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El presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, Mons. Marcelo González Amador, denunció que personas llegan a las parroquias «diciendo que llevan días sin comer» y que se registran «desmayos frecuentes durante las celebraciones» porque «mucha gente no ha comido», según declaraciones recogidas por ACI Prensa.
El obispo de Santa Clara, de 70 años, ofreció estas declaraciones en una entrevista con la organización Ayuda a la Iglesia Necesitada, en la que describió la situación de la isla como «el momento más difícil y más triste de la historia de mi pueblo del que tengo conciencia».
«Cuba duele», afirmó el prelado. «Todo es una lucha por sobrevivir. El presente es inseguro, el futuro totalmente incierto».
González Amador explicó que los alimentos no pueden conservarse por la falta de electricidad, un problema que también ha puesto fin a las adoraciones nocturnas e incrementado los robos en calles y viviendas.
El colapso no se limita a la alimentación. El obispo advirtió que «en algunos hospitales importantes no se están realizando operaciones por falta de agua» y de materiales quirúrgicos.
«Conozco más de un caso en que alguna persona tuvo que buscar con familiares o amigos en el exterior todos los recursos para poder ser intervenido, incluso el hilo para sutura», señaló.
Este testimonio coincide con los datos del Food Monitor Program, que reveló que el 33,9% de los hogares cubanos reportó que al menos una persona se fue a dormir sin comer durante 2025, y que el 94,9% perdió acceso a la compra de alimentos ese año. El 79,7% de los cubanos atribuye la crisis a la deficiente administración estatal.
El déficit eléctrico en Cuba superó los 2,100 MW en varias ocasiones durante mayo, y el 16 de ese mes el 51% del país quedó sin electricidad de forma simultánea.
El obispo también describió el miedo generalizado a un posible conflicto con Estados Unidos. «El miedo a la guerra es tremendo; forma parte de la preocupación cotidiana de muchas personas. Hay un discurso constante hablando de eso, lo cual crea angustia, sobre todo entre los niños y los ancianos», indicó.
«En la calle se escucha: No podemos más con tanto dolor y no tenemos a quién acudir», relató González Amador, quien también apuntó al éxodo masivo: «El que puede emigrar, lo está haciendo. Se queda un país cada vez más envejecido, solo con ancianos, sin recursos y con pensiones mínimas».
Frente al abandono del Estado, la Iglesia ha asumido un papel central en la asistencia humanitaria. Un comedor parroquial atiende a más de 300 personas; las religiosas han llegado a mezclar latas de frijoles negros y blancos para ofrecer más platos.
EE.UU. envió dos aviones con ayuda humanitaria a Cuba el pasado viernes, con 1,900 kits de alimentos e higiene distribuidos por Cáritas en Santiago de Cuba, en el marco de la oferta de 100 millones de dólares en asistencia humanitaria condicionada a que el régimen no intervenga en su distribución.
Cáritas Cuba también continúa repartiendo ayuda para los afectados por el huracán Melissa de octubre de 2025 en las diócesis de Holguín-Las Tunas, Bayamo-Manzanillo, Santiago de Cuba y Guantánamo-Baracoa.
«Aunque muchos se marchan de la isla, la Iglesia se queda; el pueblo reconoce y agradece esta elección», concluyó Mons. González Amador, quien pidió no olvidarse de Cuba y recordó que «cualquier ayuda cuenta».
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