Reformas radicales en Cuba llegan tarde para un país hundido en apagones y escasez, advierte The Economist

The Economist advierte que las 176 reformas aprobadas por Cuba son las más radicales desde 1959, pero llegan demasiado tarde para un país en colapso.



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Un paquete de 176 reformas económicas aprobado en sesión extraordinaria por la Asamblea Nacional el 18 de junio representa el intento de transformación más radical desde la revolución de 1959, pero llega cuando Cuba ya se encuentra al borde del colapso, según un análisis publicado por The Economist.

Las medidas, agrupadas en 23 ejes estratégicos, apuntan a empujar la economía hacia el mercado mientras el Estado conserva el control. Eliminarían el tope de 100 trabajadores para las empresas privadas, permitirían a los emprendedores poseer múltiples negocios, autorizarían la banca privada y abrirían el mercado de divisas.

Las empresas estatales podrían venderse, emitir acciones e incluso declararse en quiebra. Los subsidios universales de la libreta de abastecimiento serían reemplazados por apoyos directos a personas en situación de vulnerabilidad.

El economista Juan Triana Barros, de la Universidad de La Habana, describió el modelo como un «socialismo de mercado a la cubana», aunque el propio The Economist advierte que no todos están convencidos de que eso sea lo que realmente se implementará.

El escepticismo es generalizado. Un funcionario del Departamento de Estado de Estados Unidos descartó las propuestas como «señales de humo superficiales».

Un ex traductor en La Habana las calificó de «circo».

El régimen ha prometido cambios en múltiples ocasiones anteriores para luego frenarlos, y la implementación de este paquete exigiría modificar más de 148 disposiciones legales, derogar 15 leyes y crear 32 nuevas normas.

Las reformas llegan además en el peor momento económico de la historia reciente de la isla. La economía se ha contraído más del 20% desde 2020.

Un dólar cotiza a más de 600 pesos en el mercado informal, lo que deja el salario mínimo mensual en apenas cinco dólares.

La inflación oficial rozó el 16% interanual en mayo, aunque la real es considerablemente mayor.

El turismo cayó un 58% en los primeros cinco meses del año, con solo 30,883 visitantes en mayo.

Los apagones duran hasta 22 horas diarias incluso en el centro de La Habana. «Es agotador», dijo a The Economist un padre de dos hijos en la capital. El agua corre día de por medio.

La presión de Washington es un factor central en este escenario. Desde enero de 2026, la administración Trump ha impuesto más de 240 sanciones contra el régimen, interceptado al menos siete tanqueros de petróleo y reducido las importaciones energéticas de la isla entre 80% y 90%.

El 23 de junio, el Departamento de Estado sancionó nuevas entidades vinculadas a GAESA, el conglomerado militar que domina la economía formal cubana, incluyendo AUSA, que controlaba el tráfico de contenedores en el puerto de Mariel.

Días después, GAESA vendió esos activos a una nueva sociedad, Coral Marítima S.A., en lo que analistas interpretan como una maniobra para evadir las sanciones.

La represión política tampoco cede. El 20 de junio, el opositor moderado Manuel Cuesta Morúa fue detenido, golpeado y amenazado de muerte por agentes de la Seguridad del Estado por apoyar protestas de cacerolazos, que se repiten cada noche en distintos puntos del país.

Fue liberado al día siguiente sin que el régimen liberara a ningún preso político, pese a las exigencias de Washington.

Los cubanos temen que cualquier apertura beneficie principalmente a los allegados al régimen y a quienes ya tienen recursos, mientras la población ordinaria queda expuesta a la hiperinflación que los cambios de mercado podrían desatar, sin una red de protección social que la sostenga.

«Esto es mucho», resumió Paolo Spadoni, de Augusta University. «Pero no es suficiente.»

Trump apuesta a que más presión forzará cambios más profundos; el régimen apuesta a sobrevivir o negociar. Los cubanos ordinarios temen perder en cualquier escenario.

Preguntas frecuentes sobre las reformas económicas en Cuba

CiberCuba te lo explica:

¿Qué implican las reformas económicas recientes en Cuba?

Las reformas económicas en Cuba implican un intento de apertura hacia el mercado mientras el Estado mantiene el control. Incluyen la autorización de banca privada, la posibilidad de que los emprendedores posean múltiples negocios, el fin del límite de 100 trabajadores para empresas privadas y la apertura del mercado de divisas, entre otros cambios.

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¿Por qué se están implementando estas reformas en Cuba ahora?

Las reformas llegan en un momento crítico para la economía cubana, que ha experimentado una contracción significativa desde 2020. La presión económica y las sanciones de Estados Unidos han forzado al régimen a considerar cambios radicales para intentar rescatar la economía y enfrentar problemas como apagones prolongados, inflación y escasez de bienes esenciales.

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¿Qué críticas se han hecho a las reformas económicas en Cuba?

Las reformas han sido criticadas por ser consideradas "señales de humo superficiales" y por llegar demasiado tarde. Existe escepticismo sobre su implementación efectiva, y muchos temen que beneficien principalmente a los allegados al régimen. Además, la falta de una apertura política acompaña el temor de que los cambios económicos sean insuficientes.

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¿Cómo afectan las reformas económicas a la población cubana?

Las reformas podrían exponer a la población a la hiperinflación al eliminarse los subsidios universales y sustituirse por ayudas focalizadas. Esto podría aumentar la desigualdad si no se implementan redes de protección social efectivas. Además, las reformas llegan en un momento de gran descontento social, reflejado en protestas y manifestaciones.

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¿Cuáles son los desafíos para implementar las reformas económicas en Cuba?

La implementación de las reformas enfrenta desafíos significativos, como la necesidad de modificar más de 148 disposiciones legales y crear 32 nuevas normas. Además, hay dudas sobre la voluntad política del gobierno para llevar a cabo cambios reales, dada la historia de reformas anunciadas y luego frenadas, y la falta de infraestructura adecuada para sostener las transformaciones.

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