¿Qué cambia realmente con la nueva fuerza militar del Comando Sur?

General Francis L. Donovan, jefe del Comando Sur © mcicom.marines.mil
General Francis L. Donovan, jefe del Comando Sur Foto © mcicom.marines.mil

La activación de la Fuerza de Tarea Conjunta Hemisferio Occidental (JTF-WHEM), anunciada este lunes por el Comando Sur de Estados Unidos (SOUTHCOM), fue presentada oficialmente como una nueva herramienta para combatir carteles de la droga y otras amenazas transnacionales.

Sin embargo, la decisión va mucho más allá de una simple reorganización militar o de un cambio de nombre respecto a la anterior Fuerza de Tarea Southern Spear (Lanza del Sur en español).

Vista en el contexto de las decisiones adoptadas por Washington durante el último año, la creación de la JTF-WHEM representa el paso más reciente de un cambio doctrinal que ha devuelto al hemisferio occidental al centro de la estrategia de seguridad estadounidense.

Ese giro no responde únicamente al combate contra el narcotráfico, sino también a una redefinición mucho más amplia de las amenazas que, según la administración Trump, afectan hoy a la seguridad nacional de Estados Unidos.

Un cambio que comenzó mucho antes

La transformación no empezó con el anuncio del Comando Sur.

Su origen puede situarse en diciembre de 2025, cuando la Casa Blanca publicó la nueva Estrategia de Seguridad Nacional (NSS 2025), un documento que rompió con el enfoque global de administraciones anteriores para situar nuevamente al hemisferio occidental entre las prioridades fundamentales de la política exterior y de seguridad estadounidense.

La NSS sostiene que la protección del territorio nacional comienza por garantizar la estabilidad y la influencia de Estados Unidos en su propio entorno geográfico. Bajo esa lógica, América Latina y el Caribe recuperan una importancia estratégica que no tenían desde hacía décadas.

Dos meses después, el Pentágono desarrolló esa visión mediante la nueva Estrategia de Defensa Nacional (NDS 2026).

El documento traduce esa prioridad política en objetivos militares concretos: reforzar la presencia estadounidense en el hemisferio, proteger las rutas estratégicas, fortalecer las alianzas regionales y limitar la influencia de actores considerados adversarios, como China, Rusia e Irán.

En otras palabras, Washington dejó de considerar el hemisferio occidental como un escenario secundario para convertirlo nuevamente en uno de los principales espacios de competencia estratégica.

Del documento a la acción

La activación de la JTF-WHEM representa, probablemente, la consecuencia más visible de ese cambio doctrinal.

Hasta ahora, Southern Spear funcionaba como una campaña militar centrada en operaciones contra organizaciones criminales transnacionales.

La nueva Fuerza de Tarea Conjunta Hemisferio Occidental transforma esa campaña en una estructura permanente del Comando Sur, con capacidad para coordinar fuerzas navales, aéreas, terrestres, de inteligencia y de operaciones especiales junto a una coalición integrada por 18 países del continente.

Durante la ceremonia de activación, el comandante del SOUTHCOM, general Francis L. Donovan, aseguró que la nueva fuerza aplicará "fricción sistémica total" contra las redes que amenazan a Estados Unidos y a sus socios regionales, y la definió como "el brazo de acción del Comando Sur".

No se trata de una expresión improvisada.

En su comparecencia ante el Congreso este año, Donovan ya había identificado como una de las prioridades del mando "imponer fricción sistémica total a los carteles y otras organizaciones terroristas y criminales transnacionales", al tiempo que defendía la necesidad de fortalecer la posición estratégica de Estados Unidos en el hemisferio occidental frente a actores estatales y no estatales que desafían sus intereses.

La JTF-WHEM es, precisamente, la estructura creada para ejecutar esa estrategia.

Una amenaza definida por distintas instituciones

La importancia de esta reorganización no radica únicamente en el combate contra los carteles.

Durante los últimos meses, distintas instituciones estadounidenses han ido construyendo una definición mucho más amplia de las amenazas que afectan al hemisferio.

