De la «guerra psicológica» al fantasma de Irak: Ana Hurtado lanza una advertencia a Marco Rubio sobre Cuba

Ana Hurtado, su esposo Senén Casas Más y Marco Rubio © Facebook / Ana Hurtado - Flickr / U.S. Departmente of State
Ana Hurtado, su esposo Senén Casas Más y Marco Rubio Foto © Facebook / Ana Hurtado - Flickr / U.S. Departmente of State

Ana Hurtado pasó en pocos días de burlarse de las filtraciones sobre preparativos militares de Estados Unidos a advertir que una acción contra Cuba podría convertirse en un nuevo Irak.

La propagandista española, habitual defensora del régimen cubano, publicó un texto titulado «Los vivos envidiarán a los muertos», acompañado de una imagen de ataúdes de soldados estadounidenses fallecidos en Irak. El destinatario político del mensaje es claro: Marco Rubio, al que llama «Blondie». Para Donald Trump reserva otro apodo: «zanahorio».

El texto busca responder a la presión creciente de Washington sobre La Habana. Hurtado cita la frase de Rubio sobre dejar a Cuba en un «camino irreversible hacia un futuro muy diferente» y pretende leer esa prudencia como debilidad. Según ella, si Rubio estuviera seguro de poder acabar con el régimen cubano, lo diría abiertamente.

Pero el argumento es pobre. En política de presión, la ambigüedad también sirve. Rubio no necesita anunciar una intervención para sostener la amenaza. Le basta con mantener abierta la posibilidad, mientras Washington acumula sanciones, presión energética, vigilancia aérea, movimientos militares en la región y filtraciones como la de CBS sobre unidades de apoyo para el Comando Sur.

Lo llamativo no es solo lo que dice Hurtado, sino el cambio de registro. Hace unos días, su tesis era que todo era una «guerra psicológica» de Estados Unidos. Ahora ya no se limita a ridiculizar la amenaza: intenta responderla con una bravuconada. Si EE. UU. entra, advierte, no sabrá cómo salir.

De la burla pasó al fantasma de Irak. De «no pasa nada» a «sus vivos envidiarán a sus muertos», como si una acción militar estadounidense estuviera condenada en Cuba a un «infierno en la tierra» para sus tropas.

Ese giro revela más preocupación que serenidad. Si la filtración de CBS fuera una simple maniobra sin importancia, no haría falta invocar ataúdes, guerra larga, derrota moral y soldados estadounidenses muertos. La propaganda primero tranquiliza a los suyos; cuando eso no alcanza, amenaza al adversario.

Lo que no aparece en el texto de Hurtado es un análisis realista del conflicto. No se pregunta por qué Cuba ha llegado a este punto. No examina el costo de seguir atrincherados en el poder. No menciona el deterioro económico, la presión energética, el aislamiento internacional ni el riesgo de que la vida de los cubanos se hunda todavía más por la negativa del régimen a abrir una salida política.

Tampoco contempla la opción que cualquier gobierno responsable debería considerar antes de llevar a su país a una espiral de confrontación: una consulta transparente, con observadores internacionales, elecciones libres, referendo o algún mecanismo verificable que permita saber qué quieren realmente los cubanos.

Ese debate no cabe en su propaganda. Para incluirlo tendría que admitir que el dilema no es entre Cuba y Estados Unidos, sino entre el poder cerrado de una élite y el derecho de los cubanos a decidir su futuro.

Hurtado tampoco cuestiona el papel de La Habana en el caso venezolano. En su post anterior habló del «secuestro de Maduro / Cilia» y del «asesinato de los 32 héroes cubanos». La frase convierte en épica la muerte de cubanos vinculados a la protección del poder chavista, pero evita la pregunta de fondo: ¿qué hacían allí?, ¿quién los envió?, ¿por qué los cubanos siguen pagando con vidas humanas la voluntad enfermiza y criminal de una élite minoritaria de seguir en el poder?

La propaganda no pregunta. La propaganda canoniza, ridiculiza o amenaza, según convenga.

Ahora, el mensaje a Rubio busca proyectar fortaleza: Cuba sería una trampa para Washington, una guerra difícil de terminar, un costo político insoportable. Pero también deja ver que el oficialismo continúa improvisando un relato de resistencia ante un escenario que ya no puede despachar solo como ruido.

Nada prueba una intervención inminente contra Cuba. Pero tampoco se puede negar que Washington lleva meses enviando señales cada vez más visibles.

El recurso a Irak no fortalece su argumento; lo desnuda. Si Washington solo estuviera jugando a asustar, bastaría con ridiculizarlo. Pero Hurtado ya no se conforma con eso: ahora necesita prometerle a Rubio un costo insoportable.

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Iván León

Licenciado en periodismo. Máster en Diplomacia y RR.II. por la Escuela Diplomática de Madrid. Máster en RR.II. e Integración Europea por la UAB.






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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.


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