
Una lista de nueve palabras publicada este domingo en Facebook por la escritora y periodista camagüeyana María Antonia Borroto Trujillo resume, con precisión lingüística y humor implícito, el colapso del poder adquisitivo del peso cubano: «Menudo (como sustantivo), Calderilla, Peseta, Medio (como sustantivo), Peso macho, Moneda, Kilo, Kilo prieto… Barato».
La publicación, acompañada de una fotografía de monedas cubanas, resonó de inmediato entre los cubanos, que reconocieron en esa lista el retrato exacto de una economía donde esas palabras han perdido todo referente real.
Cada término hunde sus raíces en la historia monetaria y lingüística de la isla. La «peseta» fue el nombre tradicional de los 20 centavos, denominación heredada del antiguo vocabulario monetario español y que sobrevivió en Cuba. El «medio», equivalente a cinco centavos, conservó la memoria del medio real del antiguo sistema monetario. «Calderilla», voz de larga tradición española y hoy casi arcaica en Cuba, designaba genéricamente las monedas menudas o de escaso valor.
El «kilo» o «quilo» se convirtió en el habla popular cubana en sinónimo de centavo, mientras que el «kilo prieto» designó originalmente el centavo estadounidense de cobre que circuló en la isla y terminó asociado coloquialmente con una cantidad insignificante de dinero. El «peso macho», por último, fue el nombre popular dado a las monedas cubanas de un peso acuñadas desde los primeros años del sistema monetario republicano.
Toda esa terminología fue perdiendo vigencia a medida que la inflación erosionó el valor de las fracciones del peso, un proceso que se aceleró dramáticamente con la llamada Tarea Ordenamiento, iniciada el 1 de enero de 2021, que eliminó el CUC y dejó al CUP como única moneda de curso legal, desatando una espiral inflacionaria que en 2026 ha alcanzado niveles históricos.
Según el Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC) de la Universidad de La Habana, la inflación interanual en Cuba llegó al 25,19% en agosto de 2026, con los alimentos y bebidas no alcohólicas encareciéndose un 36,01% en ese mismo período. Economistas independientes estiman que la inflación real —incluyendo el mercado informal— es muy superior.
El Banco Central de Cuba puso en circulación el 16 de septiembre billetes de 10,000 y 20,000 pesos, las denominaciones más altas en la historia del país, mientras el dólar en el mercado informal superó los 700 pesos. El economista Pedro Monreal advirtió que esa emisión refleja «inflación crónica, dualidad monetaria o un circuito dolarizado, no un sistema de pagos anclado en el trabajo».
La magnitud del deterioro se palpa en los precios cotidianos: una libra de pollo se vende a 800 pesos en MiPYMES habaneras, una bolsa de leche llegó a costar 6,500 pesos en Matanzas y una botella de aceite oscila entre 3,800 y 4,000 pesos, con picos que rondan los 7,000.
Frente a eso, el salario mínimo se mantiene en 3,210 pesos mensuales, y el costo de vida para una familia pequeña en La Habana, según las cuentas de una habanera, supera los 205,000 pesos al mes. En ese escenario, hablar de «pesetas», «medios» o «calderilla» es referirse a valores tan ínfimos que han desaparecido del habla cotidiana.
Borroto Trujillo, doctora en Ciencias de la Comunicación y miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), se ha convertido en una voz recurrente en las redes sociales cubanas a lo largo de 2026. El 31 de julio publicó un irónico «manual básico» para llamar a la Empresa Eléctrica sin sufrir un infarto, y en agosto relató los efectos de siete días sin electricidad con la misma mezcla de ironía literaria y denuncia directa que caracteriza su escritura.
El remate de su lista —la palabra «barato»— es quizás el golpe más certero: no es solo un término monetario en desuso, sino el resumen de una realidad que los cubanos ya no reconocen.
Preguntas frecuentes sobre la crisis económica y monetaria en Cuba
CiberCuba te lo explica:
¿Por qué han desaparecido palabras como "peseta" y "calderilla" en Cuba?
Palabras como "peseta" y "calderilla" han desaparecido del uso cotidiano en Cuba debido a la inflación, que ha erosionado el valor de las fracciones del peso cubano, haciendo que estas denominaciones sean irrelevantes en el contexto económico actual. La dramática devaluación del peso cubano ha hecho que estas denominaciones históricas ya no tengan un referente real en la economía actual de la isla.
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¿Cuál es el impacto de la inflación en el poder adquisitivo de los cubanos?
La inflación ha reducido drásticamente el poder adquisitivo de los cubanos, haciendo que los salarios y pensiones en pesos cubanos sean insuficientes para cubrir las necesidades básicas. La inflación interanual llegó al 25,19% en agosto de 2026, y los economistas estiman que la inflación real es incluso superior, afectando principalmente a los precios de alimentos y bienes esenciales.
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¿Cómo ha reaccionado el gobierno cubano ante la crisis monetaria?
El gobierno cubano ha emitido billetes de alta denominación, como los de 10,000 y 20,000 pesos, para intentar facilitar las transacciones en efectivo. Sin embargo, esta medida refleja más una inflación crónica que una solución efectiva. Además, se han eliminado los topes de precios en un intento de liberalizar el mercado, aunque esto ha sido criticado por no abordar los problemas estructurales subyacentes.
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¿Qué papel juega el mercado informal en la economía cubana actual?
El mercado informal juega un papel crucial en la economía cubana, ya que la mayoría de los cubanos dependen de él para obtener divisas y productos básicos. La diferencia entre la tasa oficial y el mercado informal refleja la pérdida de confianza en la moneda nacional, y la inflación y devaluación han hecho que el mercado informal sea una necesidad para la supervivencia cotidiana de la población.
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¿Qué desafíos enfrentan los cubanos para acceder a productos básicos?
Los cubanos enfrentan precios altísimos y escasez de productos básicos debido a la inflación y la devaluación del peso. Los salarios no alcanzan para cubrir las necesidades mínimas, y los precios en el mercado informal son prohibitivos. La eliminación de los topes de precios ha incrementado la percepción de inseguridad económica y la dificultad para acceder a alimentos y bienes esenciales.
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