
Un satélite chino de reconocimiento militar, el Yaogan-50 (02), se desintegró de forma inexplicable en órbita a comienzos de septiembre de 2026, semanas después de que funcionarios estadounidenses vincularan imágenes satelitales chinas con el ataque iraní que el 17 de julio cobró la vida de tres soldados de EE.UU. en Jordania.
La Fuerza Espacial de EE.UU. catalogó al menos 43 fragmentos generados por la desintegración del aparato para el 4 de septiembre. Los escombros orbitan a entre 600 y 1,100 kilómetros de altitud, donde el arrastre atmosférico es tan débil que los restos podrían permanecer en órbita durante décadas, representando un riesgo persistente de colisión para otros satélites.
La causa del colapso no ha sido confirmada oficialmente; las hipótesis apuntan a un fallo de propulsión, una anomalía en las baterías o una colisión con otro objeto. No existe evidencia pública de que el suceso fuera resultado de una acción deliberada, aunque la coincidencia temporal con las revelaciones sobre su presunto uso en el conflicto ha alimentado especulaciones.
Según una investigación del Wall Street Journal, antes del ataque del 17 de julio Irán adquirió imágenes satelitales de alta resolución de la base aérea Muwaffaq Salti, en el noreste de Jordania, procedentes de entidades chinas.
Esas imágenes habrían permitido a Teherán identificar el área de viviendas donde dormían los soldados, golpeada por misiles balísticos en uno de tres ataques separados contra la instalación en 24 horas.
Tres militares murieron —entre ellos la soldado raso Isabella Gonzales y el sargento Angel S. Rampersad— y cuatro resultaron heridos. Fue la primera muerte de soldados estadounidenses desde el alto al fuego de abril de 2026, y expuso la creciente capacidad iraní para golpear instalaciones fuertemente defendidas.
Jim Lamson, ex analista de la CIA especializado en el arsenal militar iraní, explicó que las imágenes chinas de alta resolución permitían a Irán «seleccionar los objetivos más impactantes de manera oportuna» y evaluar la efectividad de cada ataque.
Lamson advirtió que el conjunto de tecnología china disponible para Irán —imágenes satelitales, servicios de navegación y componentes para drones y misiles— «empieza a verse bastante sustancial» en términos de mejora de sus capacidades ofensivas a larga distancia.
La administración Trump había sancionado en mayo a tres empresas chinas —MizarVision, Earth Eye y Chang Guang Satellite Technology— por proveer imágenes que, según el Departamento de Estado, «amenazan al personal estadounidense y de sus aliados».
Pese a esas advertencias previas, la puntería iraní mejoró notablemente durante el verano. Rusia también ha compartido inteligencia con Irán sobre la ubicación de buques y aeronaves de EE.UU. en la región.
El hallazgo complica la cumbre entre el presidente Donald Trump y el líder chino Xi Jinping, prevista para el 24 de septiembre. El secretario de Estado Marco Rubio, preguntado sobre si China proporcionaba información de objetivos a Irán, evitó responder directamente y afirmó que «nada de lo que China ha hecho ha cambiado en modo alguno el rumbo del conflicto».
El portavoz de la Embajada China en Washington, Liu Chang, rechazó las acusaciones y sostuvo que la cooperación de Pekín con Irán «cumple con el derecho internacional».
El Senado de EE.UU. aprobó en agosto nuevas sanciones contra Rusia e Irán por 86 votos a favor y 11 en contra, en una señal de la presión bipartidista que crece en Washington contra los aliados del régimen iraní.
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