
El portal oficialista CubaSí ya encontró la fórmula para despachar la filtración de CBS News sobre preparativos militares estadounidenses relacionados con Cuba: llamarla «fabulación», reducirla a rutina burocrática y envolverla en la vieja épica de resistencia contra el «imperio».
El artículo, firmado por Favio Delfín Roca, no desmonta demasiado. Más bien intenta anestesiar el efecto político del reporte: acusa a CBS de guerra psicológica, ridiculiza al periodista James LaPorta, sugiere intereses electorales en Estados Unidos y termina con el inevitable «¡Venceremos!» de consigna.
La tesis central es simple: como el documento citado por CBS no menciona directamente a Cuba y como la disponibilidad de unidades forma parte de procedimientos normales del Ejército estadounidense, no habría nada que ver. Todo sería ruido, manipulación, rating y propaganda.
Es una media verdad convertida en cortina de humo.
Claro que los ejércitos tienen burocracia. Claro que las unidades reportan disponibilidad. Claro que existen normas, formularios, cadenas de mando y plazos administrativos. Pero una contingencia militar no empieza con música de película: empieza precisamente con memorandos, logística, combustible, médicos, ingenieros, policía militar y consultas de disponibilidad.
La burocracia no desactiva el significado estratégico. Muchas veces lo hace posible.
CBS no afirmó que hubiera una invasión ordenada. Tampoco ocultó que el documento interno no mencionaba directamente a Cuba. Lo que reportó es que la Reserva del Ejército evaluaba capacidades de apoyo para el Comando Sur en un plazo de 90 a 120 días, y que funcionarios estadounidenses vinculaban esos preparativos con escenarios relacionados con la isla.
CubaSí convierte esas cautelas en supuestas contradicciones. Es el truco de siempre: tomar los matices de la fuente original, fingir que son grietas y venderlos como «desenmascaramiento».
El problema de fondo es que el reporte de CBS resulta verosímil por el contexto. Washington lleva meses acumulando señales: declaraciones de Donald Trump sobre Cuba, presión de Marco Rubio, vuelos de inteligencia en el Caribe, movimientos militares en Puerto Rico y Guantánamo, presión sobre el combustible y documentos estratégicos que colocan a la isla dentro de una lectura de seguridad hemisférica.
Nada de eso prueba una intervención inminente. Pero sí explica por qué una consulta de disponibilidad militar ya no puede leerse como un trámite cualquiera.
El artículo oficialista tampoco consigue sostener una línea coherente. Primero dice que todo es rutina. Luego habla de operación de guerra psicológica. Después sugiere que CBS busca rating, que favorece a los demócratas o que genera problemas electorales a Trump. Todo junto, por si algo sirve.
Si es rutina irrelevante, no hace falta denunciar una conspiración. Si es guerra psicológica, entonces no es tan irrelevante. Si es solo rating, sobra la geopolítica de barricada. Pero la propaganda no busca coherencia: busca tranquilizar a los suyos.
La reacción contra James LaPorta sigue la misma lógica. CubaSí no se limita a discutir sus datos; lo ridiculiza por ser exmarine, por escribir desde un ambiente «protegido, holgado y climatizado» y por haber publicado antes reportes incómodos sobre Cuba. Cuando no se puede tumbar el mensaje, se ensucia al mensajero.
También aparece Marco Rubio, convertido en villano obligatorio. El texto lo responsabiliza de la «agresión multidimensional» contra Cuba y hasta del clima que permite reportes como el de CBS. Es el reflejo automático del oficialismo: si Washington presiona, culpa de Rubio; si Trump matiza, control de daños; si CBS publica, operación mediática; si el régimen se siente aludido, «¡Venceremos!».
Lo que no aparece es una pregunta más incómoda: por qué el régimen cubano ha llevado al país a un punto en que una filtración sobre unidades de apoyo militar estadounidenses resulta políticamente creíble.
Tampoco aparece el debate que el régimen evita desde hace décadas: si los cubanos quieren seguir pagando con apagones, hambre, represión, migración masiva y ruina económica el costo de una élite atrincherada en el poder, o si prefieren abrir una transición verificable, con observadores internacionales y una consulta real sobre el futuro del país.
Ese debate no cabe en CubaSí. Para eso habría que dejar de hablar en nombre del pueblo y preguntarle al pueblo.
Por eso el cierre del artículo es tan revelador. Después de acusar a CBS de fabular, el texto acaba en liturgia: Cuba firme, Cuba resistente, Cuba necia, Cuba irredenta, Cuba gritando «¡Venceremos!».
El problema es que las consignas ya no tapan los apagones ni llenan los mercados. Tampoco borran el hecho de que Washington está elevando el costo de la permanencia del régimen en el poder.
CubaSí quiso presentar la filtración de CBS como un trámite inflado por la prensa estadounidense. Lo que terminó mostrando es otra cosa: que La Habana necesita repetir que no pasa nada porque sospecha que esta vez Washington podría no estar solo hablando.
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