difícil que haya cierta concientización también en las personas".
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