
La socióloga, dramaturga e investigadora cubana Esther Suárez Durán publicó este viernes en la plataforma independiente CubaxCuba un ensayo que disecciona, a través del análisis del lenguaje, la fractura entre el pueblo cubano y la dirigencia del régimen: «Nosotros» y «Ellos». Algo más que una cuestión de Gramática.
El texto traza una evolución de los pronombres colectivos en Cuba: del «Nosotros» revolucionario que en los primeros años unía a gobernantes y ciudadanía, al «Ustedes» con que el pueblo comenzó a interpelar a sus dirigentes cuando los problemas se acumularon sin respuesta, hasta el «Ellos» actual, que ya no implica diálogo sino distancia absoluta e inapelabilidad.
Suárez Durán recuerda que en los primeros tiempos de la revolución el líder empleaba deliberadamente el plural en sus apariciones públicas, lo que generó una identificación colectiva genuina. «El plural de la gramática se hizo carne en el pueblo, y quienes abrazamos las ideas de la revolución, sin importar las edades que tuviéramos, no tardamos en sentirnos parte del Nosotros: con victorias y reveses. Con logros y errores», escribe.
Para explicar esa cohesión inicial, la investigadora recurre al concepto weberiano de «dominación carismática», que Max Weber definió como aquella «que descansa en la entrega extra cotidiana a la santidad, heroísmo o ejemplaridad de una persona y a las ordenaciones por ella creadas o reveladas». Suárez Durán subraya, no obstante, que a su juicio el carisma no fue el único sostén: «la dirigencia de dicho proceso cuidó, durante décadas, el cumplimiento del pacto social concertado con el pueblo».
Ese pacto comenzó a resquebrajarse cuando la ciudadanía exigió cuentas y el poder respondió con indiferencia. La autora describe cómo «la apelación al 'Ustedes', desde el 'Nosotros', fue ganando cada vez más en beligerancia […] porque el 'Ustedes' asumió como respuesta, bien el silencio, el ninguneo o, en su defecto, la negación y la falacia».
Lo que consumó la ruptura fue la exhibición de privilegios por parte de la élite vinculada al poder. «Ante la ampliación, cual abismo insondable, de la brecha de niveles de vida; el alarde y la exhibición de privilegios; en suma, la inmoralidad como norma de conducta en lugar de la empatía y la ejemplaridad; el sujeto plural 'Ustedes' […] fue reemplazado por otro, ahora ya reconocido como absolutamente distante, indiferente e inapelable: el 'Ellos'», escribe Suárez Durán.
Ese distanciamiento tiene correlato en cifras concretas: el 92% de los cubanos desaprobaba la gestión gubernamental según el Observatorio Cubano de Derechos Humanos en septiembre de 2025, y entre los jóvenes de 18 a 30 años solo el 3,39% expresó una opinión favorable.
El jurista cubano René Fidel González García sostuvo en septiembre de 2026 que entre gobernantes y ciudadanía ya no existe solo «alejamiento» sino una «desconexión» estructural e irreversible. En la sociedad cubana actual, mientras grandes mayorías malamente sobreviven —datos recientes cifran en un 94% la pobreza extrema—, las élites del poder, en gran parte asociadas a la familia Castro, se dan una escandalosa vida de lujos.
La consecuencia más grave de esta fractura, concluye la autora, es que «a estas alturas, desde el 'Ellos' no exista posibilidad alguna de apelación a la unidad que valga», mientras que desde el pueblo «la sola mención de el 'Ellos' rezuma desesperanza, frustración, pero, sobre todo, desprecio. Profundo. Abisal».
Frente a ello, Suárez Durán reivindica la dignidad de la mayoría: «Los Más (porque eso somos: los más) mostramos sagrado respeto, reconocemos la patria como ara y no estamos en disposición ni condiciones de aceptar ningún insano, ridículo e incordiante pedestal».
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