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La industria alimentaria de Ciego de Ávila atraviesa un momento crítico. Según declaraciones recogidas por el periódico Invasor, la provincia apenas ha podido garantizar «dos días de pan de la canasta básica» durante mayo.
Según un reportaje del periódico local las limitaciones en la disponibilidad de harina han afectado la producción de pan normado y en los últimos días del mes «la provincia recibió 32 toneladas del cereal, una cantidad que permitió apenas dos días de cobertura total para los más de 430 000 avileños».
La crisis energética agrava aún más el panorama productivo. Ante los apagones, la empresa ha tenido que movilizar más de 25 hornos eléctricos para evitar que la masa se acidifique, y ha recuperado hornos de leña como alternativa. En algunas panaderías, la masa se elabora en un local con electricidad y se traslada a otro para hornearse, un proceso que, según admiten los propios especialistas, deteriora la calidad final del producto.
Una pregunta recurrente entre la población es por qué hay producción de dulces y repostería si falta harina para el pan de la bodega. Pina Joba explicó que esa harina proviene de contratos con actores económicos privados. «Hoy nosotros tenemos contrato con los actores económicos que nos han permitido adquirir una harina diferenciada para poder mantener estas producciones de repostería», señaló. En cuanto al pan liberado dijo que en ese momento no tenían.
Esta situación no es nueva en Ciego de Ávila: en mayo de 2025 la distribución ya se limitaba a días alternos, con la harina cubriendo apenas el 50% de la demanda. El deterioro ha sido constante desde septiembre de 2023, cuando la ración se redujo de 80 a 50 gramos por persona.
El colapso tampoco es exclusivo de esta provincia. En Villa Clara, el pan normado quedó restringido a menores de 13 años y mayores de 65 desde febrero. En marzo, un video viral documentó a cubanos sin pan de la bodega por más de tres semanas. Y en mayo, la libreta de abastecimiento colapsó funcionalmente en toda la isla, con bodegas habaneras que solo ofrecían arroz, azúcar y chícharos partidos.
Para sobrevivir financieramente, la Industria Alimentaria avileña —con una nómina de más de 1,300 trabajadores— ha diversificado su producción hacia croquetas con extensores de yuca, calabaza y boniato, chicharritas de plátano y sopas de fideos. En un giro que refleja la profundidad de la crisis, la empresa proyecta abrir una tienda de venta de piezas de vehículos y arrendar nueve camiones parados —con gomas nuevas desde diciembre— para poder pagar los salarios de su plantilla.
El propio periódico Invasor describió así la gravedad de la situación: «El pan de la canasta básica, históricamente un alimento de presencia diaria, se ha convertido en un artículo de aparición intermitente. Los hornos de leña han vuelto a encenderse como alternativa a la falta de electricidad. Y la industria alimentaria, cuya misión central es alimentar a la población, busca hoy oxígeno financiero en talleres mecánicos y repuestos de autos».
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