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Delta Air Lines eliminó por completo su vuelo diario entre Atlanta y La Habana y recortó a la mitad sus frecuencias desde Miami, según informó esta semana el medio especializado en viajes Caribbean News Digital.
La medida fue autorizada por el Departamento de Transporte de Estados Unidos (DOT) a través de una exención temporal de inactividad que permite a la aerolínea congelar sus franjas horarias sin perder los derechos de vuelo a largo plazo.
El detalle de los recortes
El servicio diario desde el Aeropuerto Internacional Hartsfield-Jackson de Atlanta -el principal hub global de Delta- quedó completamente cancelado.
Paralelamente, en Miami la aerolínea pasó de dos frecuencias diarias a una sola, lo que equivale a una reducción del 50% de su capacidad semanal de asientos hacia la isla.
La compañía justificó la decisión con una frase contundente:
«Las condiciones actuales del mercado de aviación simplemente no justifican el volumen de asientos asignado previamente».
Delta concentrará sus operaciones en el segmento de visitas a familiares y amigos desde Miami, considerado el más resistente del tráfico entre Estados Unidos y Cuba, y dejó abierta la posibilidad de restaurar frecuencias si la demanda muestra una recuperación sostenida.
Un turismo en caída libre
La decisión de Delta refleja un colapso generalizado del turismo cubano en 2026.
Según la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), Cuba recibió apenas 30,883 visitantes internacionales en mayo, la cifra mensual más baja en años.
En los primeros cinco meses del año, la isla acumuló 359,491 turistas, un 58,4% menos que en el mismo período de 2025.
Los principales mercados emisores se desplomaron sin excepción: Canadá cayó un 67,4%, hasta 126.239 visitantes; Rusia retrocedió un 62,5%, hasta 21.136; y Estados Unidos bajó un 55,3%, hasta 25,572.
El único segmento que resistió fue justamente la comunidad cubana en el exterior, que pasó de representar el 6,8% de los visitantes en enero al 47,6% en mayo.
La crisis del combustible y la presión política
Detrás del derrumbe de la conectividad aérea hay una crisis energética que se agudizó desde enero de 2026.
La Orden Ejecutiva 14380, firmada por Donald Trump el 29 de enero, declaró una emergencia nacional respecto a Cuba y autorizó aranceles adicionales contra países que suministren petróleo a la isla.
Semanas después, Cuba alertó de la indisponibilidad de combustible Jet A-1 en nueve aeropuertos internacionales, desencadenando una cascada de cancelaciones.
Las aerolíneas estadounidenses han recurrido al «tankering» -cargar combustible suficiente desde territorio continental para el viaje de ida y vuelta- para sortear la escasez local.
Aun así, la combinación de restricciones regulatorias, caída de la demanda y mayores costos operativos ha erosionado la viabilidad de mantener múltiples frecuencias.
Al menos 11 aerolíneas internacionales han suspendido vuelos a Cuba en 2026: Air Canada, WestJet, Sunwing, Air Transat, LATAM Perú, Magnicharters, Air France, Iberia, Rossiya, Nordwind y Turkish Airlines.
Air Transat atribuyó pérdidas de 17.8 millones de dólares directamente a la suspensión de sus rutas.
Iberia suspendió su ruta directa Madrid–La Habana el 1 de junio, calificando la medida como una decisión que «afecta exclusivamente a Cuba, debido a su situación excepcional».
A esa presión operativa se suma la política. El congresista cubanoamericano Carlos Giménez envió cartas en febrero a los directores ejecutivos de American Airlines y Delta pidiéndoles cancelar todos sus vuelos a Cuba, argumentando que «proporcionan a la dictadura moneda fuerte que solo beneficia a su aparato represivo y no al pueblo cubano».
Cuba cerró 2025 con apenas 1.8 millones de visitantes, el peor dato desde 2002 —sin contar los años de pandemia.
La cifra está muy lejos de los 4.6 millones registrados en 2018.
La tasa de ocupación hotelera cayó al 12,9% en el primer trimestre de 2026, menos de la mitad del 23,7% del mismo período del año anterior.
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