El analista político Julio Shiling fue categórico en CiberCuba al señalar que figuras como Sandro Castro y Raúl Guillermo Rodríguez Castro, apodado «El Cangrejo», no tienen cabida en una Cuba libre. Lo dijo en una entrevista con la periodista Tania Costa tras su participación en el foro sobre la Constitución de 1940 celebrado el 1 de junio en el Museo Cubano de la Diáspora, en Miami.
«Sandro Castro y el Cangrejo, que se olviden de su club, de su casa, esos iban fuera, fuera, porque fueron parte de esa maquinaria sanguinaria y no pueden estar a expensas del pueblo de Cuba», declaró Shiling sin ambigüedades.
Sandro Castro, nieto de Fidel Castro y propietario del Bar EFE en El Vedado, se ha convertido en la figura de la dinastía castrista más visible en redes sociales, con más de 150,000 seguidores en Instagram. Pese a declararse «revolucionario, pero no comunista», ha generado controversia por su estilo de vida ostentoso en medio de la crisis cubana, incluyendo una fiesta de cumpleaños en diciembre de 2024 durante un gran apagón nacional.
En cuanto a «El Cangrejo», apodado así por una condición congénita, se trata del nieto de Raúl Castro e hijo del general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, quien dirigió el conglomerado militar-económico GAESA hasta su muerte en julio de 2022. En 2016, Raúl Guillermo Rodriguez fue nombrado jefe de la Dirección General de Seguridad Personal del Ministerio del Interior, encargada de proteger al propio Raúl Castro. El País lo perfiló en mayo de 2026 como figura que «se sienta a hablar con Estados Unidos».
Más allá de la exclusión de la nomenclatura, Shiling detalló una agenda completa de justicia transicional. Propone repudiar las «deudas odiosas» contraídas por el castrismo con prestamistas que conocían la naturaleza del régimen, y sostiene que «el Estado cubano libre tiene derecho a llevarlos a los tribunales y pedir indemnización por los años que explotaron a los obreros cubanos», en referencia a las empresas extranjeras que operaron en la isla.
El analista también defiende la proscripción del Partido Comunista de Cuba bajo el concepto de «democracia militante», aunque aclaró que sí habría espacio para la izquierda democrática. «Los que forjaron la Constitución de 1940 era principalmente la izquierda moderada, o sea, la socialdemocracia. El Partido Comunista es otra cosa completamente diferente».
Shiling incluyó además un proceso de descomunización entre los mecanismos imprescindibles: «Toda la simbología, todas las calles que glorifican a los terroristas que tomaron el poder en 1959, todo eso hay que cambiarlo», junto con la remoción de estatuas y una memorialización que preserve la memoria histórica colectiva.
Para defender la Constitución de 1940 como base de la transición —en lugar de redactar una nueva desde cero—, Shiling recurrió a una metáfora: «Alguien pudiera decir: bueno, está muy lindo, pero vamos a destruirlo y a hacer uno nuevo. Otra versión podría ser: no, vamos a arreglarlo, vamos a modernizarlo, pero vamos a dejar esa joya histórica», comparando la carta magna con el edificio Empire State.
«Todo esto que he descrito encaja de una manera razonable, sensata y proclive a la reconciliación adoptando la Constitución de 1940, que fue una muestra casi perfecta del ejercicio democrático», concluyó Shiling.
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