El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, atribuyó la capacidad del país para resistir la crisis económica y energética a la «gestión eficaz» del Gobierno y del Partido Comunista (PCC).
Durante una conferencia de prensa celebrada en La Habana, en vísperas de la votación anual de Naciones Unidas sobre el embargo estadounidense, Rodríguez defendió la actuación de las autoridades y presentó la supervivencia del sistema político cubano como resultado de una combinación de patriotismo popular, resistencia y buena administración gubernamental.
El canciller formuló esa valoración mientras respondía a una pregunta de la agencia Associated Press sobre la orden de arresto contra Raúl Castro y las perspectivas de un eventual cambio en la política estadounidense hacia Cuba.
Rodríguez Parrilla aseguró que Washington terminará modificando su postura, entre otras razones, por la capacidad de resistencia de los cubanos, y explicó cómo, a su juicio, el país había logrado soportar las dificultades de los últimos meses.
«Es la estirpe del pueblo cubano, es la tradición patriótica del pueblo cubano y es, además, la gestión eficaz del gobierno, del partido, la renovación de métodos, los cambios en nuestro modelo económico», afirmó.
Según el ministro, esas decisiones han permitido ajustar la economía cubana a las circunstancias internacionales y responder a lo que calificó de «estrangulamiento económico» por parte de Estados Unidos.
Sin embargo, su valoración contrasta con el deterioro de las condiciones de vida de millones de cubanos, sometidos a prolongados apagones, escasez de alimentos y medicamentos y una profunda pérdida de poder adquisitivo.
La afirmación resulta especialmente significativa porque atribuye expresamente al Gobierno y al PCC parte del mérito por la resistencia del país, sin abordar en ese pasaje la responsabilidad de ambas instituciones en las decisiones económicas y energéticas que han contribuido a configurar la crisis actual.
La «gestión eficaz» frente a los apagones
Las palabras de Rodríguez Parrilla llegan en uno de los momentos más difíciles para el sistema eléctrico cubano, afectado por la escasez de combustible, las averías recurrentes de las centrales termoeléctricas y la falta de inversiones suficientes para recuperar infraestructuras envejecidas.
Durante 2026, Cuba ha sufrido reiterados colapsos totales de su Sistema Eléctrico Nacional (SEN), además de déficits de generación que dejan extensas zonas del país sin electricidad durante buena parte del día.
El propio ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, reconoció recientemente que las importaciones privadas de combustible desde Estados Unidos no cubren ni el 3% de las necesidades nacionales y que la producción cubana de petróleo resulta insuficiente para sostener el consumo.
La crisis tampoco puede separarse de las decisiones de inversión adoptadas durante años por las autoridades, que destinaron cuantiosos recursos a la construcción de hoteles y otras instalaciones turísticas mientras se acumulaban necesidades de mantenimiento y modernización en la infraestructura eléctrica y los servicios públicos.
Aunque las sanciones estadounidenses y las dificultades para acceder a financiación, suministros y combustible afectan a la economía cubana, la eficacia de la gestión gubernamental también debe medirse por los resultados de sus políticas, sus prioridades presupuestarias y su capacidad para garantizar servicios esenciales.
En ese sentido, la resistencia invocada por Rodríguez Parrilla tiene una dimensión que su discurso deja fuera: el esfuerzo cotidiano de una población obligada a reorganizar su vida alrededor de los cortes eléctricos, las dificultades para conservar alimentos, la falta de agua y las interrupciones del transporte.
Los números que contradicen el discurso oficial
Los datos publicados por la propia Unión Eléctrica permiten dimensionar el alcance de la crisis.
El 19 de octubre, apenas dos días antes de las declaraciones del canciller, la empresa estatal pronosticó una afectación de 2.020 megavatios (MW) durante el horario de máxima demanda, frente a una disponibilidad de apenas 830 MW y una demanda estimada de 2.820 MW. El servicio había permanecido interrumpido por déficit de generación durante las 24 horas del día anterior.
No se trata de una situación excepcional. Un análisis de CiberCuba publicado el 4 de octubre constató que, en 23 de las 28 jornadas con datos comparables del mes anterior, la afectación eléctrica había superado los 2.000 MW. Es decir, en más del 82% de los días examinados.
A estos resultados se añade el deterioro del sector turístico, que durante años absorbió inversiones millonarias. Entre los ejemplos más visibles figura el hotel conocido como Torre K-23, en La Habana, una instalación financiada por una empresa del conglomerado militar GAESA cuya elevada inversión contrasta con las dificultades del sistema eléctrico y la caída de la actividad turística.
La contradicción resulta particularmente llamativa porque el Partido Comunista, cuya gestión el canciller elogia, no es un actor secundario en la administración del país. La Constitución cubana reconoce al PCC como la fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado, mientras que el gobierno controla las principales decisiones de política económica, inversión pública y planificación energética.
Por tanto, atribuir al Partido y al Gobierno el mérito de la resistencia nacional plantea inevitablemente otra cuestión: qué responsabilidad les corresponde por los resultados de un modelo económico que ambos dirigen y defienden.
Resistir no es lo mismo que gobernar eficazmente
En su intervención, Rodríguez Parrilla presentó la continuidad del sistema político cubano como prueba de fortaleza y capacidad de adaptación, pero no ofreció indicadores concretos que demostraran una mejora de las condiciones materiales de la población atribuible a esa supuesta eficacia.
El canciller insistió en que Estados Unidos tendrá que modificar su política hacia Cuba, ya sea bajo la actual administración o las siguientes, y vinculó esa convicción con la resistencia del pueblo y las decisiones de sus dirigentes.
La diferencia entre ambos conceptos es sustancial: que un gobierno consiga mantenerse en el poder durante una crisis prolongada no demuestra necesariamente que haya administrado con eficacia los recursos del país ni que sus políticas hayan producido resultados favorables para los ciudadanos.
Rodríguez Parrilla reivindicó la «gestión eficaz» del Partido Comunista precisamente cuando la población continúa soportando apagones extremos, mientras las autoridades reconocen que no disponen de suficiente combustible ni capacidad de generación para garantizar un servicio eléctrico estable ni tampoco el suministro de agua.
Su declaración deja así una pregunta que el canciller no respondió: si la supervivencia del sistema político es mérito de sus dirigentes, ¿por qué sus fracasos económicos y el deterioro de los servicios públicos se atribuyen casi exclusivamente a factores externos?
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