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El periódico oficialista Invasor de Ciego de Ávila tiene la respuesta: la culpa es del embargo estadounidense. Así lo publicó este viernes con toda la seriedad del mundo, atribuyendo al «recrudecimiento del bloqueo económico, financiero y comercial por parte de la actual administración estadounidense» el hecho de que la Empresa de Productos Lácteos de Ciego de Ávila apenas reciba el 15% de la leche vacuna prevista en su plan diario de procesamiento industrial.
En números concretos: la entidad recibe entre 4,800 y 5,000 litros diarios de los 33,700 planificados, según reconoció Daniel Moll Espinosa, director de Negocios de la empresa, al propio medio estatal.
Pero entre las líneas del mismo artículo asoman, casi sin querer, las verdaderas razones del desastre: déficit de combustible, apagones prolongados, escasez de piezas para los camiones de transporte, falta de refrigeración que acidifica la leche antes de llegar a las bodegas, y una deuda acumulada de 13 millones de pesos al sector campesino y cooperativo que durante meses no cobró por su trabajo. Eso sí, todo culpa de Trump.
La distribución planificada en los municipios de Ciego de Ávila y Morón es cada tres días, pero los consumidores llegan a pasar más de seis días sin recibir lo que les corresponde. Y lo que les corresponde tampoco es mucho: a los niños de uno a dos años se les entrega un «pomo» que, según aclaró el propio Moll Espinosa, «no significa exactamente un litro del alimento porque equivale a 0.917 mililitros». A los de dos a seis años, a las embarazadas y a quienes tienen dietas médicas, les toca medio pomo, «siempre que lo permita la asignación de combustible y otros factores que a menudo afectan la distribución».
La frase merece repetirse: medio pomo de leche para un niño, siempre que haya combustible.
Para los bebés de cero a un año, la solución es leche en polvo importada. En mayo les distribuyeron tres bolsitas de 600 gramos. El régimen lleva décadas sin poder producir suficiente leche y en 2024 tuvo que pedir ayuda a la ONU para garantizar ese suministro mínimo.
El ministro de la Industria Alimentaria, Alberto López Díaz, admitió el 5 de junio ante la Mesa Redonda que más de 100,000 niños en Cuba no reciben su leche diaria y que el plan oficial —leche en polvo para 331,000 niños y leche fluida para 200,000— no se está cumpliendo. El sector acumuló pérdidas de más de 450 millones de dólares en 2025.
La ironía histórica es insoslayable. El 26 de julio de 2007, en Camagüey, Raúl Castro enfatizó que Cuba debía producir leche suficiente para «todo el que quiera tomarse un vaso». Casi 19 años después, esa promesa es el símbolo más duradero del incumplimiento gubernamental. Un cibernauta lo resumió con precisión al enterarse de la nueva promesa oficial de «soberanía eléctrica para 2050»: «Hace 20 años estamos esperando el vaso de leche que Raúl iba a dar».
Mientras tanto, la propia prensa oficial documentó en 2025 que en Camagüey —principal cuenca lechera del país— cientos de productores no habían entregado ni un vaso de leche en lo que iba del año, y que el 36% de los contratados incumplía sus planes. Las causas identificadas por el propio Granma incluían mal manejo del ganado, hurto y sacrificio ilegal de vacas, impagos y pérdida de la cultura ganadera. Ninguna de esas causas tiene apellido Trump.
Ante el colapso, la empresa láctea avileña encontró una solución creativa: vender croquetas, pan, dulces y pizzas para generar ingresos. Una fábrica de lácteos reconvertida en panadería-pizzería es, quizás, la metáfora más exacta del estado de la economía cubana.
Un día antes de la aparición del texto en Invasor, el primer ministro Manuel Marrero Cruz presentó ante la Asamblea Nacional un paquete de 176 medidas económicas que incluye apertura al capital privado en la agricultura: el reconocimiento implícito de que el modelo estatal centralizado, ese que lleva 67 años prometiendo vasos de leche, no ha funcionado. En el mercado informal de Ciego de Ávila, medio kilo de leche en polvo llegó a costar 2,333 pesos en abril de 2026. La culpa, según Invasor, es de Washington.
Preguntas Frecuentes sobre la Crisis de Suministro de Leche en Cuba
CiberCuba te lo explica:
¿Cuál es la causa principal de la falta de leche en Cuba?
La falta de leche en Cuba se atribuye a múltiples factores internos como el déficit de combustible, apagones prolongados y problemas logísticos, aunque el gobierno culpa al embargo estadounidense. A pesar de las afirmaciones oficiales, la crisis se debe en gran medida a un modelo económico fallido que ha debilitado la producción nacional de alimentos.
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¿Cómo afecta el embargo estadounidense al suministro de leche en Cuba?
El gobierno cubano culpa al embargo estadounidense por las dificultades para importar leche y otros alimentos. Sin embargo, Cuba ha mantenido un comercio continuo de alimentos con EE. UU. durante más de dos décadas, lo que sugiere que el problema principal es interno y no exclusivamente por el embargo.
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¿Cómo afecta la crisis de la leche a los niños en Cuba?
Más de 100,000 niños en Cuba no reciben su ración diaria de leche, exacerbando la inseguridad alimentaria infantil. La escasez obliga a las familias a depender del mercado informal, donde los precios son insostenibles para la mayoría.
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¿Qué medidas ha tomado el gobierno cubano para enfrentar la crisis de alimentos?
El gobierno ha anunciado la apertura al capital privado en la agricultura y la instalación de fuentes de energía renovable. Sin embargo, estas medidas no abordan la raíz del problema, que es la dependencia del país de las importaciones para satisfacer sus necesidades básicas.
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¿Cuál ha sido el impacto económico de la crisis alimentaria en Cuba?
La crisis ha generado pérdidas de más de 450 millones de dólares en el sector alimentario en 2025. Además, la inflación y la escasez han reducido severamente la capacidad de compra de las familias cubanas, afectando su calidad de vida.
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