¿Cuba es problema de EE.UU. o de los cubanos? El debate que divide al exilio

Tania Costa, Frank Rodríguez, Sayde Chaling Chong y Manuel Milanés, en las tertulias de CiberCuba Foto © CiberCuba

En plena semana de turbulencias diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos en la ONU, la tertulia semanal de CiberCuba abordó una pregunta que lleva décadas sin respuesta clara: ¿quién debe liderar el cambio en Cuba, Washington o los propios cubanos?

El debate surgió en el contexto del peor resultado para La Habana en la votación de la ONU sobre el embargo en tres décadas: fueron  130 votos a favor (17 en contra y 25 abstenciones) frente a los 165 de 2025 y los 187 de 2024.

Entrando en el debate, el escritor y analista Frank Rodríguez recalcó que como ciudadano americano él puede demandar que Trump cumpla sus propias palabras porque al pueblo cubano no se le puede pedir que resuelva el problema pues una sublevación no se puede predecir, planificar ni depender de ella.

Por su parte, el activista e influencer Manuel Milanés reconoció que Cuba representa un problema real para la seguridad nacional estadounidense, pero advirtió sobre los riesgos de depositar toda la esperanza en Washington. «Los Estados Unidos lo hará cuando quiera, como quiera y como pueda y con quien quiera... A lo mejor se termina en una estructura política que a nosotros nos gusta o a lo mejor una democracia, un gobierno títere, un protectorado, ejemplos hay miles en la historia».

Básicamente, Manuel Milanés considera que no se le puede pedir a una madre americana que sacrifique a su hijo para liberar a Cuba, cuando deberían ser los propios cubanos los que deberían estar dispuestos a todo por traer de vuelta la democracia a su país.

A este argumento, Rodríguez respondió que en el Ejército americano no se llama a la mamá de un soldado para que ponga en la balanza si su hijo debe arriesgar la vida en Panamá o en Granada porque quienes se alistan tienen claro que arriesgan su vida en nombre de los intereses y de la defensa de su país: Estados Unidos.

Para Milanés, influye, además, la fragilidad de depender de una política exterior que cambia con cada administración. «Si nosotros perdemos las elecciones y llega a la Casa Blanca otro presidente como, por ejemplo, Obama, volvemos al 2015 y volvemos a tener 191 votos en contra en la decisión sobre el embargo».

Aunque no negó que Cuba sea un problema para los intereses estadounidenses, insistió en que la dimensión más profunda es otra. «A mí, como cubano, me afecta porque es mi país, es mi tierra; es donde yo quiero morirme y es donde yo nací y donde quiero estar y donde no quiero que estén los comunistas».

Su conclusión fue tajante: «Tenemos que hacerlo nosotros».

Ambos tertulianos coincidieron en que las dos dimensiones son reales y no se excluyen, pero difieren en el énfasis: una cosa es que Washington tenga intereses estratégicos en Cuba y otra, muy distinta, es que los cubanos deleguen su propia liberación a una potencia extranjera.

El debate adquiere mayor peso a la luz de los eventos de la semana: la expulsión del diplomático cubano Richard Tur de la Concepción tras agredir al portavoz estadounidense en la ONU, la exhibición por parte del embajador Mike Waltz de imágenes de Cayo Piedra y relojes Rolex atribuidos a Fidel Castro, y el llamado público de Marco Rubio a que cubanos colaboren discretamente con la CIA.

Este último punto generó especial controversia en la tertulia: si Washington define a Cuba como amenaza para su seguridad nacional —como lo hizo el Departamento de Estado en un informe de casi 100 páginas publicado en julio— y luego llama a los cubanos a actuar, ¿qué ocurre si la política cambia con el próximo inquilino de la Casa Blanca?

Manuel Milanés lo resumió con una imagen concreta: no puede pedírsele a una granjera de Immokalee que mande a su hijo a pelear contra el comunismo en Cuba cuando los propios cubanos no están dispuestos a asumir ese costo.

El canciller Bruno Rodríguez Parrilla descalificó el llamado de Rubio a colaborar con la CIA calificándolo de «poco serio e infantil», según recogió la prensa oficialista cubana, en lo que los analistas de la tertulia interpretaron como una señal de incomodidad del régimen ante una ofensiva que, pese a sus contradicciones, está erosionando el respaldo internacional a La Habana.

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