
Jon Lee Anderson, periodista de The New Yorker y biógrafo del Che Guevara, describió el sábado la situación de Cuba como «una de las crisis más graves, quizás incluso más que la de los años noventa» durante una charla en el festival de periodismo Internazionale a Ferrara, Italia, entrevistado por la periodista Camilla Desideri.
El diagnóstico cobra especial peso por quién lo emite: Anderson no es un crítico hostil al castrismo, sino un periodista que tuvo acceso privilegiado a los archivos del gobierno cubano para escribir su biografía del Che y que ha cubierto la isla durante décadas desde una perspectiva comprensiva. Que alguien con ese perfil hable ante el público progresista europeo del festival Internazionale —en su 20ª edición— con semejante crudeza sobre el colapso cubano es, en sí mismo, noticia.
El dato más contundente de la charla fue el del éxodo: «El 20% de la población se ha ido. Muchos jóvenes, muchas personas formadas como los cirujanos que se han trasladado a Miami», afirmó Anderson. El periodista ya había publicado en marzo de 2026 el reportaje «Is Cuba Next?» en The New Yorker, donde describió La Habana como «casi desierta» y señaló que aproximadamente uno de cada cinco cubanos ha abandonado la isla desde 2021.
Esas cifras tienen respaldo en los datos disponibles: entre 2021 y 2024 habrían salido cerca de 1,79 millones de cubanos, según el estudio del demógrafo Juan Carlos Albizu-Campos, y la mitad de quienes emigran son jóvenes.
Anderson advirtió además de un riesgo que el régimen nunca reconocería: que Cuba, históricamente «el país más seguro del hemisferio occidental junto con Canadá», derive hacia la criminalidad organizada y la formación de grupos mafiosos. No es una advertencia abstracta: el Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana registró un aumento del 115% en los delitos verificados durante 2025, con casi 200 reportes de tráfico de drogas en el primer semestre de ese año.
Sobre las causas de la crisis, Anderson señaló a Washington como el principal factor externo: «El mayor factor externo que ha llevado a la crisis de la isla es el de Estados Unidos. Trump pensaba hacer con Cuba lo mismo que con Venezuela. Los cubanos están atrapados en un rincón geopolítico y ya no pueden contar con los aliados que tenían en la época de Fidel Castro». La captura de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026 permitió cortar el suministro de petróleo venezolano a la isla, agravando una crisis energética ya crónica.
Sin embargo, esa lectura omite las causas internas que el propio régimen ha generado: el control de GAESA sobre la economía, la falta de inversión en infraestructura eléctrica y una caída acumulada del PIB de alrededor del 23% desde 2019, que nada tiene que ver con el embargo estadounidense.
Anderson recordó también la respuesta represiva de Miguel Díaz-Canel a las protestas del 11 de julio de 2021: «El Covid redujo el turismo en la isla un 50%. En 2021, sesenta ciudades cubanas se rebelaron, con una serie de protestas que pedían un cambio de régimen, a las que el gobierno respondió con una dura represión y con condenas a muchos años de prisión». Más de 1.400 personas fueron detenidas; en noviembre de 2024, la organización Justicia 11J estimaba que 554 seguían encarceladas.
Sobre el futuro inmediato, Anderson fue claro: todo depende de las elecciones de medio término de EE.UU. del 3 de noviembre. «Tras las elecciones se sabrá si los MAGA seguirán teniendo la mayoría o si los demócratas, más razonables, lograrán cambiar algo», dijo. Sobre Marco Rubio, apuntó que el secretario de Estado cubanoamericano «parece dispuesto a un enfoque más moderado» en su interlocución con la isla, aunque «ha sido muy contestado por las franjas de extrema derecha en Florida».
Los cubanos mayores, concluyó Anderson, «siguen pensando que Cuba era y puede volver a ser un lugar idílico, mientras que los jóvenes no lo ven así». Con uno de cada cinco ciudadanos ya fuera de la isla, esa brecha generacional puede ser irreversible.
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