Héroes y villanos: la resistencia contra el mal

José Martí, en el Parque 13 de marzo © CiberCuba
José Martí, en el Parque 13 de marzo Foto © CiberCuba

Durante cuatro días hemos disfrutado, Orlando Gutiérrez Boronat, secretario general de la Asamblea de la Resistencia; Javier Larrondo, presidente de Prisoners Defenders; Martín Paz, luchador por la democracia de Venezuela, y yo, de la hospitalidad, la amabilidad, la cordialidad y la solidaridad de muchos buenos alemanes, preocupados y comprometidos con la defensa de la libertad, los derechos humanos y los principales valores del mundo occidental. Entre nuestros anfitriones hemos tenido diputados del Parlamento Federal (Bundestag), funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores y nuestros amigos de la Fundación Konrad Adenauer.

Ya a punto de salir para el aeropuerto, decidí volver sobre una pregunta que siempre me hago en todo país que visito: ¿a quiénes recuerda una nación cuando piensa en quienes defendieron su libertad y a quiénes cuando recuerda los períodos más oscuros de su historia?

Alemania ofrece ejemplos extraordinarios. Konrad Adenauer, precisamente el hombre cuyo nombre lleva la fundación amiga que nos ha acogido, fue el primer canciller de la República Federal de Alemania. Después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, desempeñó un papel fundamental en la reconstrucción democrática de Alemania Occidental, su integración en las democracias occidentales y el proceso de reconciliación europea.

Sophie y Hans Scholl representan algo profundamente admirable: el coraje de decir "No" cuando todos los instrumentos de un Estado totalitario pretenden obligarte a decir "SÍ". Estos dos jóvenes estudiantes formaron parte de la Rosa Blanca. No disponían de ejércitos, de armas ni de grandes organizaciones. Solo tenían papel, ideas, conciencia y valor. Escribieron y distribuyeron folletos denunciando la dictadura nazi, la guerra y los crímenes que se cometían. Fueron descubiertos repartiendo esos escritos en la Universidad de Múnich el 18 de febrero de 1943. Cuatro días después fueron condenados a muerte y ejecutados.

Willy Brandt representa otra dimensión de la Alemania democrática. Perseguido por los nazis y obligado al exilio durante aquellos años, terminó convirtiéndose en canciller y desarrollando una política de acercamiento con Europa Oriental. Su Ostpolitik pretendía disminuir las tensiones de la Guerra Fría y acercar a las dos Alemanias y a los pueblos separados por el Telón de Acero. Recibió el Premio Nobel de la Paz en 1971.

Frente a estas figuras están algunos de los principales responsables de la tragedia nazi: Adolf Hitler, Heinrich Himmler y Joseph Goebbels. Hitler encabezó la dictadura y el Estado que desencadenó una guerra de agresión y ejecutó el Holocausto. Himmler convirtió las SS en uno de los principales instrumentos de persecución, campos de concentración y asesinato masivo. Goebbels dirigió el Ministerio de Propaganda, utilizando la prensa, la radio, el cine, la educación y la cultura para difundir la ideología nazi, el antisemitismo y el culto al Führer. Esto nos suena muy conocido a los cubanos.

Hay un episodio que siempre me ha resultado revelador. Después del fallido Putsch de la Cervecería de noviembre de 1923, Hitler fue juzgado por alta traición ante el Tribunal Popular de Múnich. Al finalizar el proceso, afirmó que podían declararlos culpables “mil veces”, pero que el Tribunal Eterno de la Historia acabaría destruyendo aquella acusación y sentencia porque “nos absuelve”. La frase está documentada en la transcripción de aquel proceso.

Décadas después, Fidel Castro hizo famosa su expresión: “Condenadme, no importa. La historia me absolverá”. El Monstruo de Birán, siempre dado a imitar a otros famosos tiranos, adaptó aquella idea y la convirtió en una frase más breve. Como también aprovechó métodos, estilos y experiencias de diferentes sistemas autoritarios: desde elementos de teatralidad política y movilización de masas hasta mecanismos de control y brutal represión.

Continuemos. Después de mi ejercicio mental sobre héroes y villanos alemanes, me dije: hagamos el mismo análisis para Cuba.

Empecemos por los buenos. ¿Por quiénes te decidirías si tuvieras que escoger tres nombres históricos capaces de unir a una enorme parte de los cubanos alrededor de la idea de libertad? Antes de continuar leyendo, haz una pausa y decídete por los tres principales para ti.

Personalmente, comenzaría, inevitablemente, por José Martí. Fue mucho más que un gran pensador, poeta y escritor. Fundó el Partido Revolucionario Cubano, organizó la “Guerra Necesaria” y concibió una república basada en la dignidad humana, en la justicia y en aquella fórmula extraordinaria: “con todos y para el bien de todos”.

