La llegada de Luis Manuel Otero Alcántara a Miami este 19 de julio desató una polémica inesperada: su estado físico no encaja con la imagen deteriorada que muchos anticipaban tras cinco años en la prisión de alta seguridad de Guanajay. El periodista y escritor cubano exiliado Luis Felipe Rojas desmonta tanto la sorpresa como las lecturas ideológicas que rodean al caso.
Rojas, entrevistado por Tania Costa en CiberCuba, destacó que la respuesta al estado físico de Otero tiene dos capas. La primera es estratégica: la Seguridad del Estado tenía todos los incentivos para cuidar la imagen del preso político más visible del país. «Para nadie es un secreto que él era uno de los presos, si no el más promocionado por la prensa internacional, que llegó a las páginas del New York Times. Para nadie es un secreto que la Seguridad del Estado se iba a cuidar de eso, que no lo iba a dejar salir deteriorado», dijo.
La segunda capa es fisiológica y está respaldada por el testimonio directo del periodista. «Yo tengo amigos del barrio que salieron de prisión después de cinco, diez años, cuatro años, un año, y salieron —lo puedo decir así porque es mi testimonio— salieron más gordos que como entraron. ¿Por qué? Porque comen mucho carbohidrato, porque comen prácticamente de zancocho, como decimos los cubanos», explica Rojas, usando el término cubano para referirse a una mezcla de sobras y alimentos de baja calidad, combinada con la falta de ejercicio dentro de los centros de reclusión.
En este punto, comentó el hecho de que muchos de estos presos políticos, especialmente los más conocidos, reciben al menos 100 dólares ya sea de amigos u organizaciones.
Luis Felipe Rojas también contextualiza que no todos los presos políticos salen en las mismas condiciones. En la entrevista hicieron mención al caso de un recluso que salió con cáncer y en estado muy deteriorado, subrayando que las circunstancias varían según el perfil del preso y el interés del régimen en su imagen pública. Otero, cuyo caso fue seguido de cerca por organismos internacionales como Amnistía Internacional, representaba un prisionero de conciencia de alto riesgo reputacional para La Habana.
Más allá del debate sobre el estado físico de Otero, Rojas rechaza que Luis Manuel pueda ser absorbido por alguna corriente ideológica. «Es un artista, es alguien que fuera de prisión aprovechó su espacio para decir lo que pensaba, pero aprovechó su espacio para completar un performance que él comenzó y que no ha terminado. Su performance es su vida, su comportamiento, su manera de decir las cosas», sostiene.
Y advierte a quienes pretendan encasillarlo «El que quiera llevarlo a su lado, a la izquierda, lo va a —prácticamente se va a quedar plantado— porque es alguien que va a decir las cosas como las piensa, lo va a decir cuando él quiere, lo va a decir de la manera que quiere, y no siempre son bien recibidas».
En esa misma línea, el boxeador Yordenis Ugás salió este martes a defender públicamente a Otero, acusando al régimen cubano de haber calculado deliberadamente esa imagen para dividir a la comunidad cubana en el exilio.
Tania Costa reveló además que solicitó una entrevista a Otero para este medio, pero que él le envió un audio explicando su postura. «Ayer me mandó un audio Luis Manuel explicando que ahora mismo él necesita hacer determinadas cosas, que hasta que no tenga hechas esas cosas y no las tenga resueltas prefiere no dar entrevistas. Me explicó en qué circunstancias dio la entrevista de Martí Noticias. Yo lo entendí y sólo me resta decir que las puertas de CiberCuba están abiertas».
Rojas cerró su análisis con una reflexión que trasciende el debate sobre el peso: «Es una vergüenza para la humanidad que ahora mismo en el siglo XXI estemos criticando el peso de alguien que ha salido de prisión después de cinco años encarcelado injustamente por decir lo que piensa».
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