EE.UU. acelera defensas antidrones tras reportes sobre posibles amenazas desde Cuba

Demostración de un marine de EE.UU. del uso de nuevas tecnologías (imagen de referencia) © war.gov
Demostración de un marine de EE.UU. del uso de nuevas tecnologías (imagen de referencia) Foto © war.gov

El Departamento de Guerra de Estados Unidos emitió un memorando para acelerar el despliegue de sistemas antidrones en bases, fuerzas e instalaciones militares, una decisión que adquiere relevancia para Cuba por el contexto reciente de reportes sobre drones presuntamente adquiridos por el régimen de La Habana.

El documento, titulado «Aceleración del empleo de sistemas contra aeronaves no tripuladas para proteger la soberanía del espacio aéreo estadounidense», ordena eliminar trabas internas que retrasan el empleo de sistemas contra aeronaves no tripuladas, conocidos como c-UAS, y establece que las demoras en su aprobación deben tratarse como un riesgo operacional.

La medida no señala directamente a Cuba ni modifica las reglas legales vigentes sobre el uso de estos sistemas. Sin embargo, aparece en un momento en que Washington está acelerando tanto la llamada «dominancia de drones» como las capacidades para neutralizar aeronaves no tripuladas usadas por adversarios para vigilar, interrumpir o atacar.

Aprobaciones de meses a días o semanas

El memorando ordena crear un proceso único en todo el Departamento para reducir de meses a días o semanas los plazos de autorización de sistemas antidrones ya probados y validados.

También exige que cualquier negativa a emplear una capacidad c-UAS quede documentada y sea enviada a la Joint Interagency Task Force-401 (JIATF-401), que actuará como punto central de coordinación para acelerar estas defensas, recopilar datos técnicos, evitar revisiones duplicadas y sincronizar información sobre amenazas.

El documento identifica cuatro áreas críticas: autorizaciones para operar y conectar sistemas, certificación de espectro y frecuencias, revisiones de seguridad de armas y análisis legales. En este último punto, dispone que las evaluaciones jurídicas requeridas para armas y sistemas antidrones sean aceleradas, generalmente en un plazo de 10 días tras recibir la información necesaria.

Otra novedad es el apoyo al Project Spectrum Strike, una herramienta automatizada con inteligencia artificial impulsada por la Defense Innovation Unit para coordinar, autorizar y evitar interferencias en el uso del espectro radioeléctrico por parte de estos sistemas.

Láseres, perímetros y defensa de bases

El memorando también revela que el Pentágono ya venía ampliando el margen de acción de sus comandantes para proteger instalaciones sensibles. Pete Hegseth menciona una guía previa de diciembre de 2025 que aclaró que la línea perimetral de una base no debía ser necesariamente una limitación para la defensa antidrones.

Ese punto resulta especialmente relevante para instalaciones como la Base Naval de Guantánamo, donde una amenaza aérea no tripulada podría originarse fuera del perímetro físico de la base.

El texto también alude a pruebas conjuntas entre la Administración Federal de Aviación y el Departamento de Guerra que validaron el empleo seguro de determinados sistemas antidrones láser de alta energía en el espacio aéreo nacional.

La lógica del memorando queda resumida en una frase central: una solución contra drones que no puede emplearse no es una capacidad. En otras palabras, comprar, probar o entregar un sistema no basta si la burocracia impide usarlo cuando aparece la amenaza.

El contexto cubano: drones rusos e iraníes a 90 millas de Florida

El anuncio llega después de que Axios reportara en mayo, citando información de basada en inteligencia clasificada estadounidense, que el régimen cubano habría adquirido más de 300 drones militares de ataque procedentes de Rusia e Irán desde 2023.

Según esos reportes, los drones estarían almacenados en ubicaciones estratégicas dentro de la isla, y funcionarios militares cubanos habrían discutido escenarios para emplearlos contra la Base Naval de Guantánamo, buques de guerra estadounidenses e incluso Cayo Hueso, Florida.

La información también apuntaba a que La Habana habría solicitado más drones y equipamiento militar a Rusia, mientras la inteligencia cubana intentaría aprender de la forma en que Irán ha resistido la presión de Washington mediante capacidades asimétricas.

El régimen cubano rechazó esas acusaciones y las presentó como parte de un supuesto expediente fabricado para justificar una agresión. No obstante, los reportes reactivaron la preocupación en Washington por la posibilidad de que plataformas no tripuladas sean usadas desde territorio cubano contra intereses estadounidenses cercanos.

