La TV cubana capta a ministro de las FAR sin levantar la mano... pero la Ley de la Vivienda se aprueba por “unanimidad”

La "unanimidad" en la Asamblea Nacional Foto © Captura de video Facebook / Canal Caribe

La aprobación de la nueva Ley de la Vivienda por la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) dejó una escena que resume, quizá mejor que cualquier discurso, el funcionamiento del Parlamento cubano: casi todos levantaron la mano, uno de los principales jerarcas del régimen no pareció enterarse y, de todos modos, el resultado fue anunciado como “unánime”.

Durante el paneo realizado por las cámaras de la Televisión Cubana en el momento de la votación, el ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), general de cuerpo de ejército Álvaro López Miera, aparece con la cabeza inclinada sobre su escaño y sin levantar la mano, mientras los diputados situados a su alrededor sí respaldaban la norma.

CiberCuba contrastó el fragmento difundido en redes sociales con la grabación completa de la sesión y comprobó que el plano corresponde efectivamente al momento en que los diputados votaban la Ley de la Vivienda.

En la secuencia no se aprecia que López Miera levante la mano. Tampoco puede determinarse con certeza si estaba dormido, distraído o simplemente contemplando desde su asiento uno de esos rituales parlamentarios cuyo desenlace todos conocen antes de que comience el conteo.

La duda sobre la participación del ministro, sin embargo, no alteró la impecable aritmética de la ANPP. La ley fue declarada aprobada por unanimidad, porque en el Parlamento cubano hasta las manos que no se levantan parecen contar como votos favorables.

El episodio vuelve a poner en evidencia el carácter meramente formal de las votaciones en una Asamblea sin oposición política, sin debates capaces de poner en peligro una iniciativa gubernamental y donde la discrepancia es una rareza casi tan difícil de encontrar como una vivienda en buen estado.

La escena resulta especialmente reveladora por tratarse de una ley vinculada a una de las crisis más graves que enfrenta el país.

Cuba arrastra un déficit habitacional de cientos de miles de inmuebles, mientras numerosos edificios se deterioran, familias enteras viven hacinadas y los derrumbes forman parte de la vida cotidiana en varias ciudades.

Quizá por eso la votación no parecía exigir demasiada atención del ministro de las FAR. A diferencia de cientos de miles de cubanos que esperan durante años una solución habitacional o conviven con el riesgo permanente de un derrumbe, los militares han sido durante años uno de los sectores privilegiados por la política de vivienda del régimen.

Basta revisar la propia prensa oficialista para encontrar una larga sucesión de inauguraciones de edificios y barrios completos destinados a oficiales y sus familias en provincias como La Habana, Villa Clara, Camagüey, Holguín o Santiago de Cuba.

Mientras para el ciudadano común conseguir un techo digno se ha convertido en una odisea, para la élite militar —administradora además de buena parte de la economía nacional a través del conglomerado GAESA— la vivienda rara vez parece ser un problema.

Frente a ese panorama, la nueva legislación amplía las facultades estatales sobre los inmuebles, establece obligaciones para los propietarios, mantiene límites a la propiedad y permite reclamar viviendas abandonadas o en ruina. También impone cuotas obligatorias en edificios multifamiliares y restricciones durante 15 años a quienes reciban casas subsidiadas.

Pero ninguna de esas disposiciones parece haber requerido dudas visibles, objeciones relevantes o votos en contra. El Parlamento volvió a cumplir su función habitual: levantar las manos, certificar la decisión previamente acordada y presentar el resultado como expresión de consenso nacional.

Esta vez, no obstante, las cámaras oficiales dejaron un pequeño desperfecto en la puesta en escena. Mientras la Asamblea proclamaba otra unanimidad perfecta, uno de sus miembros más poderosos permanecía inmóvil, con la cabeza baja y aparentemente ajeno al entusiasmo colectivo.

En cualquier parlamento real, la imagen podría abrir preguntas sobre el conteo de los votos. En la ANPP, bastó con anunciar el resultado. La unanimidad, al parecer, no necesita que todos voten; solo necesita que nadie se atreva a discutirla.

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