El presidente Donald Trump afirmó este viernes que hay un 0% de probabilidades de que un Castro siga al frente de Cuba cuando concluya su mandato, y trazó una hoja de ruta que sitúa a la isla como el siguiente objetivo tras las operaciones en Venezuela e Irán.
«No va a durar mucho más. Miren, es un país fracasado. Vamos a llevar a la gente de regreso muy pronto. Miren lo que hicimos con Venezuela. Va a salir muy bien», declaró Trump en una entrevista con el periodista Benny Johnson grabada en Florida, que circula ampliamente en redes sociales.
El mandatario describió una secuencia estratégica clara: primero concluir la operación en Irán —a la que atribuyó la destrucción de la marina, la fuerza aérea, los sistemas antiaéreos y el liderazgo iraní— y después «pasar al otro». «Terminaremos eso y luego quizás le echemos un vistazo al otro», dijo, en referencia directa a Cuba.
Trump fijó un plazo explícito de dos años y medio y señaló al secretario de Estado Marco Rubio como el responsable de supervisar el expediente cubano. «Tenemos a Marco mirándolo muy de cerca. Sus padres son de Cuba, y eso se resolverá definitivamente dentro de dos años y medio», afirmó.
Las declaraciones siguen una pauta que Trump ha repetido a lo largo de 2026.
En marzo dijo que tendría «el honor» de tomar Cuba y que podía hacer lo que quisiera con la isla. En mayo anunció que EE.UU. actuaría «casi inmediatamente» tras concluir en Irán.
El 23 de octubre, en Fort Myers, Trump volvió a vincular el regreso de buques de guerra desde Irán con una parada frente a Cuba y anunció que enviaría a Rubio a «cerrar el acuerdo».
El referente que Trump invoca de forma sistemática es la captura de Nicolás Maduro, detenido por fuerzas estadounidenses el 3 de enero de 2026. La pregunta que el propio Johnson planteó en su publicación —¿podría producirse una operación al estilo Venezuela contra los comunistas cubanos?— resume el debate que las palabras del presidente han reabierto.
La presión legal refuerza ese escenario. El Departamento de Justicia federal presentó en mayo una acusación contra Raúl Castro y cinco exmilitares cubanos por el derribo de dos avionetas de Hermanos al Rescate el 24 de febrero de 1996, en el que murieron Carlos Costa, Pablo Morales, Mario de la Peña y Armando Alejandre Jr. Los cargos incluyen cuatro asesinatos, destrucción de aeronaves y conspiración.
Semanas después, el 16 de octubre, una jueza de Florida firmó una orden de arresto estatal adicional contra Castro por conspiración para cometer asesinato en primer grado, sin derecho a fianza. El fiscal general de Florida, James Uthmeier, la anunció públicamente el 19 de octubre en Miami. Castro es considerado prófugo de la justicia estadounidense.
Rubio, por su parte, ha calificado a Cuba como «ciertamente una prioridad» de la administración y ha llamado a cubanos a establecer una «asociación discreta» con la CIA para promover cambios políticos en la isla, confiando en que antes del fin del mandato la isla esté en una «trayectoria irreversible» hacia un futuro diferente.
En paralelo, la presión económica ha sido severa: EE.UU. interceptó al menos siete buques cisterna durante 2026, reduciendo entre 80% y 90% las importaciones cubanas de crudo, y sancionó en septiembre al nieto de Raúl Castro junto al Banco Exterior de Cuba y cuatro entidades estatales vinculadas a energía y minería.
Trump resumió su postura con una frase que condensa la amenaza: «Estamos mirando Cuba muy de cerca, y tenemos a Marco mirándola extremadamente de cerca. Eso se resolverá definitivamente dentro de dos años y medio».
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