Shahed, Geran y guerra asimétrica

La preocupación se agravó por el tipo de tecnología mencionada en los informes. En julio, una réplica del dron iraní Shahed-136 fue exhibida en Miami durante un acto de Unidos contra el Irán Nuclear (UANI), precisamente para advertir sobre los reportes que vinculan a Cuba con drones de origen ruso e iraní.

El Shahed-136, utilizado por Rusia en la guerra contra Ucrania, se ha convertido en símbolo de una guerra barata, persistente y difícil de neutralizar. Su versión rusa, conocida como Geran, ha sido empleada en ataques de largo alcance contra infraestructuras y objetivos militares.

Ese debate también llegó al ecosistema propagandístico ruso. CiberCuba reportó que el canal pro-Kremlin Rybar publicó un escenario hipotético sobre ataques con drones Geran desde Cuba contra objetivos estadounidenses, incluidas instalaciones militares, centros tecnológicos, refinerías y sedes del gobierno.

No existe evidencia pública de que Cuba posea drones Shahed o Geran operativos. Pero la combinación de reportes de inteligencia, cooperación militar con Rusia e Irán, asesoría extranjera y cercanía a Florida ha convertido el tema en una preocupación creciente para Estados Unidos.

Guantánamo entra en la ecuación

El memorando antidrones se suma a otro movimiento reciente: la decisión de convertir la Base Naval de Guantánamo en el primer sitio de entrenamiento y apoyo a misiones del SOUTHCOM Autonomous Warfare Command (SAWC), estructura regional del Comando Sur dedicada a integrar drones, sistemas autónomos, datos y comunicaciones.

Guantánamo aparece así en los dos extremos de la nueva doctrina militar estadounidense: como posible blanco mencionado en reportes sobre drones cubanos y como plataforma regional desde la cual Washington entrenará y apoyará misiones de guerra autónoma en el Caribe.

La base, arrendada a Cuba desde 1903 y denunciada por el régimen de La Habana como una ocupación ilegal, ya había sido definida por SOUTHCOM como un «centro operacional y logístico vital» para las operaciones estadounidenses en el hemisferio. Con el SAWC, adquiere ahora una dimensión tecnológica adicional.

Ese contexto incluye otros antecedentes recientes: el ejercicio FLEX2026 en Cayo Hueso, que integró inteligencia artificial, drones de larga autonomía y vehículos marítimos no tripulados a unas 90 millas de Cuba; y el experimento DASH, en cuyas pantallas oficiales apareció la isla como escenario visible de aplicaciones de gestión de batalla con inteligencia artificial.

Venezuela, Nicaragua y el patrón regional

La preocupación estadounidense no se limita a Cuba. CiberCuba ha documentado previamente el desarrollo de drones militares en Venezuela con tecnología y asistencia iraní, incluidos programas vinculados a modelos como el Mohajer-2 y su versión local ANSU-100.

También ha reportado alertas sobre la base aérea de Punta Huete, en Nicaragua, donde China estaría invirtiendo cientos de millones de dólares en una instalación capaz de recibir bombarderos estratégicos, según denuncias de la congresista María Elvira Salazar.

Vistos en conjunto, esos casos dibujan una preocupación más amplia de Washington: la posibilidad de que aliados de Rusia, China e Irán en el hemisferio ofrezcan infraestructura, inteligencia, logística o plataformas para desafiar a Estados Unidos desde el Caribe y Centroamérica.

Los drones ocupan un lugar central en ese tablero porque permiten a gobiernos con recursos limitados adquirir capacidades de vigilancia, presión y ataque que antes requerían aviones modernos, misiles costosos o grandes despliegues militares.

Sin mencionar a Cuba, pero con Cuba en el fondo

El nuevo memorando no acusa a La Habana, no anuncia despliegues contra Cuba y no autoriza violaciones de la ley ni compromisos a la seguridad pública o militar. Su objetivo formal es acelerar el empleo legal, seguro y eficaz de sistemas antidrones para defender el espacio aéreo estadounidense.

Pero su lectura estratégica cambia cuando se coloca junto a los movimientos recientes: reportes sobre más de 300 drones rusos e iraníes presuntamente adquiridos por Cuba, posibles escenarios contra Guantánamo y Florida, ejercicios con sistemas autónomos cerca de la isla, crecimiento del SAWC en el Caribe y mayor preocupación por plataformas hostiles a 90 millas de las costas estadounidenses.

Para el régimen cubano, que atraviesa una profunda crisis económica mientras mantiene vínculos militares con Moscú y Teherán, el mensaje es difícil de ignorar: Estados Unidos no solo está desarrollando más drones y capacidades autónomas, también está acelerando los mecanismos para neutralizarlos antes de que puedan convertirse en una amenaza real contra sus bases, buques o territorio.

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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.


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