La NSS 2025 sitúa la influencia de potencias rivales en América Latina como un problema prioritario de seguridad nacional. La NDS 2026 incorpora ese diagnóstico a la planificación militar.

El Pentágono, por su parte, ha endurecido públicamente su caracterización del régimen cubano.

Durante una audiencia ante la Cámara de Representantes, el subsecretario adjunto de Defensa interino, Joseph Humire, afirmó que Cuba ha sido "uno de los adversarios de inteligencia más fuertes" que ha enfrentado Estados Unidos y sostuvo que la influencia de La Habana se extiende a gobiernos e instituciones de seguridad en distintos países del hemisferio.

Poco después, el Departamento de Estado publicó un informe de cien páginas en el que acusa al régimen cubano de mantener durante casi siete décadas una estrategia de espionaje, infiltración, subversión e influencia política contra Estados Unidos, además de actuar como plataforma para los intereses de China y Rusia en la región.

A ello se suman las crecientes sanciones económicas, las declaraciones del secretario de Estado, Marco Rubio, reclamando una transición democrática en la isla, y las informaciones publicadas por medios estadounidenses sobre la planificación de escenarios de contingencia relacionados con Cuba, aunque el propio Pentágono ha insistido en que esos ejercicios forman parte de la planificación militar habitual y no implican una decisión de intervenir en la isla.

FLEX2026 y la transformación del Comando Sur

La creación de la JTF-WHEM coincide además con una profunda modernización del propio Comando Sur.

Durante los ejercicios FLEX2026, desarrollados este año en el estrecho de Florida y el Caribe, la Armada estadounidense ensayó un nuevo modelo de operaciones basado en inteligencia artificial, drones, plataformas autónomas y sistemas de vigilancia capaces de detectar, seguir e interceptar objetivos marítimos en tiempo real.

Aquellas maniobras mostraron cómo el SOUTHCOM está incorporando nuevas capacidades para operar de forma permanente en el hemisferio.

La nueva fuerza conjunta proporciona ahora la estructura de mando necesaria para integrar esas capacidades dentro de una campaña sostenida.

¿Qué significa para Cuba?

La misión oficial de la JTF-WHEM no menciona a Cuba ni plantea operaciones dirigidas contra el régimen cubano.

Sin embargo, su creación difícilmente puede analizarse al margen del contexto estratégico construido por Washington durante los últimos meses.

La Casa Blanca ha devuelto al hemisferio occidental al centro de su estrategia de seguridad. El Pentágono ha reforzado el papel del Comando Sur dentro de esa nueva doctrina.

El Departamento de Defensa identifica públicamente al régimen cubano como uno de los principales adversarios de inteligencia de Estados Unidos en la región.

Y el Departamento de Estado sostiene que La Habana continúa desempeñando un papel relevante dentro de las redes de influencia, espionaje y cooperación con gobiernos considerados rivales de Washington.

La JTF-WHEM no nace para combatir exclusivamente esa amenaza.

Pero sí forma parte de una arquitectura de seguridad diseñada para responder a un conjunto de desafíos que la administración Trump considera ya presentes en el hemisferio occidental.

Vista desde esa perspectiva, la nueva fuerza militar representa mucho más que un cambio administrativo.

Consolida una estrategia que combina presión diplomática, inteligencia, cooperación regional y presencia militar permanente en el Caribe y América Latina.

Y aunque Cuba no figure como objetivo declarado de la nueva estructura, el endurecimiento de la política estadounidense hacia La Habana convierte inevitablemente su creación en una decisión de especial interés para el régimen cubano y para el futuro equilibrio estratégico de la región.

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Iván León

Licenciado en periodismo. Máster en Diplomacia y RR.II. por la Escuela Diplomática de Madrid. Máster en RR.II. e Integración Europea por la UAB.






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Iván León

Licenciado en periodismo. Máster en Diplomacia y RR.II. por la Escuela Diplomática de Madrid. Máster en RR.II. e Integración Europea por la UAB.

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