El economista Elías Amor plantea una pregunta que divide a los observadores de la realidad cubana: las 176 medidas económicas aprobadas por la Asamblea Nacional el 19 de junio, ¿son una señal genuina de transición o simplemente una jugada diplomática frente a Washington?
«Estas medidas son la carta que han puesto encima de la mesa de la negociación con Estados Unidos para ver si esto mueve ficha o sirve para algo», afirmó Amor en el cuarto y último programa de su serie de análisis del paquete de reformas, junto a la periodista Tania Costa.
Tras analizar los discursos de Díaz-Canel y Marrero relacionados con el paquete de 176 medidas, el economista identificó una fractura interna dentro del régimen que se ha hecho visible desde que se publicaron las reformas.
«Dentro de la unidad que tiene el régimen comunista han aparecido, la sensibilidad reformista y la sensibilidad reaccionaria, que son los que no se quieren mover y que mantienen que estas reformas solo valen en la medida en que respeten la Constitución, el sistema comunista, el carácter socialista de Cuba, bla, bla, bla», explicó.
Esa tensión interna se refleja con claridad en el análisis del eje temático 15, dedicado al comercio exterior y que agrupa de las medidas 127 a 130.
Amor valora positivamente el objetivo declarado —incrementar las exportaciones cubanas— pero advierte que la secuencia lógica está invertida. «Para exportar, lo primero que tiene que hacer una economía nacional es darle de comer a los habitantes, atender primero las necesidades de los pobladores».
Aunque las medidas eliminan los intermediarios estatales obligatorios y permiten que entidades privadas exporten directamente, el economista señala que el avance es parcial: la exportación directa sigue requiriendo autorización previa del Ministerio de Comercio Exterior e Inversión Extranjera.
«En Cuba hay que tener autorización del sobrino de Fidel Castro, en el Ministerio de Comercio Exterior. Abren puertas, pero sigue ese criterio de discrecionalidad siempre», ironizó Amor.
Para el analista, esa diferencia entre autorización y licencia no es un detalle técnico menor, sino el núcleo del problema estructural cubano.
«Lo ideal sería que no se necesitara autorización, sino una licencia, que es lo que, por ejemplo, hay en España, Francia, en Alemania. En España no te autorizan, tú exportas, pero para poder exportar tienes que tener una licencia exportadora», señaló.
Este criterio de discrecionalidad estatal es, a su juicio, la razón de fondo por la que la economía cubana no puede funcionar, más allá de la ausencia de propiedad privada.
El análisis se produce en un contexto de crisis severa: la CEPAL proyecta para Cuba una caída del PIB del 6,5% en 2026, la peor de América Latina, mientras el déficit fiscal supera el 12% del PIB y se financia con emisión monetaria.
Amor no escatima en su valoración del gobierno de Díaz-Canel: «Este gobierno, no solamente es inútil, es que no hace nada. Se dedican solo a quejarse del bloqueo y del embargo. Oiga, trabajen, hagan algo».
Sobre la viabilidad real del paquete de reformas, el economista mantiene sus dudas. «Estas medidas, si se llevaran a la práctica, les va a ocupar mucho el tiempo. Vamos a ver si son capaces de hacerlo».
Amor, que predijo en abril de 2026 que Cuba sería libre antes del verano, mantiene su optimismo sobre una transición próxima, aunque reconoce que el régimen solo aplicará aquellas medidas que no amenacen la estructura comunista, y que un cambio real exigiría reformar los artículos constitucionales que sostienen el modelo estatal.
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