Dos visiones opuestas sobre Cuba conviven dentro de la administración Trump, y el historiador y empresario cubanoamericano Omar Sixto las resumió con una imagen que ha dado mucho que hablar: el presidente tiene «dos oídos», y por uno le habla Marco Rubio y por el otro JD Vance. La metáfora, lanzada en una entrevista concedida al diario El País el 13 de julio de 2026, fue el detonante del debate en la más reciente tertulia en CiberCuba sobre la transición en la Isla.
Sixto y los otros dos panelistas, Alejandro González Acosta y Jorge L. León, coincidieron en que «desde principios de esta segunda Administración ha habido esta dicotomía entre el mismo gobierno, que evidentemente por fuera se llevan bien». La diferencia entre Rubio y Vance no es solo de estilo: define qué política concreta aplica Washington hacia La Habana.
Rubio, nacido en South Miami e hijo de padres cubanos, encarna la línea de máxima presión. Los panelistas lo describen como alguien que «sabe mucho, mucho de política internacional y de relaciones exteriores» y que conoce de primera mano «el papel maligno que ha desempeñado esa dictadura durante 67 años», forjado durante sus años en el Congreso debatiendo política exterior.
Como secretario de Estado, ha impulsado más de 240 sanciones contra el régimen cubano desde enero de 2026, incluyendo a GAESA, CUPET, Miguel Díaz-Canel, Lis Cuesta Peraza y Alejandro Castro Espín.
Por su parte, el vicepresidente JD Vance representa la otra cara. Oriundo de West Virginia y veterano militar, encarna, según el análisis de Sixto en la tertulia, «la parte más norteamericana fuerte del MAGA». Su base electoral es «el obrero que perdió una fábrica porque se la llevaron a México», un perfil que históricamente no prioriza los asuntos internacionales. Esa diferencia de enfoque tiene consecuencias directas: el 18 de junio de 2026, Vance confirmó que la administración mantiene conversaciones activas con el régimen cubano y declaró que «si toman decisiones inteligentes, tendremos una relación mucho mejor con esa isla».
Según los panelistas, en una cena con empresarios celebrada a finales de 2025, Trump fue preguntado cuál de los dos era mejor y «dijo cosas diferentes» de cada uno, sin decantarse claramente por ninguno. Esa ambigüedad alimenta la incertidumbre sobre qué camino seguirá Washington con Cuba antes de las elecciones de medio término de noviembre de 2026.
El debate también tiene una dimensión de futuro político: Rubio y Vance compiten en el horizonte de 2028, lo que añade un cálculo electoral a sus diferencias estratégicas sobre la isla.
La tertulia moderada por la periodista Tania Costa cierra con una frase cargada de simbolismo. Uno de los panelistas expresó su esperanza de que, cuando Rubio le hable a Trump, lo haga «por la oreja derecha, que casi le voló un balazo», en referencia directa al atentado del 13 de julio de 2024 en Butler, Pensilvania, donde una bala rozó la oreja derecha del entonces candidato republicano. La intención de la metáfora es que Trump recuerde «que el enemigo no descansa y el enemigo está dispuesto a todo. Y Cuba es el enemigo».
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