Tres meses después del derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate, los sobrevivientes fueron citados para escuchar por primera vez las grabaciones de las comunicaciones de los pilotos militares cubanos durante el ataque del 24 de febrero de 1996. Lo que oyeron los dejó sin palabras.
Sylvia Iriondo, quien iba a bordo de la tercera avioneta junto a su esposo Andrés y al piloto José Basulto, describe esas grabaciones como «escalofriantes»: en ellas se escucha a los pilotos cubanos celebrar con expresiones groseras la destrucción de las aeronaves civiles, desarmadas e indefensas en espacio aéreo internacional.
Una de las frases registradas en esas grabaciones resume la brutalidad del momento: «La otra es destruida, la otra es destruida. Patio a muerte, cabrones».
Iriondo recuerda que, durante el ataque, Basulto les advirtió desde la cabina: «Somos los próximos, nos van a tirar». Ella y su esposo se tomaron de la mano, convencidos de que serían los siguientes en ser derribados.
Pese a lo que presenciaron, la sobreviviente confiesa que durante horas se aferraron a la esperanza: «Siempre tuvimos la esperanza de que lo que pasó no hubiese sido la realidad del suceso», relata. Pensaban que quizás a los otros pilotos simplemente les habían ordenado aterrizar en la isla.
Tras el ataque, Basulto reportó lo ocurrido por radio. Las autoridades les ordenaron aterrizar en la base de Cayo Hueso, pero el piloto se negó: «¿Por qué vamos a ir hacia Cayo Hueso si nuestro hangar está en Miami, el hangar de Hermanos al Rescate, donde van a estar nuestra gente, nuestra comunidad y sobre todo los familiares?», dijo según el relato de Iriondo.
La avioneta se dirigió entonces al hangar de Opa-locka, en Miami, donde ya se congregaba una multitud consternada de hombres y mujeres que escuchaban las escasas noticias por radio, «espantados ante lo que se estaba escuchando», recuerda Iriondo.
Aquel crimen, cometido en el Estrecho de la Florida en espacio aéreo internacional según determinó la OACI, cobró la vida de cuatro jóvenes que ese día participaban voluntariamente como pilotos y observadores de la organización humanitaria.
«Ese crimen cobró la vida de Carlos Costa, Armando Alejandre, Mario Manuel de la Peña y Pablo Morales, cuatro jóvenes extraordinarios», dice Iriondo. «El mayor tenía 45 años, Armando Alejandre, y el menor tenía 24, Mario Manuel de la Peña».
Treinta años después, el Departamento de Justicia de EE.UU. presentó cargos penales contra Raúl Castro y otros cinco militares cubanos por este crimen el 20 de mayo de 2026, fecha simbólica del Día de la Independencia de Cuba.
Los cargos incluyen conspiración para asesinar a ciudadanos estadounidenses, destrucción de aeronaves y cuatro cargos de homicidio. Un gran jurado federal en Florida los había aprobado a finales de abril, aunque no se hicieron públicos hasta esa fecha.
La responsabilidad de Raúl Castro en el ataque quedó documentada en una grabación de audio publicada en 2006 por el periodista Wilfredo Cancio Isla en El Nuevo Herald, en la que el entonces ministro de las Fuerzas Armadas dice: «Yo decía que traten de tumbarlos arriba del territorio… Bueno, túmbenlos en el mar cuando se aparezcan».
Iriondo califica la imputación como «un primer paso efectivo» tras tres décadas de lucha por la justicia, y lamenta que su esposo Andrés, ya fallecido, no haya podido presenciar este momento.
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