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El régimen iraní proclamó este martes su victoria tras alcanzar un hipotético acuerdo de cese de hostilidades con Estados Unidos, que pondría fin a 110 días de guerra iniciada el 28 de febrero de 2026, cuando Washington e Israel lanzaron una campaña de ataques coordinados contra instalaciones militares y nucleares en territorio iraní.
Acorde a la agencia oficial IRNA, la Secretaría del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán anunció oficialmente el acuerdo el 14 de junio, estableciendo la cesación inmediata y permanente de hostilidades en todos los frentes, incluido Líbano, y el levantamiento completo del bloqueo naval en el Estrecho de Ormuz.
El memorando de entendimiento, conocido como «negociaciones de Islamabad» por el papel mediador de Pakistán, será firmado formalmente este viernes 19 de junio en Suiza, con Catar también reconocido por Teherán como facilitador diplomático clave.
Según la agencia del régimen, entre los puntos pactados, EE. UU. reconoce la soberanía e integridad territorial de Irán y Líbano, y se habría comprometido a desbloquear al menos 12,000 millones de dólares en fondos iraníes congelados por la venta de petróleo.
Las cuestiones más sensibles —el programa nuclear iraní y el levantamiento de sanciones— quedarían diferidas a una segunda fase de negociaciones, condicionada al cumplimiento previo de los compromisos del memorando.
Las autoridades iraníes enmarcan el acuerdo como una victoria de supervivencia del régimen, no como un triunfo militar convencional.
«El enemigo pensaba que el país se derrumbaría durante la guerra y que el mercado, las administraciones y el sistema dejarían de funcionar. Pero eso no ocurrió», declaró el presidente Massoud Pezeshkian en una conferencia en Teherán ante gobernadores provinciales y alcaldes.
El régimen sobrevivió pese al asesinato del Líder Supremo Alí Jamenei en las primeras horas del conflicto, la muerte de decenas de comandantes y una profunda crisis económica previa agravada por las masivas protestas de enero de 2026, reprimidas con una violencia sin precedentes.
Las autoridades iraníes reconocen 3,117 muertos en aquellas protestas, aunque la organización de derechos humanos Hnara ha identificado más de 7,000 fallecidos e investiga otras 11,000 desapariciones. Por su parte, el presidente Donald Trump llegó a cifrar en 42.000 los civiles iraníes muertos por la represión del régimen de los ayatolás.
Fue precisamente ese contexto de debilidad interna el que llevó a Trump y Benjamin Netanyahu a calcular que un ataque militar podría derrumbar el régimen desde dentro.
«Trump y Netanyahu estaban seguros de que la población saldría a las calles a derrocar al sistema. Lo que no entendieron es que la población tenía miedo después de lo ocurrido en enero; no quería arriesgar su vida sin la certeza de lograr algo», explicó un periodista local a la agencia iraní.
La Guardia Revolucionaria, que había aprendido lecciones de la «guerra de los 12 días» de junio de 2025, reaccionó con mayor rapidez en este nuevo conflicto, ejecutando ataques con misiles y drones contra bases estadounidenses en la región.
El ministro de Relaciones Exteriores, Abbas Araqchi, advirtió que las negociaciones futuras se desarrollarán en un clima de profunda desconfianza: «Estamos planificando el proceso de negociación y la implementación del acuerdo sobre la base de la desconfianza, de los incumplimientos de compromisos del pasado y de las experiencias anteriores».
Araqchi fue también categórico sobre el programa nuclear: «No existe una solución militar para el programa nuclear iraní. La única solución es la diplomacia. Por eso Estados Unidos ha vuelto a la mesa de negociación».
El escepticismo sobre la durabilidad del acuerdo es generalizado, y la segunda fase de negociaciones —que incluirá el programa nuclear y el levantamiento de sanciones— se perfila como el verdadero campo de batalla diplomático entre Washington y Teherán en los próximos meses.
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