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Estados Unidos ejecutó este martes una serie de bombardeos contra instalaciones militares iraníes en las inmediaciones del estrecho de Ormuz, en una operación que marca una nueva escalada en el conflicto entre Washington y Teherán.
Según informó el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), cazas de la Fuerza Aérea y aeronaves de la Marina atacaron sistemas de defensa aérea, estaciones de control terrestre y radares de vigilancia utilizados por las fuerzas iraníes. Un funcionario estadounidense citado por Reuters afirmó que fueron alcanzados cerca de 20 objetivos.
La Casa Blanca justificó la ofensiva como una respuesta al incidente ocurrido frente a las costas de Omán, donde un helicóptero Apache estadounidense se precipitó al mar tras ser alcanzado por un dron iraní.
Aunque las autoridades estadounidenses no han determinado públicamente si el choque fue accidental o intencional, el presidente Donald Trump autorizó la operación tras recibir información adicional de sus asesores militares.
La acción representa el primer gran ataque estadounidense desde el alto el fuego alcanzado entre ambos países el pasado 7 de abril, una tregua que buscaba abrir espacio para negociaciones destinadas a poner fin a la guerra.
Sin embargo, las conversaciones diplomáticas se han estancado en los últimos meses debido a desacuerdos sobre el programa nuclear iraní y otros asuntos de seguridad regional. Funcionarios de ambos países habían expresado dudas sobre la viabilidad de alcanzar un acuerdo permanente.
De acuerdo con evaluaciones preliminares del Pentágono recogidas por The Telegraph, la mayoría de los misiles y drones lanzados posteriormente por Irán fueron interceptados y no se reportaron bajas estadounidenses ni daños significativos en instalaciones militares.
Mientras tanto, medios estatales iraníes denunciaron que algunos de los ataques estadounidenses afectaron infraestructuras civiles en la provincia de Hormozgán, incluidos depósitos de agua que abastecen a miles de personas en la localidad de Sirik.
La operación militar vuelve a elevar la tensión en una de las regiones más estratégicas del mundo para el comercio energético, debido a la importancia del estrecho de Ormuz para el tránsito internacional de petróleo y gas.
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