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Mientras millones de cubanos enfrentan apagones, escasez y un horizonte cada vez más incierto, en los pasillos del poder en La Habana se consolida una realidad que muchos dentro y fuera de la isla perciben como inmutable: el apellido Castro sigue marcando el rumbo del país.
Un reporte de la agencia AFP advierte que, en medio de la presión internacional y la crisis interna, una nueva generación vinculada directamente a la familia del poder histórico comienza a ocupar espacios clave, reforzando la idea de una continuidad dinástica más que de un cambio real.
La figura más visible dentro del aparato es Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como “El Cangrejo”, nieto de Raúl Castro. Aunque no ostenta un cargo formal, su presencia en momentos clave —como las recientes conversaciones con Estados Unidos— ha despertado sospechas sobre su papel como operador discreto del poder. Su ascenso no se mide en títulos, sino en influencia, un patrón recurrente dentro del sistema cubano.
En contraste, Oscar Pérez-Oliva Fraga, sobrino nieto de Fidel y Raúl Castro, representa la cara institucional de esta nueva etapa. Su rápido ascenso —de ministro a viceprimer ministro en apenas un año— lo posiciona como una figura con proyección política real, incluso como posible relevo dentro de una élite que busca renovarse sin perder el control. Su perfil técnico y su distancia nominal del apellido Castro lo convierten, según analistas, en una pieza clave para legitimar una transición que en esencia no rompe con el pasado.
Pero si hay un rostro que ha captado la atención pública, es el de Sandro Castro. Nieto de Fidel, empresario nocturno y figura activa en redes sociales, se ha convertido en un personaje polémico. Sus declaraciones —como afirmar que “la mayoría de los cubanos quieren capitalismo”— contrastan con el discurso oficial, pero también lo colocan en el centro de un debate incómodo: el de los privilegios dentro de una élite desconectada de la realidad cotidiana de la población .
Para muchos cubanos, ver a Sandro exhibiendo una vida de excesos mientras el país atraviesa una de sus peores crisis económicas en décadas refuerza la percepción de desigualdad. Para otros, es simplemente otra pieza dentro de una estrategia comunicacional que busca proyectar una imagen distinta del poder.
En ese entramado también se mueve, aunque con mucho más sigilo, Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro. Alejado del foco mediático, pero con peso dentro de los servicios de inteligencia y seguridad, su figura representa la continuidad más estructural del sistema: la que no se ve, pero decide.
Expertos citados por AFP coinciden en que esta red familiar funciona como un “feudo” dentro del Estado cubano, donde el poder se distribuye entre figuras visibles e invisibles, pero permanece dentro del mismo círculo. “El feudo supremo sigue siendo el de la familia Castro”, afirmó Ricardo Herrero, analista del Cuba Study Group .
A pesar de que Miguel Díaz-Canel ocupa formalmente la presidencia, incluso él ha reconocido la influencia directa de Raúl Castro en decisiones clave, incluidas negociaciones internacionales. Esto alimenta las dudas sobre quién ejerce realmente el poder en la isla y hasta qué punto existe margen para cambios profundos.
Mientras tanto, desde Washington se incrementa la presión política y económica, con demandas de reformas que van más allá de lo simbólico. Sin embargo, las señales internas apuntan a otra dirección: no a una ruptura, sino a una reconfiguración del poder dentro de los mismos apellidos.
En la Cuba de hoy, donde el salario promedio apenas alcanza para sobrevivir y miles de familias viven separadas por la migración, la consolidación de una nueva generación de los Castro no pasa desapercibida. Más que relevo, muchos ven en ello la confirmación de que el poder, lejos de diluirse, se hereda. Y que, pese a los discursos, el cambio sigue siendo una promesa pendiente.
Preguntas frecuentes sobre la nueva generación de los Castro y el futuro de Cuba
CiberCuba te lo explica:
¿Quiénes son las figuras clave de la nueva generación de los Castro en el poder de Cuba?
Las figuras clave de la nueva generación de los Castro incluyen a Raúl Guillermo Rodríguez Castro, Oscar Pérez-Oliva Fraga y Sandro Castro. Raúl Guillermo, conocido como "El Cangrejo", influye desde las sombras en el aparato de seguridad. Oscar Pérez-Oliva Fraga ha ascendido rápidamente a viceprimer ministro, y Sandro Castro, nieto de Fidel, es conocido por su influencia en redes sociales y sus declaraciones polémicas.
¿Qué papel juega Raúl Guillermo Rodríguez Castro en el gobierno cubano?
Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como "El Cangrejo", tiene un papel influyente en la seguridad y decisiones estratégicas del régimen cubano, aunque no ostenta un cargo formal. Su influencia se extiende a decisiones de alto nivel y contactos internacionales, lo que lo posiciona como un operador discreto del poder en Cuba.
¿Qué impacto tiene Oscar Pérez-Oliva Fraga en la política cubana actual?
Oscar Pérez-Oliva Fraga, viceprimer ministro de Cuba, es una figura clave en la posible transición política del país. Su perfil técnico y vínculo familiar con los Castro lo colocan como un potencial líder en una transición controlada, manteniendo la continuidad del régimen bajo una nueva fachada.
¿Cómo se percibe la vida de Sandro Castro en Cuba?
Sandro Castro es percibido como una figura polémica y privilegiada dentro del contexto cubano. Su vida de lujos y declaraciones en redes sociales contrastan con la realidad de escasez y dificultades que enfrenta la mayoría de los cubanos, generando críticas y debates sobre la desigualdad en la isla.
¿Qué posibles cambios podrían ocurrir en el liderazgo de Cuba?
El liderazgo de Cuba podría enfrentar una reconfiguración interna donde figuras como Oscar Pérez-Oliva Fraga podrían asumir roles más prominentes. La presión internacional y la crisis económica podrían llevar a un cambio controlado dentro del régimen, aunque sin una ruptura con el sistema establecido por los Castro.
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