El Cangrejo, en modo Kim Jong-un

El Cangrejo deja al desnudo la farsa institucional del castrismo. Muestra que detrás del presidente, del Parlamento, del Partido y de la Cancillería, sigue mandando la familia. Pero también muestra algo más: que esa familia ya no impone el mismo miedo reverencial de antes. El trono cruje, la corte murmura, el pueblo protesta y hasta algunos músicos del palacio desafinan



La comparación con Don Cangrejo, Eugene H. Krabs, el célebre personaje de Bob Esponja, resulta inevitable © José Daniel Ferrer
La comparación con Don Cangrejo, Eugene H. Krabs, el célebre personaje de Bob Esponja, resulta inevitable Foto © José Daniel Ferrer

Vídeos relacionados:

Hasta hace muy poco, Raúl Guillermo Rodríguez Castro -El Cangrejo-, era conocido más por sus inclinaciones a la vida cómoda, bohemia y lujosa, que por sus dotes de estadista. Nieto de Raúl Castro, hijo de la casta privilegiada que se adueñó de Cuba en nombre de los pobres, aparecía en redes sociales más cerca del "reparto" -subgénero urbano cubano-, la bebida, el baile y la farándula nocturna que de los problemas reales de una nación arruinada por su familia. 

En algunos videos se le ha visto borracho, bailando, disfrutando de esa vida de privilegios que contrasta obscenamente con el hambre, los apagones y la desesperación del pueblo cubano.

Pero, de pronto, como si el Crustáceo hubiese sido trasladado desde el fondo del mar a los salones oscuros del poder castrista, El Cangrejo apareció transformado en “negociador”. Ya no era solo el heredero consentido de una familia acostumbrada a vivir por encima del resto de los cubanos. 

Ahora se presenta como el delfín de la familia Castro y eventual interlocutor ante Estados Unidos. Todo ello, por supuesto, sin cargo oficial conocido, sin mandato popular, sin elección, sin legitimidad, sin más credencial que el apellido.

El fenómeno sería cómico si no fuera trágico. Cuba se hunde entre apagones, hambre, hospitales destruidos, salarios miserables, represión política y cárceles llenas de presos de conciencia. La población protesta cada vez más contra la falta de libertad y de pan. Y en medio de la crisis llega el Crustáceo que apesta a alcohol y escándalos, como estadista preocupado por su pueblo.

La comparación con Don Cangrejo, Eugene H. Krabs, el célebre personaje de Bob Esponja, resulta inevitable. Aquel cangrejo rojo, dueño del restaurante "Crustáceo Cascarudo", vive obsesionado con el dinero. El Cangrejo tropical de la dinastía Castro, parece haber trasladado su obsesión de la vida bohemia a la ambición política.

Ya no le basta con bailar al ritmo de la música urbana; ahora quiere bailar sobre el destino de millones de cubanos como lo hizo Fidel Castro y aún lo hace su abuelo. No se conforma con su vida de lujos y quiere el trono y la continuidad del castrismo. Sueña con convertirse en el Kim Jong-un de Cuba, el rostro joven de una vieja y criminal tiranía familiar.

El rechazo de la inmensa mayoría de los cubanos es evidente. No queremos a ningún Castro en el poder. Pero lo más interesante es que el malestar no viene solo de los opositores y el pueblo oprimido. También se han alzado voces desde zonas generalmente obedientes al oficialismo.

Israel Rojas, de Buena Fe, una figura durante años asociada a la defensa cultural del régimen, reaccionó con una crítica inusual. Habló de una situación “indigna, injusta, indecorosa” y dejó claro que no prestaría su militancia para justificar esas cosas. María del Carmen Hernández Carús, madre de Leticia Martínez Hernández, jefa de Comunicación del Palacio de la Revolución, fue todavía más directa al preguntar si alguien podía “bajar de la nube” a ese muchacho y mandarlo a callar. El fotoreportero Kaloian Santos también apuntó a la profunda deslegitimación que provoca ver a un heredero privilegiado ocupar espacios que supuestamente corresponden a instituciones, funcionarios y pueblo.

Incluso la embajadora cubana en Uruguay, Lissett Pérez, aunque no criticó frontalmente al personaje, intentó reducirlo a su condición de simple custodio de Raúl Castro. Es decir, no lo presentó como estadista, ni negociador, ni figura política, sino como guardaespaldas del abuelo.

Si esas voces, generalmente dóciles, obedientes y lacayunas, se muestran críticos, ¿qué estarán pensando los viejos generales? ¿Qué sentirán los coroneles, los altos mandos, Manuel Marrero Cruz, Bruno Rodríguez Parrilla, Roberto Morales Ojeda, los ministros, los burócratas del Partido? Sobre todo, ¿qué estará sintiendo Miguel Díaz-Canel, ese "presidente" decorativo que cada día parece más un actor secundario leyendo un guion escrito por otros?

El Cangrejo deja al desnudo la farsa institucional del castrismo. Muestra que detrás del presidente, del Parlamento, del Partido y de la Cancillería, sigue mandando la familia. Pero también muestra algo más: que esa familia ya no impone el mismo miedo reverencial de antes. El trono cruje, la corte murmura, el pueblo protesta y hasta algunos músicos del palacio desafinan.

Todo se alinea contra la dinastía castrocomunista y el pueblo cubano entiende cada día con mayor claridad que la solución a tan grave tragedia no está en reformillas económicas ni en un "cangrejo encantado", sino en conquistar la libertad, democratizar Cuba y mandar al basurero de la historia a la familia Castro y a todos los que han vivido de esclavizar a la nación.

COMENTAR

Archivado en:

Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

José Daniel Ferrer García

José Daniel Ferrer García (Palma Soriano, 1970). Coordinador de UNPACU y presidente del Partido del Pueblo.






¿Tienes algo que reportar?
Escribe a CiberCuba:

editores@cibercuba.com

+1 786 3965 689


Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.



Sigue leyendo

Sigue bajando para leer más noticias.

No hay más noticias que mostrar, visitar Portada