Continuaría con Antonio Maceo, el Titán de Bronce. Pocas figuras representan mejor la decisión cubana de no aceptar libertad incompleta. La Protesta de Baraguá convirtió una negativa en símbolo nacional: cuando la paz significaba renunciar a la independencia y dejar inconclusa la abolición de la esclavitud, Maceo respondió que "No".

Carlos Manuel de Céspedes sería el tercero. Le consideramos el Padre de la Patria porque el 10 de octubre de 1868 transformó el deseo de independencia en acción. Cuando las fuerzas españolas capturaron a su hijo Óscar y ofrecieron perdonarle la vida si abandonaba la lucha, Céspedes rechazó el chantaje y respondió con una frase que pasó a la historia: «Óscar no es mi único hijo, lo son todos los cubanos que mueran por nuestras libertades patrias». Los españoles fusilaron a Óscar.

Ahora pasemos a nuestros monstruos. Te invito nuevamente a que escojas tus candidatos. Cuba conoció antes de 1959 gobiernos autoritarios y represivos. El general mambí Gerardo Machado terminó gobernando dictatorialmente. Fulgencio Batista destruyó el orden constitucional con su golpe de Estado del 10 de marzo de 1952. Su trayectoria, además, tuvo etapas muy diferentes: durante la década anterior había participado en la política constitucional y en 1940 contó, entre otros respaldos, con el de los comunistas cubanos.

No sé tú, pero por más que los analizo, no los veo con suficiente historial para figurar como villanos merecedores del oro. La medalla dorada, por todo el daño causado a nuestra patria, por todo el sufrimiento y dolor ocasionado a nuestro pueblo, corresponde, sin lugar a dudas, a Fidel Castro.

Llegado a este punto, vuelvo a evaluar a Machado y Batista. No me gusta ser injusto. Quiero ver si uno de los dos merece la plata, o los dos el segundo lugar compartido. Pero por más que me empeciné en premiarlos, la medalla plateada se la lleva, por la continuidad de la obra de destrucción de la Mayor de las Antillas, el hermano menor de Lord Voldemort: Raúl Castro.

Llegó la hora del bronce. Evaluemos nuevamente si Machado o Batista resultan merecedores. ¿Tú qué crees? ¡Pues claro que no califican! Fueron unos débiles. Sus ambiciones y su maldad no saltaban los 2,45 metros de Javier Sotomayor. Nuestro tercer lugar es obvio que no llega a los 6,31 del campeón de salto con pértiga, el sueco Armand Duplantis. No puede saltar tan alto porque es un verdadero asno con garras. Pero merece el tercer podio porque es el infame administrador del Ogro de Birán. No te vayas a confundir, el Ogro es el hermano menor del Monstruo. ¿Que todavía no sabes de quién estoy hablando? Estoy seguro que sí. Popularmente se le conoce como el que no tiene casa. House, en inglés. 

Regresemos a personas de bien, a verdaderos héroes como Sophie y Hans Scholl, Pedro Luis Boitel, Orlando Zapata, Oswaldo Payá y Laura Pollán.

La grandeza de la resistencia civil no depende del tamaño de quien resiste, sino de la magnitud del poder al que se atreve a enfrentar. Los hermanos Scholl eran jóvenes prácticamente indefensos frente a una de las maquinarias totalitarias más brutales que ha conocido la humanidad. Sin embargo, comprendieron algo esencial: cuando el mal intenta convertir el silencio en norma, hablar se convierte en resistencia; cuando el miedo pretende paralizar a toda una sociedad, actuar se convierte en ejemplo; y cuando una dictadura exige obediencia absoluta, conservar la conciencia propia se convierte en una forma de libertad.

Ese espíritu no pertenece exclusivamente a un país ni a una época determinada. Es también el espíritu de aquellos cubanos que hoy, jóvenes y ancianos, hombres y mujeres, periodistas, artistas, religiosos, activistas o simples ciudadanos, deciden decir lo que piensan, se organizan y luchan por la libertad a pesar de conocer las consecuencias. Es el mismo impulso moral que, en circunstancias históricas muy diferentes, movió a los mambises que siguieron a Céspedes, Maceo y Martí: la certeza de que ningún poder tiene derecho a exigir a un pueblo que renuncie para siempre a su libertad.

Los Scholl no pudieron ver una Alemania libre. Céspedes, Maceo y Martí tampoco pudieron contemplar plenamente la Cuba independiente por la que lucharon. Pero sembraron la semilla. Nos dejaron un ejemplo de dignidad y valor imperecedero. Y si cumplimos hoy con nuestro deber como cubanos, cosecharemos pronto la libertad por la que ellos dieron sus vidas.

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José Daniel Ferrer García

José Daniel Ferrer García (Palma Soriano, 1970). Coordinador de UNPACU y presidente del Partido del Pueblo.






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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.



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