El economista cubano Mauricio de Miranda aseguró en una entrevista con Tania Costa en CiberCuba que las 176 medidas aprobadas en junio de 2026 no están diseñadas para mejorar la vida de los cubanos, sino para enviar un mensaje político a sectores del gobierno de Estados Unidos interesados en oportunidades de negocios.
Mauricio de Miranda, integrante del grupo Cuba Transformación, formado por cinco economistas cubanos, considera que el anuncio y su posterior visto bueno en la Asamblea Nacional va dirigido, «sobre todo, para que lo lean en la orilla de enfrente. En realidad creo que estas medidas están dirigidas a decirle a determinadas personas del gobierno de los EEUU: mire, somos capaces de abrir la economía, vamos a abrir al sector privado, no vamos a mover ni un ápice del sistema político, pero bueno, si a algunos de ustedes no les interesa el tema político, lo que les interesa es la oportunidad para los negocios, aquí van a tener todas las oportunidades posibles».
Para el economista, esa lógica tiene consecuencias gravísimas. «Eso es gravísimo para el destino de Cuba», dijo.
El argumento central de Mauricio de Miranda es que la economía, cuando se convierte en política económica, no puede separarse del tipo de Estado que la ejecuta. «Yo creo que es muy importante que tengamos claro que la economía cuando se aborda desde un punto de vista normativo y se convierte en política económica tiene mucho que ver con la política. ¿Cuál es el tipo de Estado que va a llevar a cabo este tipo de políticas?».
Sin contrapesos institucionales, advierte, el desenlace está escrito. «Si no existen los mecanismos de contrapeso político, si no existe un cuerpo legal que sea ordenado, pues sencillamente lo que va a pasar es una transición a la rusa o unos cambios políticos a la rusa».
Ese escenario no es una metáfora vaga. Mauricio de Miranda publicó en diciembre de 2025 un análisis sobre el capitalismo autoritario postsoviético en el portal Cuba x Cuba, donde abordó cómo Rusia y las repúblicas de Asia Central transitaron del comunismo burocrático a un capitalismo patrimonial en el que las élites del partido se reconvirtieron en oligarcas mediante privatizaciones opacas.
En ese modelo, las reformas económicas no beneficiaron a la población, sino a quienes ya controlaban el poder político.
De Miranda es categórico al señalar dónde reside el problema real. «Esto no es un problema de los economistas, esto es un problema del sistema político y es una decisión política».
Estas declaraciones coinciden con el Departamento de Estado de EE.UU., que calificó las reformas de «señales de humo superficiales» apenas un día después de su ratificación, y la Administración Trump impuso nuevas sanciones contra cinco entidades vinculadas a GAESA y contra la esposa de Alejandro Castro Espín el martes, cuatro días después del anuncio del paquete.
La organización Food Monitor Program también alertó este miércoles de que la venta de participaciones en empresas estatales sin licitaciones transparentes podría reproducir patrones de «capitalismo de compinches», una preocupación que coincide con el análisis de Miranda.
También este miércoles se ha sabido que el vicesecretario de Estado de Estados Unidos, Christopher Landau, exigió ante la 56.ª Asamblea General de la OEA en Ciudad de Panamá que el régimen cubano promulgue reformas económicas y políticas de inmediato, al tiempo que lo calificó de Estado en colapso que «no tiene otra opción».
El grupo Cuba Transformación, del que forma parte Mauricio de Miranda junto a Pedro Monreal, Pavel Vidal, Omar Everleny y Ricardo Torres, propone una alternativa: una economía social de mercado construida, en palabras del propio economista, «en un contexto político e institucional característico de un estado de derecho democrático».
Sin ese marco, concluye Miranda, cualquier apertura económica en Cuba corre el riesgo de convertirse no en una reforma para los ciudadanos, sino en una privatización para los de siempre, con otro nombre.
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