Roberto Fernández-Rizo, experto en consultoría y desarrollo de emprendimientos, plantea en una entrevista con Tania Costa para CiberCuba una de las preguntas más incómodas del debate sobre la transición cubana: si los cubanos con talento ya emigraron y rehícieron sus vidas en el exterior, ¿quién va a reconstruir la isla?
«Lo primero que tenemos son recursos humanos valiosos. Eso es lo primero que tenemos nosotros. Pero ¿de verdad los tenemos en Cuba? Es que no, no, no, no, no», afirma Fernández-Rizo en el fragmento, resumiendo en pocas palabras la paradoja central de cualquier proyecto de reconstrucción nacional.
Su diagnóstico es directo: «Todo el que tiene talento, que confiaba en sí mismo, que no dejó de confiar en sí mismo, se largó de Cuba».
Y la pregunta que sigue es estructural, no retórica: «¿Quién va a querer volver a un país que hay que hacerlo de cero y que los sueldos van a ser muy bajos?»
La propia conductora, Tania Costa, ilustra la tensión con su propio caso: «Yo soy el primero que yo no me voy. Yo voy allá de vacaciones», dice, reconociendo que ninguno de los cubanos de su entorno ha dicho que regresaría en el primer avión disponible.
Fernández-Rizo, que está próximo a cumplir 70 años, se excluye explícitamente de cualquier rol político o de reconstrucción directa: «Yo no soy político. Yo estoy aportando esto desde un punto de vista académico. Yo ni tengo ni nací con características ni con habilidades para político».
Su propuesta para resolver el vacío es la transferencia generacional: «Ya nosotros vamos para caída. Hay que dejarle todo, hay que darle nuestras experiencias y lo que hemos aprendido en nuestras enseñanzas. En eso dejemos a los jóvenes», señala, apuntando a los cubanos de veinte y treinta años como los verdaderos protagonistas de la reconstrucción.
El dilema que describe Fernández-Rizo tiene respaldo en cifras concretas. Cuba pasó de 106,131 médicos en 2021 a 75,364 en 2024, una pérdida de más de 30,000 galenos en apenas tres años.
En el primer semestre de 2025, 5,551 cubanos homologaron títulos universitarios en España, superando ya las cifras de todo 2024, con médicos, enfermeros, dentistas e ingenieros a la cabeza.
Más de un millón de personas han abandonado la isla desde 2021, en el mayor éxodo migratorio de la historia reciente de Cuba, y estudios históricos estiman que el país ha perdido alrededor de 400,000 profesionales por emigración calificada a lo largo de las décadas.
En paralelo, en el exilio han surgido iniciativas como el Partido Liberal Ortodoxo Cubano, fundado por Amelia Calzadilla y presentado formalmente en Madrid el 19 de mayo, que Fernández-Rizo menciona con aprobación por su alineación con el liberalismo clásico.
Fernández-Rizo también ha elaborado un borrador de Constitución para la transición basado en cuatro premisas —seguridad jurídica, estabilidad política, propiedad privada e incentivos correctos— e invoca la Constitución estadounidense como modelo: «Tan sencilla y tan simple. Y es la que más ha durado en esta época moderna».
Sin un marco jurídico y económico que garantice seguridad, propiedad y oportunidades reales, la pregunta de Fernández-Rizo seguirá sin respuesta: los cubanos con talento están fuera, están bien, y los incentivos para regresar a construir desde cero son, por ahora, escasos.
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